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La metáfora del ser culto

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas noviembre 25, 2012 @ 10:25 am

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Hoy en día se entiende el ser culto como un modo de manifestar una serie de conocimientos en las reuniones de salón. Esos conocimientos se supone que deben de ser dominados de un modo universal, como algo imprescindible si la persona pretende ser considerada como culta, y sobre todo, impresionar a los contertulios. Es el esnobismo del ser culto como definición extendida dentro del ámbito de las relaciones sociales. El problema que esto conlleva es la ansiedad por demostrar constantemente ese bagaje cultural en las tertulias. Eso se traduce en un aprender como si de un concurso se tratara, junto con el miedo a no saber la respuesta a algún tema supuestamente erudito.

Una persona es culta cuando posee cultura y la cultura es tener un juicio crítico sobre alguna circunstancia que le atañe y no ser un erudito. La diferencia se halla entre el aprender y el saber que Deleuze la establece como una subordinación del primero al segundo. El aprender es el acopio de conocimientos universales de lo establecido para encontrar con el saber un método para solucionar problemas. En realidad estos problemas comprenden la función como conocimiento en la delimitación de los conceptos. Los conceptos son las marcas y en ellos se establecen los surcos que desmenuzan el concepto para comprenderlo, para aprehenderlo. Eso es lo que consiste cultivar y ser culto, aprender de lo particular para lograr un método circunstancial, con lo que el aprender puede suceder de diferentes maneras. Los modos del aprender no son universales sino propios individuales y el saber correspondería al uso de la metáfora y de la metonimia.

Dietrich Schwanitz en su libro La cultura todo lo que hay que saber, se aventura a trazar unos esbozos para “dominar el juego social del que forma parte la cultura”. Incluso se atreve a escenificar una conversación de lo que teóricamente sería una tertulia entre dos hombres cultos. Quizá lo mejor es el uso de la metáfora para describir su personal comprensión de la cultura, su saber, pero no el cúmulo de conocimientos propuestos por él. No me importa nada Leda y Semele, el Vormarz, las hermanas Brontë, ni voy a leer al Ulises de Joyce, ni los Buddenbrook porque ni he oído hablar de ellos o tampoco me interesan mucho. No pierdo el tiempo en preparar una tertulia donde es posible que el interlocutor sea una eminencia en Joyce. Lo mejor sería escucharlo si de verdad me interesa.

La cultura va ligada a la propiedad privada en un sentido geofilosófíco o  como dirían los estoicos, son bienes en propiedad. La propiedad privada no consiste solo en un bien material sino en saber elaborar la función como conocimiento. Es la relación que existe entre cada concepto y saber definirlos, elaborarlos, apropiarlos a través del yo propio como tiempo es una utilidad, un producto, un beneficio. El desarrollo del yo como tiempo es una función y esta función como relación es conocimiento, saber, y por lo tanto, metáfora. 

La metáfora consiste en establecer una relación entre dos conceptos, términos, frases, palabras o cosas con distinto significado, que al establecer una relación se le otorga un sentido semántico profundo de sinonimia con permanencia unívoca. La metáfora es el modo donde se intuye la inmanencia del yo o lo que es el sustrato del sujeto/objeto como realidad activa. La utilización de sinónimos/semántico-profundo en la relación metafórica, aparece el sustrato de comunicación de todo lo que existe, la realidad activa del yo. Por eso dice Fichte que todas las palabras pueden contener un mismo significado semántico ya que todas pertenecen a esa realidad inmanente.

Hay que tener en cuenta que el origen del concepto es metafórico, pero no solo de efigie como dice Derrida sino de sensaciones y afectos. Entonces, la metáfora es la función del concepto que relaciona todos los contenidos que puedan ser posibles expresados de una manera gráfica, sea escrita, hablada, descrita por una imagen, interpretadas por un yo en su experiencia única temporal. El yo es una función del tiempo que interpreta lo que existe y la realidad activa construyendo metáforas. Por eso mismo, el concepto no puede ser puramente una definición sino ya en su construcción se llena de esa experiencia interpretativa afectiva de todos los contenidos que la constituyen.

La formación del concepto es una metáfora dicen los etólogos. Eibel-Eibesfeldt que la metáfora en todas las culturas es una traducción de los contenidos en imágenes gráficas expresando una semejanza, donde las asociaciones se basan en experiencias individuales. Por ejemplo, un niño cuando bebe su primer vaso de soda dice que le sabe a pies dormidos, asociando el cosquilleo de los pies con la experiencia común. Los eipos expresan la alegría como “el sol que brilla sobre mi pecho” o conciben lo recto dentro de percepciones fisiognómicas. Los conceptos que se derivan de estas asociaciones metafóricas son universales, en el sentido de que existen unas adaptaciones filogenéticas que nos predisponen a aprender de la interacción de lo que existe con nuestras experiencias, pero el resultado es una interpretación particular. Las adaptaciones filogenéticas son muy variadas y responden de una manera diferente a una sensación en diferentes individuos.

El aprender es una experiencia individual y no universal. Se puede caer en un etnocentrismo si lo que se pretende es que el ser culto es el acopio de una serie de conocimiento normalizados por una sociedad como la nuestra. Incluso en nuestra misma Europa las diferencias culturales nos separan en la definición social del ser culto. Dudo mucho que un alemán de los convencionalmente cultos haya leído a Juan Benet (yo tampoco por supuesto) o la poesía de San Juan de la Cruz. Por eso, el aprender depende de ese relativismo cultural que identifica al hombre que se hace a sí mismo. Y ese hombre que se hace a sí mismo, que se apropia de sí, lo que construye es su propiedad privada. Del aprender de las experiencias privadas y relativas a cada uno se pasa más allá de ellas y con ellas a la metáfora.

El saber del ser culto es la metáfora. Como procedimiento intelectual dice Ortega es un medio para aprehender lo que está lejos de nuestra potencia conceptual. Con nuestras circunstancias que nos rodean, con lo más próximo a nosotros mismos y mejor dominamos, podemos alcanzar lo mas lejano y establecer un contacto mental y comprenderlo. Es un suplemento a nuestro brazo intelectivo explica metafóricamente. Para la lógica y nuestro razonamiento, Ortega compara la metáfora como el fusil o la caña de pescar. Ortega plantea la metáfora desde tres perspectivas. La de la realidad objetiva, la ideal subjetiva, y la que al le parece más convincente, la del yo con sus circunstancias. Ello implica que cada yo es que el usa sus circunstancias para aprehender por medio de la metáfora su relación con su entorno, con la vida.

La metáfora es una función propia interpretativa del yo o quizá la función. Función y metáfora son sinónimas en cuanto la operación es la misma, relación de conceptos. Dentro del ser culto, el uso de la metáfora es mayor cuando el individuo es consciente de sus circunstancias, de la idea del mundo patente y latente que explicaba Ortega, de construir sus propios caminos o de delimitar sus conceptos. De toda esta relación de contenidos surge la metáfora como una función propia del tiempo que es el yo.

La metáfora se expresa de propio en el humor, en la profesión, en la investigación, en la relación social, en el diseño o en la arquitectura, y en suma, en todos los espacios de significación. Porque el significado siempre va más allá de algo, trasciende porque se traslada conservando el sustrato del contenido. Holderlin, Derrida y Jesulín de Ubrique son cultos en el sentido que hacen de la metáfora su medio para aprehender lo mas lejano con las experiencias mas próximas. ¿O acaso la filosofía del torero en torno la relación de la vida con el toro no es su propia experiencia metaforizada? ¿Y el panadero que amasa el pan no comprende y entiende la vida sino como experiencias que se moldean y se cuecen cada momento? ¿ O los novelistas que metaforizan su vida y la escriben en capítulos sin ser grandes eruditos? Todos ellos tienen en común el ser cultos a partir de sus experiencias propias, su propiedad privada como forma de cultivarse y aprehender su entorno a través de la metáfora.