EXTático

La deuda es tiempo

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 15, 2013 @ 12:27 pm

 

Antes a la deuda se le denominaba pecado original, ahora se le debería de llamar tiempo. Nacíamos pagando el supuesto error de nuestros primeros padres y había que expiarlo. Hoy en día nuestros hijos heredan nuestros errores, pero ahora no son pecados, son deuda.

Los americanos no hacen películas filosóficas para trasmitir una idea o un concepto, pero si lo quieren lo consiguen de la manera más sencilla. La idea de que el tiempo se basa en la deuda es el argumento de la película In time.

La trama se desarrolla en un futuro no muy lejano, donde toda la gente deja de envejecer a los 25 años. En esa edad, se pone en funcionamiento un reloj individual que acumula tiempo, la nueva moneda de cambio. Las cosas no se compran con dinero sino con tiempo. Las horas trabajadas, un café, ir en autobús, todo eso se paga y se mercadea con el tiempo de cada uno. El problema es que todo el mundo vive al día y si no paga con tiempo, su reloj vital se detiene cuando alcanza los cero segundos.

La película es una metáfora de la sociedad actual. El dinero no es algo material que se pueda tocar, es deuda. La deuda que adquirimos, pagamos, comparamos y vendemos para seguir viviendo. La deuda se amortiza con tiempo.

Comerciando con tiempo la deuda no cambia. Los que lo tienen acaparado son los banqueros y sus esbirros, la policía del tiempo, que es el órgano que representa al Estado. Bandidos ahora y en aquel futuro virtual. Esa es la realidad presente, que no somos poseedores de nuestra existencia, porque es una deuda en manos del Estado o de los bancos. Aquél la llama impuestos y los bancos la nombran como dinero, que es algo que no vemos.

Como en la película, la deuda comienza a pagarse a los 25 años, cuando los jóvenes entran dentro del sistema, que es cuando se supone que se empieza a trabajar. Un salario significa pagar impuestos y en ese momento empieza el bandidaje del tiempo por parte del Estado. Si se le ocurre comprarse una casa, por aquello de que el alquiler es tirar el dinero, lo que vende será los próximos 30 años de su vida, donde el tiempo se convierte en deuda.

El final no lo cuento, pero que me gusta y si es para estar fuera del sistema mejor. Nuestro final es imposible que cambie mientras exista el Estado, tal y como ahora lo conocemos o mientras continúe el patrón actual de dinero-deuda. Al menos, lo mejor que tiene el paro juvenil es que nuestros hijos tardarán en entrar dentro del sistema y cuando lo hagan puede que pongan medidas para evitar convertir su tiempo en deuda.

Sueños del futuro

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 8, 2013 @ 1:38 pm

Mi profesora de francés me contaba hace poco que cuando daba clases a los niños, les pedía que dibujaran cómo sería el futuro para ellos. Todos dibujaban coches que volaban. Aunque parezca que hay algún diseño de coches voladores, uno de ellos español, estamos bastante lejos del futuro que nos auguraban los chavales hace algunos años.

Nosotros pensábamos que nuestro futuro sería la conquista del espacio. Nuevos mundos colonizados en Alfa Centauri o Altair. Nuestros dibujos eran cohetes a la luna, a Marte o quién sabe a dónde. Cada uno ve el futuro de una manera muy diferente hace 30 o 40 años a como lo vemos ahora.

El futuro que pienso es un futuro intuido pero también un futuro soñado. Para que estos sueños ocurran, la naturaleza del hombre tendrá que avanzar hacia una autonomía individual ética y racional, que le permita prescindir de la tutela del Estado. Los propios individuos serán los que se organicen ellos mismos. Las sociedades dirigidas con un objetivo común, serán mucho más prácticas y alcanzarán sus propósitos rápidamente, además de una manera global. En cierta forma, esto ya está ocurriendo con organizaciones como chang.org., que consiguen involucrar a un gran número de individuos con problemas que nos afectan de una manera u otra a todos nosotros.

¿Hasta dónde puede llegar una organización como Igualdad animal en la defensa de los animales? Puede que lleguen a humanizarlos hasta tal medida que consideremos que con sus nuevos posibles derechos, deberían de tener una educación similar a la nuestra. Si las nuevas teorías lamarckianas, como la  teoría de la simbiogénesis, fueran ciertas ¿sería un sueño hablar con nuestra mascota y que nos respondiera? Yo muchas veces casi lo creo cuando miro a Alfie, mi perro.

Otro de mis sueños es que los niños fueran gestados en el laboratorio y a la carta. ¿Fuerte no? Hay muchas razones para soñarlo. La primera que se me ocurre es que debe de ser muy duro para una mujer que trabaja, llevar a cuestas la gestación de un niño durante nueve meses y trabajar. Se podría hacer en casa con una tecnología avanzada, sin ningún tipo de problema. Creo que con esta manera de pensar nos acercaríamos un poco mas a establecer una igualdad en un futuro laboral cada vez mas competitivo. Sinceramente no veo ningún tipo de problema ético.

Todo lo que podamos soñar ya está inventado o pensado para ser inventado. Quizá lo que más me gustaría que se hiciera realidad es el sueño de la telepatía. Me refiero a la telepatía no intuitiva, ya que uno por perro viejo casi es telépata. A muchos los veo venir casi sin verlos. Es la telepatía que contaba la ciencia ficción con la que sueño. Chips injertados que permitieran comunicarse el uno con el otro, recibir e-mails, archivos, whatsapps, sin necesidad de llevar nada encima. Y además que no se pudieran hackear. Creo que esto último sería la verdadera ciencia ficción.

¿Por qué este sueño? Porque debo de ser el último hombre vivo, como la película de Charlston Heston, que no usa ni tiene ni lleva teléfono móvil. No es que sea de alguna secta antitecnológica, sencillamente porque me molesta llevarlo. Claro que un injerto así, como el de nuestros amigos semihumanos, no me molestaría llevarlo y encima cada vez nos pareceríamos un poco más. Seguro que con el chip sí que me responde Alfie.

Este cuento no se ha acabado

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 5, 2013 @ 2:44 pm

Cuando éramos pequeños y nos contaban un cuento, solían ser historias reales o fantásticas sobre un determinado personaje, lugar y tiempo. Éste ponía en práctica una acción, cuya finalidad era una moraleja. Era una historia con un final feliz o no pero con un final. La historia siempre se daba por terminada.

Los habremos creído o no, entendimos la moraleja o no, pero lo que si teníamos claro es que todas las historias terminaban y queremos que terminen. Pero la realidad no es así. El cuento nunca termina. Esa es la realidad de la vida. 

Lo que nadie nos cuenta cuando somos pequeños es la continuación de la historia, que Blancanieves se divorció porque el Príncipe era un perdido, además de que le gustaba la botella y los naipes. Ella era bastante ligera, ya que eso del beso haciéndose la muerta le moló mucho. Claro que esta historia es como las series de Taylor, que tienen terceras, cuartas y quintas partes, porque con el tiempo Blancanieves se puso a trabajar ganando mucha pasta y el Príncipe entró a formar parte del Movimiento Slow.

El problema es que en todas las historias que nos cuentan, siempre buscamos un final. Que el malo se ha muerto, pues se murió a no ser que venga de la serie Sobrenatural, que allí nunca mueren. Con las historias con los buenos siempre digo que tenemos mucha suerte de que los malos se regodeen con el final y le den tiempo al bueno para cambiar las tornas. El bueno no es tonto, le da el finiquito rápido y termina la historia.

 El caso es que nos hemos acostumbrado a que todas las cosas tengan un final sea cual sea y eso no es así. Leyendo una noticia de prensa, siempre hay un final, pero si se actualizara, veríamos cómo les ha cambiado la vida a Bea o Desita de Verano azul o a Milikito que ahora es el presidente de La Sexta. ¿Quién me lo iba a decir que ese sería el final de una historia? o no.

Menos mal que Santiago Segura se ha dado cuenta de que las historias no terminan nunca. Ha empezado el rodaje de Torrente 5. Y digo yo, ¿por qué no Fast y Furious y Torrente o Torrente 11 y Star Trek? Dejo al lector que piense su propia secuela, un campo inagotable de ideas y cuentos borgianos.

Por eso digo yo, este cuento no se ha acabado.

¿Y si durásemos tanto tiempo?

Filed under: Etcétera,Filosofía — Gilberto Salas noviembre 27, 2013 @ 11:58 am

 infancia.jpg

Foto Susa Petit

Los técnicos apuntan que vamos a alcanzar los 150 años de vida. Como el conejito de Duracell que dura y dura. Eso conlleva a pensar si estamos preparados para manejar los tiempos que nos indican. ¿Comprendemos qué es vivir hasta los 100 años o 150 años en la sociedad actual?

La manera de pensar nuestro ritmo de vida está obsoleta. A grandes rasgos, nos preparamos para el mercado laboral hasta los 27 años, los que estudian, porque mucha gente comienza su travesía a menor edad. Una vez dentro del mercado laboral, la preocupación es poder trabajar lo suficiente para alcanzar una jubilación digna. La edad de jubilación que tenemos en mente es la misma que la de nuestros padres, 65 años. Y luego a disfrutar de la playa, del Inserso hasta el fin de nuestros días. Claro que la diferencia es que antes la pila solo duraba lo de una vela, pero es que ahora casi parece que está fabricada de radioisótopos.

Si vamos a vivir hasta los 150 años, yo me conformo con 120, nos da tiempo para vivir tres o cuatro vidas diferentes, tal y como está el patio. Antes, se podía desarrollar la misma profesión durante 30 o 40 años y luego te morías, pero actualmente y con la rapidez que cambian las cosas, ni una empresa dura más de 20 años y ni una profesión más de 30.  Haciendo cálculos, si nuestra etapa laboral dura 30 años y vamos a vivir hasta los 120 años, al menos viviremos tres vidas diferentes. Porque claro, la paguita de la jubilación nos la contarán los libros de historia.

Entonces, la mejor pensión de jubilación es mantenerse activo para poder continuar trabajando el máximo tiempo posible que dure la pila. Nuestra manera de entender el trabajo sería estar abierto a todas las posibilidades que nos ofrece el mercado, ya que hasta los 120 años no vamos a vivir de lo mismo. Además, papá Estado no nos va a cubrir todas nuestras necesidades y puede que hasta desaparezca.

¿Solución? Hay que ir pensando que el cambio, nuestra manera de manejar el tiempo que nos queda, nuestro ritmo de vida, va a ser totalmente diferente a lo que pensábamos. Prepararse para la novedad de una manera constante, nuevos estudios, nuevas profesiones, nuevos países, porque ya hemos visto lo que ocurre con el apalancamiento, que aumentan los riesgos de cualquier operación, sea el financiero o el del sofá de casa.

Estudio topológico no conceptual de las asas de un reloj

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas septiembre 5, 2013 @ 2:31 pm

asas

Las asas de un reloj son una topología del rectángulo, si suponemos que cada asa se va a estudiar independientemente a la caja de un reloj y fuera de su concepto y contexto. Ello implica que tiene las propiedades de un espacio topológico, conectividad, contigüidad, separabilidad, cuyas propiedades permanecen comunes por transformaciones continuas. Las asas del reloj y el rectángulo pueden pertenecer al mismo espacio topológico, lo que implica que se pueden describir a nivel formal o pueden ser descritas sus propiedades topológicas como similares como el homeomorfismo. El rectángulo y el asa de un reloj son una topología y por tanto espacios topológicos y o funciones continuas. Como espacios topológicos formalmente se describen como el par que forma un conjunto no vacío de elementos X junto con una colección T de subconjuntos de X cuando:

– cuando X y el conjunto vacío, pertenecen a T

– cuando la unión de cualquier número finito o infinito de conjuntos en T pertenecen a T

– cuando la intersección de dos conjuntos de cualesquiera de T pertenecen a T

Un ejemplo sería, sea X= {a, b, c, d, e, f} y T {X, Ø, (a), (c, d) (a, c, d) (b, c, d, e, f)}

Si sustituimos cada elemento de X por rectángulo Rc1, Rc2….etc. sería una topología o un espacio topológico

Lo mismo sería para X’= {a’, b’, c’, d’, e’, f’} y T’ {X’, Ø, (a’), (c’,d’) (a’,c’,d’) (‘b, c’,d,’e’,f’)} donde X’ sería el conjunto de asas del estudio del reloj y sus elementos serían As1, As2….etc.

Así tanto X como X’ son espacios topológicos que pueden ser homeomorfos, es decir, que puedan compartir la propiedad del homeomorfismo si son equivalentes y cumplen una serie de propiedades. Si X y X’ son espacios topológicos, y f es una función de X a X’; entonces, es un homeomorfismo si se cumple que:

f es una biyección

f es continua

– la inversa de f es continua

Sabemos que intuitivamente son equivalentes XX’ ya que cada f(a)= (a’), f(b)=(b’)…y por tanto f(X) A (X’) siendo esta función un homeomorfismo entre X y X’ con cada una de sus topología T y T’ donde (X, T) (X’, T’) son homeomorfos entre ellos.

Por tanto, el conjunto de rectángulos y el de las asas del reloj son espacios topológicos homeomorfos no conceptuales que tienen la propiedad de conservar sus propiedades topológicas, es decir, se pueden estirar, doblar, compactar como si fuera una masa de plastilina y volver a su forma original, pero sin cortarlo en dos pedazos o romper alguna de sus conexiones. Una esfera compacta no es homeomorfa de un anillo debido al agujero que tiene este.

Esta idea es interesante porque podemos partir de un diseñador que percibe la forma de un rectángulo. Este rectángulo no va a ser tallado, en el sentido de quitarle material, sino que va a ser modelado como un cuerpo plástico. Cada línea o superficie modelada nueva contiene propiedades homeomorfas como la de ser biyectiva, es decir, de volver a la forma inicial del rectángulo. En el modelamiento del rectángulo hacia el asa del reloj, se puede hacer cualquier línea, mantenerla, doblarla, estirarla, plegarla al gusto del diseñador, sin que pierda la forma o mejor dicho sin que deje de ser homeomorfa con respecto al rectángulo.

Esto significa que a partir de una forma geométrica como el rectángulo, las posibilidades homeomorfas son infinitas para ser desarrolladas a partir de aquella. Desde un rectángulo, el diseñador puede concebir multitud de formas para el asa de un reloj solamente como un estudio topológico no conceptual de su desarrollo. Con la incorporación de las nuevas tecnologías, el estudio de los espacios topológicos en arquitectura ha sido enorme. Muchos arquitectos estudian las formas a partir de los modelos paramétricos que se desarrollan a partir de programas que están implementados para ellos como el grashopper. Nosotros lo hemos intentado abordar con el estudio del regulador.

Aun así, el estudio por sketches permite al diseñador crear unas nuevas imágenes espaciales, que puedan ser desarrolladas en un nuevo contexto y significado. Aunque aquí se ha desarrollado un estudio no conceptual formal de los espacios topológicos equivalentes del asa de un reloj y un rectángulo (Fig1), la idea es presentar un estudio similar donde se encuentren el concepto como significado dentro de los espacios topológicos para el diseño de las asas de un reloj, por ejemplo.

El diseño topológico-conceptual.

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas @ 2:30 pm

blog tensor cocnepto

El origen de la palabra diseño procede de disegnare que significa roturar un campo o una ciudad. Las ciudades antiguas eran roturadas y marcadas para señalar su límite. Se limitaban. Por otra parte, la palabra concepto equivale a término. El término o terminum latino, que ahora es la definición de una palabra, eran los hitos que se colocaban en los terrenos para delimitar una propiedad. La propiedad para los griegos era la sustancia o la esencia de una cosa, que era tanto su aspecto como lo que significaba como esencia. Por tanto, el diseño y el concepto son palabras cuyo significado es unívoco y se refieren a la propiedad y esencia de una cosa.

Nos hemos acostumbrado a ver las cosas ya marcadas o diseñadas bajo su concepto o significado. Cuando vemos o percibimos por medio de nuestros sentidos, recibimos sensaciones de límites y contornos, que se forman en nuestra mente y comprendemos su sentido a través de ese campo visual delimitado por la forma de la cosa. Todo el conocimiento que existe parece un campo roturado de cosas llenas de significado con una forma, con ligeras variantes, pero dentro de unos límites casi inmóviles.

El conceptualismo incorporó al arte un sentido equívoco abstracto a las cosas que vemos.  Si un objeto contiene un significado formal, se le podía otorgar otro significado dentro del campo de las ideas, que manteniendo la forma nos sugiriese otro contenido, otro límite u otra propiedad en su esencia. Esto es lo que sucedió con la primera obra conceptual que elaboró Duchamp con su urinario que llamó Fuente. El término no coincide con el significado formal de la obra, pero le da una nueva connotación conceptual que va más allá del aspecto de la cosa. El concepto es mucho mas que un término solamente delimitado en su sentido, estableciendo líneas de fuga abstractas, conexiones, vecindades, contigüidades que se mueven más allá del espacio geométrico y ocupan un nuevo espacio topológico de significado.

El concepto no solamente ocupa un espacio geométrico, el de la representación, sino un espacio topológico que varía con su significado o con lo que interpretamos. Nuestra percepción se ha acostumbrado culturalmente a percibir y esquematizar en nuestra mente figuras geométricas, que se van acumulando y que cada cosa que vemos la entendemos bajo el significado de esa representación. Una fuente es una fuente y un urinario es un urinario. El conceptualismo trascendió del espacio geométrico al espacio de significados, y con ello al espacio topológico, con lo cual las cosas no solamente eran formas geométricas sino significados con propiedades topológicas. Ello implicaba que la cosa no fuera un límite fijo o un entorno delimitado por su aspecto formal, sino que podía ser interpretado bajo una perspectiva conceptual de contigüidad y vecindad. Esto quiere decir que el significado es lo que estructura el espacio por topología y no un esquema de forma y memoria predeterminado de un límite geométrico. Este significado es interpretativo del diseñador, sea una persona corriente o un profesional. A través de un espacio topológico, una forma que significa o tiene una definición concreta puede ser transformada en otra por un significado distinto siendo homeomorfa, es decir, que tenga la misma forma topológica pero con distinto significado. La estructura delimitada sería maleable, se moldearía a voluntad en un espacio de percepción interpretativo del diseñador, sea persona corriente o profesional.

El problema es que la mayoría de las personas y muchos profesionales comprenden la relación con la cosa desde el aspecto formal o geométrico. El significante, que es la materia del significado, ha perdido su visión a favor del aspecto de superficie. El trazo es un marco, un recorte en el espacio, pero no la comprensión de la esencia o el modo en que se forma. La visión no es una escisión de un área determinada del espacio sino que es una estructuración matemática de curvas, puntos, superficies y cuerpos de una expresión con sentido interpretativo que se forma en cada instante. Lo que se percibe se estructura en cada momento, no a partir de un recuerdo o de ese esquema del que hablábamos, se estructura topológicamente como una estructura matemática conceptualizada e interpretada por cada yo mismo. Eso es el tiempo.

Cuando un diseñador topológico observa un árbol, primeramente y por la fuerza de la costumbre, ve un recorte en la geometría del espacio. Posteriormente ese árbol lo contextualiza en su entendimiento, añadiéndole las raíces, las hojas moviéndose, la savia corriendo por sus nervaduras. A partir de aquí, el diseñador topológico realiza un ejercicio de homeomorfismo, donde el árbol ofrece una topología a través de las propiedades de contigüidad, conectividad, conveniencia, estirándose, alargándose como aquella taza que se convierte en donut, ejemplo clásico de los espacios topológicos. Ese árbol se trasforma en un hombre y sus nervaduras en venas, la savia en sangre, la madera en carne. El concepto árbol ha pasado a estar delimitado en un nuevo espacio topológico de significado en la homeoforma hombre. Y todo esto ocurre desde que el concepto aparece como una estructura matemática con sentido, el pliegue parmenídeo de pensamiento, visión, lenguaje densificados por el yo propio del tiempo, en un instante, sin esquemas o nada que se le parezca, que al principio son recortes cartográficos o mapeados matemáticos vacíos de pleno significado. Es aquel pliegue que parecía algo mágico, porque lo que surgía a los ojos de aquellos griegos se conformaba en un instante como una aparición. Lo que se comprendía por medio del ver al pensarse se plegaba en la palabra y se visionaba, se percibía como algo que se había creado en ese instante. Este proceso se repite una y otra vez en cada acto de visión y así se comprende dentro de un diseño topológico donde el centro es el yo del diseñador que lo crea.

Debajo de los espacios topológicos de significación quedan las estructuras matemáticas intuidas por el yo, como  la perpendicularidad que se desarrolla como función del tiempo, a través de otras estructuras matemáticas como el punto, la curva, la superficie, los espacios geométricos, riemannianos o los fractales que proceden de las primeras síntesis, que se van llenando de significados a través del tiempo. Ese tiempo que es la variable de la función del yo, que va determinando, significando su entorno topológico, que ya no se llama espacio ni tiempo sino el nombre propio del que desarrolla la curva, la superficie, el diseño que pertenece a cada yo propio de cada diseñador con lo que diseña. De ese modo, todos somos diseñadores de nuestro propio proyecto.

Yo=(f)t o yo funciono

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas @ 2:27 pm

Yo funciono

El yo es una función donde la interpretación del tiempo es una variable de esa función que la determina y limita. Así, el yo equivale a tiempo, pero a la vez a espacio funcionalizado. Ese espacio/tiempo funcionalizado se expresa por elipsores, conceptores, contextores y conectores, que es el yo como función. La base de la función es la relación comprendida como tiempo propio.

Esa base de la función es el conector. El conector es la relación y esta relación es recíproca y reflexiva, unidireccional y bidireccional, sistémica y estructural, rizomática y arbórea, simpática y de conveniencia, intuición o plano de pensamiento. Forma parte de la función donde el yo es tiempo, donde hay un yo que se define por sí mismo y coincide con el nombre propio y que a la vez es tiempo, ya que esta variable es su expresión. Por tanto, yo=f (t)= ->t, donde yo se sustituye por el nombre propio y se comprende como relación o conector. La relación, si es recíproca, otorga el concepto de tiempo ya que el yo comprende que es un yo que piensa en un yo que antes era y ahora es. Se convierte en reflexivo.

Primeramente la función es un punto con un conector. El hecho de ser un punto implica que puede haber una línea. El punto es la primera expresión del espacio, que se convierte en tiempo en cuanto que este punto se comprende como yo. El punto es espacio/tiempo de consciencia, que tiene una relación o un conector con el plano en cuanto lo ha limitado y en cuanto puede conectar. Es el punto de vista de Leibniz.

Espiral de densificación

El punto inicial es una creación espontánea de la actividad del yo entendida como relación. La misma relación es la actividad espontánea que da lugar a ese yo, que se hace consciente en cuanto comprende que es tiempo. La implicación del yo funciono o yo relaciono la memoria, la acción y el límite como tiempo, es la comprensión de esta función, que depende reflexivamente de la misma relación. Es la doble flecha la relación expresada como tiempo  (<- ->)t.

Del surgimiento del punto inicial como primer elipsor que se convierte en función, aparecen una cantidad de puntos como conceptos que se densifican, aumentando la función del concepto en multifunciones o funciones polivalentes que dan lugar al contexto o contextor, es la explosión metafísica del yo. Puntos, líneas, espirales, membranas, expresan estas funciones en como espacio/tiempo del yo funcionalizado dentro del infinito limitado

La función es un elipsor, un concepto o conceptor, un contexto o contextor o un conector. Todas las funciones están relacionadas entre sí por los conectores, que son vías de relación y movimiento real de la previsión. Esos conectores tienen una disposición que les permite sostener el entramado, que se va formando a través de la variable tiempo como yo propio. Los conectores sostienen y permiten cambiar las variedades y variables para una nueva disposición. La función del tiempo propio es la que origina los trazos proyectivos y de proyección del propio espacio topológico. Una previsión del espacio que puede ser tanto de significado como geométrica, intensiva o extensiva, de relación o de conexión. El espacio es una limitación como magnitud, actividad, significado y espontaneidad entendido dentro del tiempo propio debido a la previsión.

previsión

La metáfora del ser culto

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas noviembre 25, 2012 @ 10:25 am

culturablog.jpg

Hoy en día se entiende el ser culto como un modo de manifestar una serie de conocimientos en las reuniones de salón. Esos conocimientos se supone que deben de ser dominados de un modo universal, como algo imprescindible si la persona pretende ser considerada como culta, y sobre todo, impresionar a los contertulios. Es el esnobismo del ser culto como definición extendida dentro del ámbito de las relaciones sociales. El problema que esto conlleva es la ansiedad por demostrar constantemente ese bagaje cultural en las tertulias. Eso se traduce en un aprender como si de un concurso se tratara, junto con el miedo a no saber la respuesta a algún tema supuestamente erudito.

Una persona es culta cuando posee cultura y la cultura es tener un juicio crítico sobre alguna circunstancia que le atañe y no ser un erudito. La diferencia se halla entre el aprender y el saber que Deleuze la establece como una subordinación del primero al segundo. El aprender es el acopio de conocimientos universales de lo establecido para encontrar con el saber un método para solucionar problemas. En realidad estos problemas comprenden la función como conocimiento en la delimitación de los conceptos. Los conceptos son las marcas y en ellos se establecen los surcos que desmenuzan el concepto para comprenderlo, para aprehenderlo. Eso es lo que consiste cultivar y ser culto, aprender de lo particular para lograr un método circunstancial, con lo que el aprender puede suceder de diferentes maneras. Los modos del aprender no son universales sino propios individuales y el saber correspondería al uso de la metáfora y de la metonimia.

Dietrich Schwanitz en su libro La cultura todo lo que hay que saber, se aventura a trazar unos esbozos para “dominar el juego social del que forma parte la cultura”. Incluso se atreve a escenificar una conversación de lo que teóricamente sería una tertulia entre dos hombres cultos. Quizá lo mejor es el uso de la metáfora para describir su personal comprensión de la cultura, su saber, pero no el cúmulo de conocimientos propuestos por él. No me importa nada Leda y Semele, el Vormarz, las hermanas Brontë, ni voy a leer al Ulises de Joyce, ni los Buddenbrook porque ni he oído hablar de ellos o tampoco me interesan mucho. No pierdo el tiempo en preparar una tertulia donde es posible que el interlocutor sea una eminencia en Joyce. Lo mejor sería escucharlo si de verdad me interesa.

La cultura va ligada a la propiedad privada en un sentido geofilosófíco o  como dirían los estoicos, son bienes en propiedad. La propiedad privada no consiste solo en un bien material sino en saber elaborar la función como conocimiento. Es la relación que existe entre cada concepto y saber definirlos, elaborarlos, apropiarlos a través del yo propio como tiempo es una utilidad, un producto, un beneficio. El desarrollo del yo como tiempo es una función y esta función como relación es conocimiento, saber, y por lo tanto, metáfora. 

La metáfora consiste en establecer una relación entre dos conceptos, términos, frases, palabras o cosas con distinto significado, que al establecer una relación se le otorga un sentido semántico profundo de sinonimia con permanencia unívoca. La metáfora es el modo donde se intuye la inmanencia del yo o lo que es el sustrato del sujeto/objeto como realidad activa. La utilización de sinónimos/semántico-profundo en la relación metafórica, aparece el sustrato de comunicación de todo lo que existe, la realidad activa del yo. Por eso dice Fichte que todas las palabras pueden contener un mismo significado semántico ya que todas pertenecen a esa realidad inmanente.

Hay que tener en cuenta que el origen del concepto es metafórico, pero no solo de efigie como dice Derrida sino de sensaciones y afectos. Entonces, la metáfora es la función del concepto que relaciona todos los contenidos que puedan ser posibles expresados de una manera gráfica, sea escrita, hablada, descrita por una imagen, interpretadas por un yo en su experiencia única temporal. El yo es una función del tiempo que interpreta lo que existe y la realidad activa construyendo metáforas. Por eso mismo, el concepto no puede ser puramente una definición sino ya en su construcción se llena de esa experiencia interpretativa afectiva de todos los contenidos que la constituyen.

La formación del concepto es una metáfora dicen los etólogos. Eibel-Eibesfeldt que la metáfora en todas las culturas es una traducción de los contenidos en imágenes gráficas expresando una semejanza, donde las asociaciones se basan en experiencias individuales. Por ejemplo, un niño cuando bebe su primer vaso de soda dice que le sabe a pies dormidos, asociando el cosquilleo de los pies con la experiencia común. Los eipos expresan la alegría como “el sol que brilla sobre mi pecho” o conciben lo recto dentro de percepciones fisiognómicas. Los conceptos que se derivan de estas asociaciones metafóricas son universales, en el sentido de que existen unas adaptaciones filogenéticas que nos predisponen a aprender de la interacción de lo que existe con nuestras experiencias, pero el resultado es una interpretación particular. Las adaptaciones filogenéticas son muy variadas y responden de una manera diferente a una sensación en diferentes individuos.

El aprender es una experiencia individual y no universal. Se puede caer en un etnocentrismo si lo que se pretende es que el ser culto es el acopio de una serie de conocimiento normalizados por una sociedad como la nuestra. Incluso en nuestra misma Europa las diferencias culturales nos separan en la definición social del ser culto. Dudo mucho que un alemán de los convencionalmente cultos haya leído a Juan Benet (yo tampoco por supuesto) o la poesía de San Juan de la Cruz. Por eso, el aprender depende de ese relativismo cultural que identifica al hombre que se hace a sí mismo. Y ese hombre que se hace a sí mismo, que se apropia de sí, lo que construye es su propiedad privada. Del aprender de las experiencias privadas y relativas a cada uno se pasa más allá de ellas y con ellas a la metáfora.

El saber del ser culto es la metáfora. Como procedimiento intelectual dice Ortega es un medio para aprehender lo que está lejos de nuestra potencia conceptual. Con nuestras circunstancias que nos rodean, con lo más próximo a nosotros mismos y mejor dominamos, podemos alcanzar lo mas lejano y establecer un contacto mental y comprenderlo. Es un suplemento a nuestro brazo intelectivo explica metafóricamente. Para la lógica y nuestro razonamiento, Ortega compara la metáfora como el fusil o la caña de pescar. Ortega plantea la metáfora desde tres perspectivas. La de la realidad objetiva, la ideal subjetiva, y la que al le parece más convincente, la del yo con sus circunstancias. Ello implica que cada yo es que el usa sus circunstancias para aprehender por medio de la metáfora su relación con su entorno, con la vida.

La metáfora es una función propia interpretativa del yo o quizá la función. Función y metáfora son sinónimas en cuanto la operación es la misma, relación de conceptos. Dentro del ser culto, el uso de la metáfora es mayor cuando el individuo es consciente de sus circunstancias, de la idea del mundo patente y latente que explicaba Ortega, de construir sus propios caminos o de delimitar sus conceptos. De toda esta relación de contenidos surge la metáfora como una función propia del tiempo que es el yo.

La metáfora se expresa de propio en el humor, en la profesión, en la investigación, en la relación social, en el diseño o en la arquitectura, y en suma, en todos los espacios de significación. Porque el significado siempre va más allá de algo, trasciende porque se traslada conservando el sustrato del contenido. Holderlin, Derrida y Jesulín de Ubrique son cultos en el sentido que hacen de la metáfora su medio para aprehender lo mas lejano con las experiencias mas próximas. ¿O acaso la filosofía del torero en torno la relación de la vida con el toro no es su propia experiencia metaforizada? ¿Y el panadero que amasa el pan no comprende y entiende la vida sino como experiencias que se moldean y se cuecen cada momento? ¿ O los novelistas que metaforizan su vida y la escriben en capítulos sin ser grandes eruditos? Todos ellos tienen en común el ser cultos a partir de sus experiencias propias, su propiedad privada como forma de cultivarse y aprehender su entorno a través de la metáfora.

Funcionamiento del bisel de reloj de submarinismo

Filed under: EXTático — Gilberto Salas octubre 27, 2012 @ 2:21 pm

El tipo de bisel que llevan los llamados relojes de submarinismo, procede de los años 60 y 70, pero prácticamente no ha variado mucho. Es un bisel rotativo unidireccional, en contra de las agujas del reloj, posicionado sobre la caja media del reloj. Ese bisel lleva grabado un índice numerado en rojo y otro en negro o azul. La idea es controlar el tiempo de inmersión a través del bisel y la hora de la misma.

Por ejemplo, en el reloj de la animación de señala la hora de inmersión como las 10:10. Suponiendo que vamos a realizar una inmersión de 30′ (inmersión recreativa), el bisel tiene que posicionarse en relación a esa media hora que vamos a estar en el agua. Así, la hora final que debemos de salir serían las 10:40. Por tanto, deberíamos de colocar el final del bisel indicativo de los números en rojo, el número 20, que coincida con la hora que pretendemos terminar la inmersión. Así, en la animación se observa como el bisel se coloca el 20 de la indicación roja en la hora de terminación y el comienzo de la zona roja empieza 10′ después de haber empezado la inmersión.

Hoy en día los relojes de este tipo llamados Diver solo tienen un sentido lúdico y estético. Cualquier aficionado a submarinismo se acompaña de todo tipo de accesorios tecnológicos cuando pretende realizar inmersiones de mas de 30 minutos o a mas de 13 metros. A partir de 30 minutos se supone que es cuando comienza la disolución del nitrógeno en sangre o de 30 metros de profundidad. Con 30′ poca descompresión hay que hacer.

Por tanto, mi consejo es que el que quiera hacer submarinismo no sea solamente con un reloj de este tipo Diver. Debe de ir acompañado de la tecnología que existe para comprobar fidedignamente el estado de la inmersión. Eso si, también acompañado del Diver porque disfrutar de la estética de este tipo de relojes en un fondo marino es aumentar las sensaciones que estamos recibiendo

Juntor Magnesium Nº 6

Filed under: Concepto — Gilberto Salas octubre 26, 2012 @ 5:38 pm

juntor-magnesio416.jpg

Hemos hecho una evolución del Juntor básico que se quedó en prototipo y no llegó a comercializarse. Hemos mejorado el diseño pero hemos mantenido las características. Aunque la altura la hemos disminuido hasta 15,6mm se ve muy potente. La anchura sigue igual a 46mm.

juntor-magnesio415.jpg

Hemos hecho un bisel de 24 clicks de 60 minutos, que se corresponde con una esfera de horas AM y PM. Los colores son gris oscuro, negro y verde oliva muy oscuro.

juntor-magnesio414.jpg

Las características técnicas son:

Caja de magnesio de AZ91 con anodizado alcalino para subir la dureza.

Bisel de magnesio con 24 clicks bidireccional grabado al ácido y pintado.

Caja posterior de magnesio atornillada

Altura total 15,6 Anchura 46mm

Corona de acero 316L 100 metros

Hebilla 316L

Cristal de zafiro con dispersión al rojo.

Agujas con luminova.

Esfera de tres niveles

Correa de poliuretano 75 shore A

Movimiento Unitas 6498-1

juntor-magnesio420.jpg

<<< Previous Page - Next Page >>>