EXTático

La necesidad de reconocimiento

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 31, 2013 @ 6:43 pm

Hay dos tipos de reconocimiento, uno el reconocimiento de una sociedad y el otro el reconocimiento social. El primero afirma que una sociedad es reconocida por los derechos adquiridos de todos los individuos que la componen. El segundo es el reconocimiento social.

El reconocimiento social se basa en la necesidad que tiene el individuo de ser reconocido por una sociedad. La sociedad delimitada por un conjunto de diferentes de individuos, contiene unos parámetros para medir ese reconocimiento y su naturaleza. Por ejemplo, en las sociedades indígenas el reconocimiento se otorga al individuo que presta sus servicios a la comunidad como un cargo político. Este cargo se ejerce gratuitamente y la sociedad se lo reconoce por partida doble, por su manera de ser y por ese cargo público que lo reconoce socialmente. El individuo político satisface su necesidad de reconocimiento sirviendo a los demás, dentro de una sociedad bastante homogénea en cuanto la diversidad individual de sus componentes.

La sociedad occidental es mucho más compleja, ya que se compone de muchas otras sociedades o conjuntos sociales específicos, con otro tipo de intereses que no tienen las sociedades nativas. Por ese motivo, la necesidad del individuo de reconocimiento es diversa, pero es mucho mas intensa. El individuo necesita ser reconocido por la sociedad, para que con su propia autoestima le permita formar parte de esa sociedad. Dentro de esos conjuntos particulares se encuentra el niño necesita ser reconocido por sus padres por el esfuerzo que hace por sus estudios para sentirse querido. Asimismo, está la mujer que necesita ser reconocida por su físico, su inteligencia o su abnegación a la familia o el anciano por sus hechos y su experiencia. Pero lo que prevalece a todo esto es la necesidad del reconocimiento por lo que se posee, que es lo que exige el hombre.

En otras palabras, es el “tanto tienes tanto vales” desde el punto vista del entorno social, para validar los méritos del individuo como correspondencia a sus logros materiales. La necesidad de reconocimiento pasa por una necesidad del tener. No es una necesidad de servir, de comprometerse con la sociedad como en las sociedades indígenas o una necesidad de ser mejor. Es una necesidad de tener cosas materiales o dinero para ser querido, que es lo que reconoce el grupo en su conjunto.

¿Esta manera de pensar es censurable? Creo que no porque enfatiza la individualidad. Es el propio individuo, con su necesidad de ser querido, ser reconocido socialmente quien lucha por este reconocimiento. Lo que pide es el cariño y el amor de la gente que le rodea a través de materializar el amor en lo que posee.

El problema está en que cuando el individuo basa toda la necesidad de reconocimiento en la posesión material del cariño, puede que cuando lo pierda, crea que fracasa en algo mas que el reconocimiento del otro. En el objetivo de su vida recogiendo cariño material, en lugar de reunir algo tan abstracto como es la empatía, que es una manera de ser reconocido y querido por los demás.

¿Tiene un sentido la vida?

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas diciembre 25, 2013 @ 10:55 am

Parece que hay que buscarle un sentido a la vida para ser feliz o para tener algún motivo para la existencia. La búsqueda va desde que no hay un sentido hasta el encuentro con la religión, la política, la ideología o el propio crecimiento personal para intentar ser mejor.

La vida como definición es un proceso de asimilación y de cambio de los recursos materiales, que existen en un medio, por parte de un individuo. La vida es un intercambio de sustancias que permiten crecer y evolucionar a un individuo. Si la vida tiene un sentido, nada más se trata de alcanzar estos objetivos para todos los individuos que poseen vida. La pregunta está mal presentada y debería de decir ¿tiene algún sentido la vida del hombre?

La pregunta implica que la naturaleza de la vida del hombre es diferente a la de los otros individuos que la poseen y su sentido también difiere. Pero la vida no varía. Sigue siendo un proceso de interacción del individuo con el medio. Ahora bien, el hombre lo que vive es una interpretación de este proceso interactivo. La vida la interpretamos y pasa a ser un problema.

K. Popper decía que la vida es una solución de problemas. Casi todos los problemas llevan consigo la solución. Todo dependería con el prisma en que se mire, diría el filósofo de la calle, que es un gran perspectivo. La perspectiva es básica para interpretar el problema.

En el desarrollo de nuestra vida solo hay problemas, pero no solo como dificultades sino como asuntos, preguntas, incertidumbres, todas ellas a resolver. Lo que nos parecía irresoluble o excesivamente dificultoso lo hemos solucionado, porque hemos llegado hasta aquí y ahora. Lo que considerábamos grandes problemas, hoy nos reímos de ellos.

Si hay que buscar un sentido a la vida, es que hay que mantener la capacidad de solucionar los problemas. Además hay que ser creativos en las soluciones, ya que lo que valía anteriormente, ahora puede que no lo sea. La búsqueda constante de nuevas ideas y el uso de nuevos conceptos para nuevas situaciones, pueden ser aplicadas a la vida como solución de problemas.

Pienso que no es fácil, pero cuando no damos con la solución, un cambio de perspectiva puede toparnos con esta. En la vida hay tiempo para todo, incluso para encontrarle un sentido.

La deuda es tiempo

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 15, 2013 @ 12:27 pm

 

Antes a la deuda se le denominaba pecado original, ahora se le debería de llamar tiempo. Nacíamos pagando el supuesto error de nuestros primeros padres y había que expiarlo. Hoy en día nuestros hijos heredan nuestros errores, pero ahora no son pecados, son deuda.

Los americanos no hacen películas filosóficas para trasmitir una idea o un concepto, pero si lo quieren lo consiguen de la manera más sencilla. La idea de que el tiempo se basa en la deuda es el argumento de la película In time.

La trama se desarrolla en un futuro no muy lejano, donde toda la gente deja de envejecer a los 25 años. En esa edad, se pone en funcionamiento un reloj individual que acumula tiempo, la nueva moneda de cambio. Las cosas no se compran con dinero sino con tiempo. Las horas trabajadas, un café, ir en autobús, todo eso se paga y se mercadea con el tiempo de cada uno. El problema es que todo el mundo vive al día y si no paga con tiempo, su reloj vital se detiene cuando alcanza los cero segundos.

La película es una metáfora de la sociedad actual. El dinero no es algo material que se pueda tocar, es deuda. La deuda que adquirimos, pagamos, comparamos y vendemos para seguir viviendo. La deuda se amortiza con tiempo.

Comerciando con tiempo la deuda no cambia. Los que lo tienen acaparado son los banqueros y sus esbirros, la policía del tiempo, que es el órgano que representa al Estado. Bandidos ahora y en aquel futuro virtual. Esa es la realidad presente, que no somos poseedores de nuestra existencia, porque es una deuda en manos del Estado o de los bancos. Aquél la llama impuestos y los bancos la nombran como dinero, que es algo que no vemos.

Como en la película, la deuda comienza a pagarse a los 25 años, cuando los jóvenes entran dentro del sistema, que es cuando se supone que se empieza a trabajar. Un salario significa pagar impuestos y en ese momento empieza el bandidaje del tiempo por parte del Estado. Si se le ocurre comprarse una casa, por aquello de que el alquiler es tirar el dinero, lo que vende será los próximos 30 años de su vida, donde el tiempo se convierte en deuda.

El final no lo cuento, pero que me gusta y si es para estar fuera del sistema mejor. Nuestro final es imposible que cambie mientras exista el Estado, tal y como ahora lo conocemos o mientras continúe el patrón actual de dinero-deuda. Al menos, lo mejor que tiene el paro juvenil es que nuestros hijos tardarán en entrar dentro del sistema y cuando lo hagan puede que pongan medidas para evitar convertir su tiempo en deuda.

Sueños del futuro

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 8, 2013 @ 1:38 pm

Mi profesora de francés me contaba hace poco que cuando daba clases a los niños, les pedía que dibujaran cómo sería el futuro para ellos. Todos dibujaban coches que volaban. Aunque parezca que hay algún diseño de coches voladores, uno de ellos español, estamos bastante lejos del futuro que nos auguraban los chavales hace algunos años.

Nosotros pensábamos que nuestro futuro sería la conquista del espacio. Nuevos mundos colonizados en Alfa Centauri o Altair. Nuestros dibujos eran cohetes a la luna, a Marte o quién sabe a dónde. Cada uno ve el futuro de una manera muy diferente hace 30 o 40 años a como lo vemos ahora.

El futuro que pienso es un futuro intuido pero también un futuro soñado. Para que estos sueños ocurran, la naturaleza del hombre tendrá que avanzar hacia una autonomía individual ética y racional, que le permita prescindir de la tutela del Estado. Los propios individuos serán los que se organicen ellos mismos. Las sociedades dirigidas con un objetivo común, serán mucho más prácticas y alcanzarán sus propósitos rápidamente, además de una manera global. En cierta forma, esto ya está ocurriendo con organizaciones como chang.org., que consiguen involucrar a un gran número de individuos con problemas que nos afectan de una manera u otra a todos nosotros.

¿Hasta dónde puede llegar una organización como Igualdad animal en la defensa de los animales? Puede que lleguen a humanizarlos hasta tal medida que consideremos que con sus nuevos posibles derechos, deberían de tener una educación similar a la nuestra. Si las nuevas teorías lamarckianas, como la  teoría de la simbiogénesis, fueran ciertas ¿sería un sueño hablar con nuestra mascota y que nos respondiera? Yo muchas veces casi lo creo cuando miro a Alfie, mi perro.

Otro de mis sueños es que los niños fueran gestados en el laboratorio y a la carta. ¿Fuerte no? Hay muchas razones para soñarlo. La primera que se me ocurre es que debe de ser muy duro para una mujer que trabaja, llevar a cuestas la gestación de un niño durante nueve meses y trabajar. Se podría hacer en casa con una tecnología avanzada, sin ningún tipo de problema. Creo que con esta manera de pensar nos acercaríamos un poco mas a establecer una igualdad en un futuro laboral cada vez mas competitivo. Sinceramente no veo ningún tipo de problema ético.

Todo lo que podamos soñar ya está inventado o pensado para ser inventado. Quizá lo que más me gustaría que se hiciera realidad es el sueño de la telepatía. Me refiero a la telepatía no intuitiva, ya que uno por perro viejo casi es telépata. A muchos los veo venir casi sin verlos. Es la telepatía que contaba la ciencia ficción con la que sueño. Chips injertados que permitieran comunicarse el uno con el otro, recibir e-mails, archivos, whatsapps, sin necesidad de llevar nada encima. Y además que no se pudieran hackear. Creo que esto último sería la verdadera ciencia ficción.

¿Por qué este sueño? Porque debo de ser el último hombre vivo, como la película de Charlston Heston, que no usa ni tiene ni lleva teléfono móvil. No es que sea de alguna secta antitecnológica, sencillamente porque me molesta llevarlo. Claro que un injerto así, como el de nuestros amigos semihumanos, no me molestaría llevarlo y encima cada vez nos pareceríamos un poco más. Seguro que con el chip sí que me responde Alfie.

Este cuento no se ha acabado

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 5, 2013 @ 2:44 pm

Cuando éramos pequeños y nos contaban un cuento, solían ser historias reales o fantásticas sobre un determinado personaje, lugar y tiempo. Éste ponía en práctica una acción, cuya finalidad era una moraleja. Era una historia con un final feliz o no pero con un final. La historia siempre se daba por terminada.

Los habremos creído o no, entendimos la moraleja o no, pero lo que si teníamos claro es que todas las historias terminaban y queremos que terminen. Pero la realidad no es así. El cuento nunca termina. Esa es la realidad de la vida. 

Lo que nadie nos cuenta cuando somos pequeños es la continuación de la historia, que Blancanieves se divorció porque el Príncipe era un perdido, además de que le gustaba la botella y los naipes. Ella era bastante ligera, ya que eso del beso haciéndose la muerta le moló mucho. Claro que esta historia es como las series de Taylor, que tienen terceras, cuartas y quintas partes, porque con el tiempo Blancanieves se puso a trabajar ganando mucha pasta y el Príncipe entró a formar parte del Movimiento Slow.

El problema es que en todas las historias que nos cuentan, siempre buscamos un final. Que el malo se ha muerto, pues se murió a no ser que venga de la serie Sobrenatural, que allí nunca mueren. Con las historias con los buenos siempre digo que tenemos mucha suerte de que los malos se regodeen con el final y le den tiempo al bueno para cambiar las tornas. El bueno no es tonto, le da el finiquito rápido y termina la historia.

 El caso es que nos hemos acostumbrado a que todas las cosas tengan un final sea cual sea y eso no es así. Leyendo una noticia de prensa, siempre hay un final, pero si se actualizara, veríamos cómo les ha cambiado la vida a Bea o Desita de Verano azul o a Milikito que ahora es el presidente de La Sexta. ¿Quién me lo iba a decir que ese sería el final de una historia? o no.

Menos mal que Santiago Segura se ha dado cuenta de que las historias no terminan nunca. Ha empezado el rodaje de Torrente 5. Y digo yo, ¿por qué no Fast y Furious y Torrente o Torrente 11 y Star Trek? Dejo al lector que piense su propia secuela, un campo inagotable de ideas y cuentos borgianos.

Por eso digo yo, este cuento no se ha acabado.