EXTático

¿Nos estamos volviendo tontos por culpa de Internet?

Filed under: Concepto — Gilberto Salas julio 15, 2016 @ 12:33 pm

¿Nos estamos volviendo tontos por culpa de Internet?

 

Eso es lo que dice  Nicholas Carr, que el exceso de información por el uso intensivo de Internet daña nuestra capacidad de concentración y de memorizar, lo que se traduce en una pérdida de inteligencia. Vamos, quiere decir, que la tablet nos está convirtiendo en tontos

Carr se basa en que el cerebro es plástico y que por cada nueva información que recibe, se construyen nuevas  conexiones neuronales o se refuerzan las ya existentes. La nueva información que llega a través de nuestros sentidos se almacena en nuestra memoria a corto plazo, que es donde se producen las nuevas conexiones neuronales o incluso donde las antiguas, la memoria a largo plazo se refresca de nuevo. A esa memoria a corto plazo o memoria de trabajo la llama carga cognitiva. Cuando existe una sobrecarga cognitiva, que es cuando hay un exceso de información, se produce una dispersión y distracción para el almacenamiento, que se trasforma en una falta de nuevas conexiones, y por tanto, en pérdida de la inteligencia.

Esta idea no es nueva, ya que desde que existe la escritura, los intelectuales temen que este tipo de adelantos nos hagan perder cualidades como en este caso la inteligencia. No cabe duda de que la memoria está vinculada a la inteligencia, a pesar de que en la nueva pedagogía se minusvalore la importancia de la acumulación de datos e información, que no es otra que la memoria a corto y largo plazo. El problema es que, si ya hay un gran rechazo a la memorización en las bases de la enseñanza infantil, con la llegada de Internet y el uso sin planificación de las herramientas que existen, puede que algo de razón contenga el pensamiento de Carr. Ahora bien, si conocemos el problema y reconocemos que existe, hay que encontrar la solución y no obviarlo o criticarlo sin poner los efectivos para utilizar Internet en nuestro provecho. Además, esto ocurre a todos los niveles, por lo que no solo nos debería de preocupar la educación en niños y jóvenes, sino cómo podríamos encontrar algunas fórmulas para que la carga cognitiva sea la adecuada a partir de un análisis de las causas mas realista.

En primer lugar, la carga cognitiva siempre ha existido. No es un problema nuevo. Es muy difícil de asimilar todos los libros que hemos leído, salvo un tanto por ciento muy reducido, por lo que nos hemos adaptado a una lectura y una memorización, que en muchas ocasiones ha sido excesiva. Mucha de la información que hemos tenido que asimilar no ha servido para nada o solamente para modificar esas conexiones neuronales, diría Carr. Pero sí de cada lectura no se ha sabido extraer alguna consecuencia, da igual que se haya leído muchísimo o no, ya que la erudición dista mucho de la sabiduría.

En segundo lugar, la profundización generalizada no ha existido salvo en ciertos campos de la filosofía o de la investigación en general. O va a ser que ahora todos somos y hemos sido Kant y tenemos la capacidad de analizar todos los libros que hemos leído y leemos. Pues va a ser que no. En España la única profundización que ha existido es la de la opinión, para nada meditada, y sobre todo, mantenida como si fuera una verdad absoluta.

En tercer lugar el concepto de libro ha cambiado y no por el formato digital sino porque el contenido es un libro universal. No es que haya libros sino que existe El Libro. Lo que no ha cambiado es que la palabra escrita sea considerada una verdad absoluta un dogma aprendido, que en la realidad es una verdad relativa con un valor de utilidad para usar y tirar por el individuo.

En cuarto lugar el conocimiento que se imprime en un papel se queda obsoleto casi en la misma fecha de publicación. Además queda grabado a fuego en nuestro cerebro si este se está formando, por esa memoria a corto y largo plazo. Así, la escritura que mucha gente instruida aprendió antes de los cambios de las reglas de ortografía no les ha servido la lectura de gran cantidad de libros, ya que siguen manteniendo las reglas antiguas. Igual ocurre a los que les enseñaron la Historia de España como una Historia de Castilla no asimilan los nuevos cambios o las nuevas interpretaciones de una historia de España mucho mas plural. Extrapolado a todas las materias, no sé si tiene mucho sentido mantener una memoria cortoplacista en beneficio de la lectura de superficie.

Una de los puntos mas interesantes de la lectura de superficie es poder observar el ansia de conocimiento que tiene el ser humano. La búsqueda de información es constante. Puede que un individuo esté todo el día conectado en Internet navegando en superficie, pero si encuentra algo que vale la pena para él, se detendrá lo suficiente para evaluar la idea. Puede conseguir información y efectuar un análisis de un modo mas rápido que si tienen que leerse un tocho de 400 páginas, que además podía ser resumido en cuatro hojas, ya que todas esa información no podrá ser asimilada precisamente por su carga cognitiva. A menos que sea americano que parece que se saben todas las citas y párrafos de la Biblia y los Evangelios.

La lectura de superficie permite un conocimiento de utilidad y no de dogma absoluto. Los individuos que han memorizado tantos datos no les sirven para mucho. Las leyes han cambiado así como los nuevos datos sobre la genética, el enfoque de las enfermedades, los países, los programas tecnológicos, la mecánica cuántica, el lenguaje, etc. Entonces ¿qué sentido tiene en la actualidad estudiar y memorizar tantos datos para una memoria a corto y largo plazo? ¿Para ser mas inteligentes porque sé es mas dogmático y erudito?

Yo creo que la memoria es la base de la inteligencia, pero no porque sea una memoria que se reconfigure gracias a una memorización profunda. La memoria es pre-inteligencia con un mecanismo de retroalimentación, que permite relacionar diferentes hechos, temas y contextos. No es un simple almacenamiento de datos, es una relación electiva de hiperenlaces, que permite que la inteligencia pueda crear en base a este tipo de memoria. A esto se le llama clara y sencillamente comprensión como actividad interpretativa. La memoria no sirve para mucho si es una simple acumulación de datos. Así es la comprensión interpretativa la que realiza un reordenamiento neuronal.

En resumen, la lectura de superficie permite olvidar lo excesivo. Es la nueva herramienta del ultrahombre, aquel que decía Nietzsche que iba mas allá del hombre por su capacidad de olvido. Un olvido modulado, activo, que mantiene lo que le interesa y borra lo inservible. Solo con detenerse un instante y comprender e interpretar una idea, es suficiente para ser creativos. Una frase o una idea que podamos comprender y meditar puede ser mas útil que leer 100 libros, que solo sirven para añadir en la lista personal de leídos.

 

¿Para qué sirve la filosofía?

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas @ 12:30 pm

La polémica que se ha generado con la filosofía como materia obligatoria dentro de los programas de educación secundaria e incluso más allá, parecen irresolubles. La idea general es que debería de continuar al menos como una asignatura optativa, pero que no desaparezca del programa escolar. Ahora bien, tal y como se enseña hoy en día en el ámbito formativo debería de desaparecer, para dar paso a otro tipo de opción mas avanzada y realista. Es casi imposible transmitir a un joven entre 14 y 15 años las ideas de los filósofos cuando ellos están formando sus conceptos, sin manipularlos ideológicamente y mas sabiendo que la mayoría de los profesores que enseñan la asignatura de filosofía tiene una ideología concreta.

Recuerdo mi primer día de clase de filosofía en Alicante hace muchos años. El profesor no tardó mas de 15 minutos en explicarnos el programa del curso. La primera frase que soltó fue “señores, están todos ustedes aprobados con un cinco”. Todos nos quedamos estupefactos. La explicación que nos dio fue que a él, que había sido guardia civil, le costó mucho comprender la filosofía, ya que empezó la carrera a los 25 años. Pensaba que para unos muchachos de 14 o quince años sería prácticamente imposible comprender a Platón o a Kant. Con los años esta idea ha cobrado cada vez mas sentido para mí.

La filosofía no se puede enseñar tal y como se enseña ahora ni tampoco al nivel pedagógico que lo realiza. Debería de ser enseñada en la universidad en todas las carreras como una asignatura optativa sin exámenes ni clases magistrales convencionales, pero con la esencia de lo que es la filosofía, con lo cual cada carrera encontrará una utilidad concreta. Para ello hay que saber ¿qué es la filosofía?

La filosofía es un método que consiste en tres fases; 1) la destrucción del concepto, 2) la iluminación o visión del mismo, 3) la interpretación. La interpretación puede ser la del autor del concepto o la del uno mismo. Por este motivo, la filosofía parte de conceptos ya aprendidos que tienen que ser destruidos, comprendidos y reinterpretados para que sea útil. De otra forma, el estudio paulatino de conceptos de los filósofos no tendrá ningún tipo de utilidad para el alumno en cualquier campo pedagógico que se abarque. Este método les permitirá ser mucho mas creativos en cualquier campo que se afronte un nuevo aprendizaje de un concepto.

La destrucción consiste en romper con el concepto que se comprende como propio al afrontar otro concepto. Por ejemplo, nuestra formación occidental está basada en conceptos cristianos como el de creación, persona, entendimiento, trascendencia, etc. Entonces, para comprender el yo trascendental de Kant, hay que liberarse del concepto particular del yo cristiano como yo que equivale al de persona. Así se comprendería el yo trascendental como el de un yo universal común para todos con efecto retroactivo. Este ejemplo de destrucción se utilizaría para toda clase de conceptos y en todos los campos de la enseñanza.

La iluminación o visualización consiste en el darse cuenta del concepto. Es una abertura a la comprensión básica del concepto. En este sentido, me recuerda mucho lo que nos contó en un curso de doctorado Emilio Lledó. Decía que él estuvo en Alemania aprendiendo alemán y estudiando a Kant. Cuando terminó sus estudios en Alemania sacó una cátedra de instituto y enseñaba la Crítica de la razón pura sin entenderla durante ocho años. Un día, como si fuera una iluminación, toda ella tuvo un sentido para él. En eso consiste la iluminación comprender el sentido de un concepto, aunque sea a nivel privado.

La interpretación tiene dos vertientes. La primera consiste en interpretar el concepto según el tiempo en el que se esbozó. Por ejemplo, si hablamos de Aristóteles no podemos hablar de un yo de ningún tipo, ya que el yo se descubrió con Descartes, que fue el primero que lo pergeñó. Otro ejemplo sería el de la causa primera. En los conceptos basados en el cristianismo sólo existe una relación de causa y efecto, así hasta una causa primera que suele ser el creador. Por ese mismo motivo, incluso la ciencia está buscando ese punto inicial, cuando para los griegos el concepto de creación no existía, ya que todo era un ser pleno. Incluso el concepto de existencia es muy difícil de comprender desde una perspectiva no destructiva de conceptos actuales y llegar a la esencia de lo que la cultura griega o latina entendían por existir, y si lo había.

La segunda vertiente de la interpretación es la mas creativa, la que entiende cada uno por el concepto destruido, visualizado e interpretado. Esa nueva interpretación no es convencional, ya que cualquier tipo de concepto y su alusión a este, no deja de ser mas que una distorsión del concepto de naturaleza privada del creador del mismo.

La filosofía debería de apartarse del estudio histórico sistemático de las ideas y acercarse a un método creativo de interpretación no convencional. Esto sería de mucha mas utilidad, ya que se podría abordar cualquier tipo de concepto en cualquier disciplina universitaria. La destrucción sistemática y su reinterpretación en la formación universitaria de conceptos convencionales filosóficos, matemáticos, físicos, estéticos, experimentales, etc. , permitiría crear nuevos conceptos que serían muy útiles en todos los campos de aplicación y no esperar la inspiración del genio para cambiar de paradigma. Además de la creación de nuevos conceptos en diferentes campos universales, sería muy útil el establecimiento de esta manera de comprender la filosofía, que permitiría avanzar al hombre particular en beneficio propio, con el replanteamiento constante de cada concepto aprendido, pero nunca dentro de una realidad absoluta salvo la del yo propio.

 

La muerte no existe

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas @ 12:29 pm

La muerte no existe

Creo que todas las personas e individuos que tienen miedo a la muerte se debe a que piensan que existe una realidad fuera de ellos mismos. La única realidad que se puede pensar de una manera fuerte y absoluta es la realidad del yo propio, la de cada uno de nosotros.

La realidad aparece cuando nos damos cuenta que el yo es llamado por su nombre, la realidad del yo propio. Esta realidad es absoluta y estática, es equilibrada y por tanto no tiene tiempo. Solo te das cuenta que tienes un nombre que no cambia nunca. Es la idea de la esfera de Parménides pero referida al yo propio como una realidad absoluta sin tiempo ni cambio. Mi realidad es inmutable mientras me llame como me llamo.

Pero esta esfera, que permanece inmutable gracias a su nombre propio, cambia dentro de sí misma a través de las determinaciones internas. Todas las posibilidades de desarrollar una diferencia se comprimen dentro de esa esfera, que en realidad es un contorno (una estrella, un polígono o cualquier simetría lo podría explicar también) y se desplegarán a lo largo de un tiempo lineal. El contorno podrá cambiar como espacio topológico, un contorno maleable homeomórfico dentro de ese tiempo lineal cronometrado, pero la esencia del no tiempo permanece como yo propio.

El otro concepto del tiempo que subyace en el yo es el tiempo del eterno presente, el del Aión. La realidad absoluta que piensa, que es la del nombre propio puede navegar, surfear a través de la memoria retroactiva. Los recuerdos son parte de la elección constante de las acciones del yo, de la realidad propia y pueden ser cambiados por este mismo yo. La percepción del recuerdo puede ser tan viva como un hecho actual, además que en la retroactividad de la memoria se puede cambiar la interpretación para encontrar un nuevo camino de actuación. Ver el futuro o ver el pasado es la misma acción dentro del tiempo del presente continuo. Con el tiempo del presente continuo los valores cambian, son monedas de uso, algo que Nietzsche explicaba bastante bien.

La realidad del yo absoluto es estática como nombre propio. Por tanto no cambia nunca ni tiene un destino. Esta realidad ni trascendente ni inmutable no le encuentra sentido a la muerte, solo a la respuesta del nombre. Por tanto ¿qué sentido tiene preocuparse por la muerte si para la realidad absoluta que responde a un nombre no tiene ningún significado en sí? El sentido si se quiere se podría encontrar en las realidades débiles para vivir ese tiempo lineal o el tiempo del presente continuo, pero sabiendo que la realidad absoluta del yo propio es estática y que la muerte no existe.