EXTático

Metafísica de la confianza.

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas febrero 24, 2012 @ 5:33 pm

 

En principio, la confianza es una esperanza firme en una persona o cosa según explica la RAE. También la confianza es ánimo para obrar, presunción sobre la opinión de uno mismo, familiaridad en el trato y pacto entre dos personas particulares. Lo que se propone ahora es una cartografía de la confianza, partiendo del significado original, y recuperar en cierto modo el sentido de creencia primario.

Confianza etimológicamente viene del latín vulgar fidare que a su vez es una modificación de fidere, fiar, confiar. La confianza a partir del fidere es, entonces, un concepto que en su raíz aparece como fides, fe o creencia, promesa a una palabra dada. Es decir, la confianza es una cuestión de fe, de creer en una palabra, en un trato, o simplemente creer. La creencia o confianza es, a pesar de que no está explícito, el conocimiento certero de algo a lo que se le da crédito. Así planteado el concepto de confianza su interpretación es más teológica que filosófica, ya que el concepto de fides o fe es un valor o una virtud teologal así como la esperanza. La esperanza antes estaba vinculada con la fe y esta procedía de la creencia, donde la creencia tenía otro significado.

Parménides explicaba que la creencia de donde derivó la fe o la confianza como la entendemos ahora, era la verdad del significado del ser, que equivalía a que todo lo que se piensa o se dice es verdadero. Platón explicaba que la creencia era la verdad que se expresaba en los fenómenos que se veían, aunque para él no se alcanzaba la verdad de las ideas. Aristóteles explicaba algo que iba mucho mas allá. La creencia o la confianza era creer en la proposición como verdad ontológica, sea afirmativa o negativa. Incluso lo falso, al ser una proposición que se expresa en el lenguaje que pertenece al ser, es ontológicamente pleno. Cuando se piensa una proposición Aristóteles dice que se cree en lo verdadero o en lo falso de ella, porque en sí misma tiene la fuerza del ser.

En la sociedad actual, la confianza es una esperanza, pero la esperanza es algo posible no algo necesario como es la creencia o el creer. Creer es estar en el ser y no creer es no estar en el ser, porque se abandona la idea de que la proposición es un espacio de significación que coincide entre el pensamiento y el habla. Esa fractura es lo que debilita a las ideas o incluso a los hechos que son abandonados a su significante, es decir, a ser meras palabras vacías. De ahí que se hable de desconfianza, desesperanza, descreimiento que son sinónimos del no ser.

Esta interpretación como concepto está en función del tiempo desde una perspectiva universal, el objeto, la gente, el tiempo medido, pero los conceptos como expresiones diagramáticos multifásicas, dependen también del tiempo propio, y esto es lo que cada uno debe de interpretar por confianza a su manera.

Para mí la confianza como yo propio es una creencia en lo que pienso, hablo y actúo. Es un creer en mi actividad. Entonces, partiendo de la idea del ser de la proposición de Aristóteles, basado en esa actividad del yo, cualquier enunciado que proponga tiene un sentido pleno de significación topológica. Eso implica que la confianza se articula en el lenguaje, en la misma expresión del significado. Por ejemplo, si yo digo que confío en que la economía va a empeorar los próximos años, estoy enfatizando un espacio de creencia propia del significado. Creo o confío en que las cosas van a seguir yendo mal por la economía. Lo que se enfatiza es la creencia como necesidad del lenguaje y no la esperanza en lo posible, que esta ha pasado a ser ilusoria. Otro ejemplo sobre un espacio de significado de actividad propia sería yo creo, yo confío que soy Gilberto o yo creo o yo confío que no soy Pepe. Con la afirmación de la única verdad de los nombres propios se basó la filosofía de Kripke, que se fundamenta en una creencia verdadera e inapelable, pero la realidad es que lo que es pleno es el espacio propio de significación del que confía en esa verdad bien redonda.

La confianza desde mi punto de vista es un creer pleno en la actividad, equivocada o no verdadera o falsa, correcta o incorrecta, prudente y reflexiva o insensata, pero sobre todo es un creer. Eso significa que puedo creer que estoy en un error y estar equivocado sin abocar a la desesperanza o a la culpabilidad. No hay fractura en el hecho o en la acción o el pensamiento, ya que son lo mismo, que no implica que la acción sea irreflexiva para dejar de creer en una actividad. Solamente que la actividad dentro de los espacios propios de significación del yo, se expresan dentro de la confianza del creer en que no existe tal fractura, sino que existen sendas, caminos y estructuras que construimos dentro de la confianza para dar forma a esa verdad que es el yo del tiempo propio, en mi caso Gilberto, en otro caso Juan, Pepe o Carmen. Ese es el tiempo de la confianza

Grados de complicación

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas febrero 16, 2012 @ 10:58 am

La complicación es sinónimo de complejidad, ahora que está de moda el pensamiento y la estructura de lo complejo, pero desde el punto de vista de lo divino. Con la muerte de Dios, según explicaba Nietzsche, la complicación pasa a ser cosa del hombre, y mas concretamente del yo. Este puede ser entendido desde un modo absoluto como explica Fichte o concretamente como el yo del tiempo propio.

Cuando se habla de complejidad, en la ciencia se está hablando de estructuras de carácter aleatorio que se ordenan en el desorden. Estas estructuras caóticas se correlacionan dentro de casi todos los campos de la ciencia, para intentar desarrollar un análisis de lo complejo, aunque este concepto no puede ser medido. Las estructuras aleatorias o disipativas lo intentan guiadas por la segunda ley de la termodinámica. Aun así, hay quien dice que estas estructuras tienen un carácter abstracto y lo complejo no puede ser medido. Ese es el problema de la ciencia moderna, que todo debe de ser medido para ser explicado, incluso la propia complejidad.

Complejo proviene de la palabra latina complex, unido, complicado y esta de complicare. Complicare proviene del plicare latino, plegar, doblar, unir los pliegues. La complicatio era un concepto teológico del neoplatonismo que se usaba para expresar el sentido que tienen las cosas en el Uno y el Uno por las cosas. Esta noción teológica equivalía a una explicatio y una implicatio donde la explicatio o explicare era desarrollar y la implicatio significaba englobar. Esto equivale a una idea panteísta donde Dios es explicado o se desarrolla a través de las cosas y a la vez engloban la idea de Dios. El problema de la complicación, ahora complejidad es que no deja de ser un concepto o una noción universal donde el yo está al margen de interpretar la complicación o el desarrollo y acotamiento de las cosas que le rodean.

La complicación desde un punto de vista conceptual ontológico es la explicación e implicación del yo como tiempo propio, lo que equivale a decir, el cómo se desarrolla un yo y qué es lo que engloba del mundo. Es un ordenamiento, una estructuración y desarrollo de lo complejo pero desde una interpretación propia, dentro de los propios espacios de significación.

Desde el “no te compliques la vida” hasta “la vida es muy complicada” la gente comprende que la complicación es inversamente proporcional a la felicidad. Mientras el grado de complicación, es decir, el grado de desarrollo y englobe que relaciona al yo con las cosas sea mínimo entonces se es más feliz. Con esta idea, la gente huye del pensamiento de explicación-implicación del yo con el mundo creyendo que se es más feliz, pero sucede todo lo contrario porque el no complicarse equivale al desconocimiento de propio de cada yo. Huir de la complicación es escapar de sí mismo y con un grado cero de complicación es imposible relacionar las cosas de este mundo con uno mismo o con los otros.

Por eso, explicaba Espinosa que la idea de la felicidad estaba en el tercer género de conocimiento, que era la intuición. La intuición significaba para Espinosa comprender la relación de la expresión de todas las cosas. Expresión es la palabra que utilizaba como sinónimo de la complicación. El hombre es mas feliz mientras mas se complica la vida, porque comprende en mejor medida la estructura de relación de la cosas. Claro que para Espinosa el hombre estaba determinado y era un autómata. Con Fichte se recupera el sentido de un yo más pragmático, aunque no es hasta Heidegger donde ese yo como ser-ahí alcanza el significado puro de ser el propio tiempo, la expresión de su propia complicación.

En definitiva, para ser feliz o por lo menos para no estar dentro de la oscuridad, los grados de complicación influyen. A mayor complicación de la vida, a mayor comprensión de la relación compleja de las cosas que nos rodean y nuestra interrelación con ellas, seremos más felices. Quizá ser feliz es un estado utópico, pero puede ser equivalente a no tener la angustia de la incertidumbre, de los estados caóticos del desorden, ya que la misma complicación en sí, es la estructura aleatoria del yo propio que ordena lo que está desordenado. La felicidad entonces sería ausencia de angustia por la misma complicación.

Ser un chaval

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas febrero 10, 2012 @ 7:19 pm

Creo que ser joven o ser un chaval, me encanta esa palabra, no es cuestión de edad ni de físico sino de la capacidad de poder romper y destruir los conceptos establecidos. No dentro de un aspecto social o revolucionario, sino de aquellos conceptos que nos enseñaron hace tanto tiempo. Los usamos día a día pero no nos detenemos ni siquiera a ponerlos en duda, aunque lleguemos a ser conscientes de su inutilidad actual.

La vejez llega por falta de plasticidad en las conexiones neuronales, como la fatiga misma, dice Deleuze.  Es un repliegue a las opiniones establecidas, a los conceptos de siempre que se vuelven todavía mas rígidos y los tópicos aparecen como cantinelas constantes del que no tiene nada que decir. Deleuze, antes de llegar a ese estado, utilizó la máxima de su propia libertad, que es poner fin a la vida cuando uno mismo quiera. El problema es que para esa falta de plasticidad no hace falta llegar a la vejez. Hoy en día, muchos chavales son ancianos porque sus conceptos son tan rígidos como el del legionario del tercio de Cartagena o del proletario que estuvo en Rusia.

Para ser un chaval, no hace falta tener una edad determinada ni ningún tipo de experiencia o de estudios. Solo hay que tener la capacidad de destruir, la Desktruction que llamaba Heidegger.  No es otra cosa que romper las opiniones establecidas, que es un modo de replantear y reconstruir nuevos conceptos mucho mas pragmáticos que los que eran útiles hace 30 años. Con la velocidad actual, la anamorfosis o esa estética de la desaparición que explica Virilio, no hay tiempo para formar conceptos propios. Por ese mismo motivo, muchos de los chavales de hoy son viejos antes de tiempo, porque no pueden detenerse a dar forma a ningún concepto ni mucho menos plantearlos o replantearlos. Se quedan con los que les dieron masticados en su infancia. Solo les da tiempo a aceptar los cuatro primeros conceptos que aprendieron, sean de la índole que sean y con eso tiran del carro.

Así, los nuevos chavales somos los viejos que nos paramos a destruir, repensar y replantear nuestros propios conceptos. Nos reseteamos en una espiral, en una anábasis del tiempo propio. Lo más interesante es que si alguien nos quiere oír, le podemos ahorrar treinta años de un plumazo, como alguna vez le digo a mi hija. No es experiencia, es la destrucción del concepto. Eso es ser un chaval.

El mejor de los mundos posibles

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas febrero 7, 2012 @ 9:11 am

Dice Leibniz que vivimos en el mejor de los mundos posibles, ya que cualquier elección que realicemos es la mejor que podíamos hacer dadas las circunstancias. Para Leibniz todo el universo es una armonía preestablecida en conveniencia, lo que significa que cualquier hecho que ocurra en cualquier parte del universo influye aquí y ahora. Su idea del tiempo relacional es que cada suceso, cada acción está determinada por una transmisión relativa de sucesos. Por tanto, la elección que hemos realizado para cada acción, proyecto, suceso o hecho está determinada desde el mismo momento en que se ejecuta. Ello implica que no hay lugar para la culpa y las lamentaciones de un condicional pasado en su forma “y si hubiera hecho aquello…” ya que no había otra respuesta mejor para cada acción determinada en sí misma.

Claro que esta idea es ver la vida desde el punto de vista del vaso medio lleno, ya que la mayoría de la gente piensa que estamos en el peor de los mundos posibles. Ello implica que cada acción que tomamos está equivocada desde el principio, porque siempre hay alguna mejor que se podía haber tomado. No cabe duda de que la búsqueda de la acción perfecta, de la respuesta acabada e irreprochable de cada hecho es un progreso en el proyecto del hombre mismo, pero no es real. Si cada acción tiene múltiples variantes y todas ellas están sujetas a revisión, o el hombre tiene que convivir con la culpa del condicional pasado o en la inacción por la incapacidad de soportar esa culpa. El problema es que si la responsabilidad de la acción es del hombre propio y este tiene muhas opciones, pero tiene que dar cuentas de sus equivocaciones, la culpa se tiene que expiar como si fuera un pecado y el castigo por ello es esa corrosión interior del que se siente culpable ante las acciones que se creen no correctas. Esta idea de la acción del peor de los mundos posibles es ver el vaso medio vacío.

Por tanto, es cuestión de perspectiva, de interpretación propia de cada uno lo que quiera elegir, si vivir en el mejor de los mundos posibles o en el peor de ellos. En el mejor de los mundos posibles no existe la culpa ni las lamentaciones, solamente la acción armoniosa de conveniencia del tiempo relacional. La equivocación no es un pecado sino un estado que permite el conocimiento para la siguiente acción, que permite progresar al hombre en armonía con el tiempo relacional y a la vez el suyo propio del yo mismo. En cambio, vivir en el peor de los mundos posibles es vivir en la culpa de la acción nunca perfecta ni alcanzada. Es vivir en el pecado con el consiguiente castigo interior que nos produce el remordimiento, el mordisquear interior constante. Bueno, yo lo tengo claro, prefiero vivir en el mejor de los mundos posibles, que además no pago peaje, ya que no existe culpa sino composición y construcción de mi propia realidad interpretativa.

Actualizaciones en EXTático

Filed under: Logística — Gilberto Salas febrero 3, 2012 @ 6:40 pm

Dentro de los múltiples cambios que han habido en EXTático, todos para bien, hay algunos que me gustaría resaltar.

En primer lugar, hemos actualizado la web de EXTático. Dentro de los cambios, hemos añadido la tienda online y un hilo directo a nuestro proyecto diver. Para seguir ese proyecto, es conveniente hacerlo por Facebook o Google +, ya que las actualizaciones son semanales.

Con respecto al diver me imagino que estará terminado en julio o en septiembre. Quizá un poco lento para algunos, pero nuestra idea es que salga perfecto y que nadie tenga ningún tipo de queja. Por eso hemos tenido que repetir todos los prototipos para poder mejorarlos al máximo y terminarlos como debe ser.

Por otra parte, tenemos entre manos otro proyecto bastante avanzado, pero lo mostraremos una vez hayamos repartido los diver que estamos realizando. Este proyecto consiste en otro reloj diver, que espero que también guste. Asimismo estamos hilvanando otro proyecto un tanto más conceptual cuyo camino estamos trazando pero no conocemos el final. No sabemos qué va a salir de ese proyecto, pero es mas bien de investigación de formas dentro de programas generativos en base a conceptos basados en nuestra particular idea del tiempo.

Por último, estaremos en Baselworld durante los días 10, 11 y 12 del próximo mes, para ver las novedades de que se presentan y alguna cosilla más que puede ser interesante para nuestra marca.

La franqueza no vende

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas febrero 1, 2012 @ 4:50 pm

Desgraciadamente al español no le gusta la franqueza. Prefiere las palabras bonitas, el sí a todo, que no la claridad en la propuesta, ya que la franqueza misma implica seriedad y esfuerzo. Contrariamente, el español es escéptico por naturaleza y es muy contradictorio porque se deja seducir por el lenguaje adornado del encantador de serpientes, cuyo personaje conceptual es el tombolero, del cual ya hemos hablado anteriormente.

La franqueza es un adjetivo del ser franco, que significa ser leal en el compromiso y sincero en la verdad. Es el ser noble y ello implica una obligación con el consabido esfuerzo. Ser franco en el trato, en los negocios, en las relaciones personales no es un valor que se aprecie mucho aquí en España. A Los españoles no nos gusta que nos digan las verdades a la cara. Por eso, los mismos políticos que son francos no pueden salir elegidos nunca, ya que con su franqueza nos dicen lo que no queremos oír, que vivimos en el país de nunca jamás.

En las relaciones humanas, el franco puede ser tachado de grosero si hablamos de países de Latinoamérica. En España mas que grosero se le tiende a desacreditar de múltiples formas. Nadie se cree que pueda cumplir un compromiso porque la mayoría de las veces se proyecta el propio carácter. Por eso mismo, el franco genera escepticismo y suspicacia, que de eso aquí nos sobra. La sociedad española es excesivamente paranoica y a la vez contradictoria. Nos dejamos llevar por la música tomboleril, en cambio, somos muy reacios a reconocer la verdad de alguna propuesta seria y noble. Si alguien afirma con convicción que puede ofrecer algún servicio, pero que hay que considerar un trabajo de equipo o algún tipo de esfuerzo para realizarlo, ya vemos el gato encerrado. Si un profesional nos explica que puede conseguir alguna cosa, pero lo expone de un modo sincero, real o taxativo, recelamos de sus palabras porque implican un trabajo común de confianza mutua. En cambio, si el que promete, da igual que sea profesional o no, nos adorna el producto, el servicio, el favor o lo que sea que pueda conseguir y si ello resulta sin ninguna implicación de la voluntad, entonces nos convence.

En España todavía hay gente que cree que los conejos salen de las chisteras y que las cosas se producen sin esfuerzo ni trabajo ni estudio. Por eso, sorprende el hecho de que en el extranjero se valore el trabajo profesional solamente con el ser franco, con la verdad por delante. No sé de dónde procede nuestra permanente paranoia a la franqueza, pero si no empezamos a confiar en el ser franco del que dice la verdad, poco podremos hacer para salir de esta crisis.