EXTático

Junto a la noche

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas diciembre 27, 2011 @ 3:40 pm

Es el título de la traducción al español de la novela de ciencia ficción Alongside Night de J. Neil Schuman escrita en 1979. La trama se desarrolla en un futuro no lejano en Estados Unidos, donde un gobierno federal agotado por la falta de dinero que carece de valor, con una gran crisis inflacionaria, domina a través del Estado a los ciudadanos. Cada vez en mayor medida, estos ciudadanos van perdiendo sus hogares y las filas de desocupados van llenando las calles de las ciudades. Muchas empresas van cayendo en quiebra y desaparecen, con lo cual proliferan los contrabandistas, que hacen uso de la tecnología para lograr que las nuevas empresas más intrépidas, no puedan ser detenidas por el control totalitario del Estado.

El protagonista es Elliot Vreeland, hijo de un economista premiado por el gobierno, que dentro de este marco tan asolador se une a un grupo de mercenarios agoristas, que se dedican a defender como unas nuevas sociedades de protección privada, a las empresas y ciudadanos que practican la contraeconomía. Ese es el modo práctico que usa esta organización para agorista para llevar a cabo la revolución y tumbar el gobierno totalitario del Estado en la novela de N. Schuman. Conforme se va desestabilizando la situación, el Estado aumenta el control sobre los medios de comunicación, los impuestos, la burocracia, el comercio y todos los sectores donde alcanzan sus tentáculos. Al final se colapsa el sistema, con lo que el Estado desaparece y el sector privado introduce una nueva infraestructura, basada en el mercado libre a partir del inicio de la contraeconomía.

La contraeconomía es un concepto de mercado revolucionario que introduce S. Konkin como primer estadio para conseguir llegar al mercado libre. Consiste en una economía que propugna la economía sumergida y toda acción humana no agresiva de acción directa contra las normas, tarifas, impuestos, etc. que grava el Estado sobre los ciudadanos. Este tipo de acciones en que se fundamenta la contraeconomía, permite la liberación del control del Estado y la instauración inmediata en las empresas de una lógica para saber qué reglas romper y cuál es el momento. La acción contraeconomía se rige por el principio del riesgo en la búsqueda de beneficios, que no implican que sean beneficios monetarios, sino un valor subjetivo del rendimiento y de la utilidad.

Si nos basáramos en la trama de esta novela, en España estaríamos en un periodo revolucionario, ya que la contraeconomía de la economía sumergida alcanza un 21 % del PIB. Ello implica que casi una cuarta parte de nuestra producción se encuentra al margen del control del Estado y estaría dentro de los parámetros revolucionarios de S. Konkin. Claro que las otras terceras partes, están sujetas al control normativo y reglado del Estado, que debería de cambiar los parámetros hasta ese nivel para colapsarse.

En la novela, los mercenarios agoristas se basan en el pensamiento de Konkin sobre el agorismo. La ideas de S. Konkin parte de que existe una lucha de clases, entre la clase política y la clase emprendedora. La clase política en realidad son todos los hombres que prefieren la estabilidad antes que el riesgo y sus acciones se dirigen a gravar de alguna manera al emprendedor. Por ejemplo, el trabajador como clase política dentro del Estado es un sicario a su servicio, donde la verticalidad se invierte y el verdadero director de la empresa es el contratado. Esa norma impositiva y reglada como contrato laboral legislado de carácter estatal, impide al emprendedor ser autónomo rigiéndose por los intereses del sicario del Estado, que con su demanda de estabilidad, lo que produce es una rémora para cualquier empresa emprendedora. La otra clase de Konkin es la clase emprendedora, que prefiere el riesgo a la estabilidad y el beneficio como valor subjetivo para él para el otro. La mentalidad de lo político, según Konkin, es aprovecharse del emprendedor con todas las normativas impuestas para beneficio de su pretendida estabilidad.

Ahora bien, este pensamiento no deja de ser una lucha entre el uno y el otro, cuando en realidad la lucha es con uno mismo, el yo que intenta comprender el tiempo. El tiempo, desde el punto de vista de lo medido es una regla, es un impuesto, es el Estado internalizado en el yo de cada uno. El sujeto se sujeta a sí mismo por ese control del tiempo previsible y estable en cada una de sus acciones. Así, trabajo es igual a tiempo, salario, contrato, rutina, que lleva a la desgana y a la falta de esfuerzo. La otra manera de comprender el tiempo es el de la acción, la producción propia, el proyecto de vida, que se basa en lo aleatorio, lo inestable y el existir, que es la posibilidad en sí de obrar como sujeto propio y sujeto a uno mismo. Así el trabajo no se entiende como un tiempo bajo el dominio del salario o de la rutina sino sobre el existir. Pensado de este modo, el trabajo es sinónimo de acción propia y no está supeditado a la rigidez normativa de un Estado introyectado como tiempo medido. Es el mismo proyecto de vida en que consiste el vivir.

Muchos de los españoles o de los que vivimos en este territorio somos un poco agoristas o por lo menos en la realidad actual, aunque no seamos conscientes de ello. Los agoreros de los políticos, que no los agoristas, piensan que no podemos vivir sin las reglas que nos impone el Estado. Por lo menos en España casi un tercio vive fuera de estas reglas y en un agorismo no consciente. Quizá son ellos los primeros revolucionarios del nuevo orden social y todavía no lo sabemos.

La representación y el icono en el diseño

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas diciembre 17, 2011 @ 10:48 am

La representación y el icono son dos formas de conocimiento de la realidad desde un punto de vista extrínseco e intrínseco. Lo extrínseco pertenece a una realidad de formas geométricas, euclidianas donde la representación es una figura, un cuadro, un esquema que se forma en la mente del individuo como proyección de un ser externo de superficie. Este cuadro de geometría contiene accidentalmente cualidades que los conforman, siendo extensiva y específica en cuanto que los límites son morfológicos, orgánicos, separados y no relacionales sino más bien contiguos, adyacentes, fronterizos y lindantes, pero formados por exterioridad. Existe una oposición por contrariedad en la forma representativa que la identifica separada y diferencialmente.

La representación emana de un objeto y contiene su realidad en cuanto ese objeto esquematizado tiene un significado. Representación, objeto y significado equivalen a plasmar una realidad análoga, equivalente pero cada una de las partes separadas de la otra, y por tanto, débilmente cohesionadas por similitud o semejanza, cuyo camino es la trascendencia. No se duda de la realidad extrínseca pero es superficial, fenoménica, separada y repetitiva. La representación es repetición en cuanto las formas geométricas que expresan al objeto contienen el mismo significado diferencial, análoga incluso en las mismas identidades que define. La representación “árbol” sirve para todo tipo de género y diferencia específica, cualitativa, generalista y universal, como condición de un conocimiento de la realidad máximamente compartida, no original, lo que supone ser una imagen que copia esa realidad externa y experimentada casi fotográficamente.

Para la forma de conocimiento representativo lo verdadero es lo superficial, extensivo y material entendido como realidad física de la cosa que se esquematiza de un modo claro y separado en una subjetividad sujeta a la forma geométrica del objeto. Esa realidad es trascendente en cuanto es radiación del objeto sea por definición o por figuración, una realidad separada y desligada al hecho de conciencia, aunque sea adecuada al signo. El sujeto entonces no es causa formal del objeto en la conciencia, y por tanto, la representación será una reproducción nunca un original, ya que es representativa y figurativa de la cosa copiada.

El diseño es un trazo o un figura, el dibujo de una forma. Desde el punto de vista de la representación el diseño sería la copia de un objeto al que el dibujo lo conforma. El diseño representativo sería de superficie, a partir del conocimiento de las formas euclidianas que emanan de la cosa o de la realidad física extensa. Sería lo limitado en cuanto está separado y separable de lo contiguo, sin estar cohesionado ni relacionado salvo por un contexto de funcionalidad. El diseño de la representación es extrínseco y específico, análogo por semejanza a una realidad física que se expresa en la copia formal figurativa, calcada de lo extenso/externo. Si consideramos al diseño dentro de una realidad interpretativa o hermenéutica, contiene una etimología que lo vincula al concepto como un pensamiento que se expresa por palabras y se conforma, lo que implica una mayor participación del hecho de conciencia. Hay entonces una relación de la realidad que pasa a ser comprensiva del concepto o del pensamiento a través de la palabra. Sería marcar el territorio o delimitar el concepto. En realidad, diseñar proviene de la palabra italiana designare que significa delimitar que se usaba para delimitar la ciudad por medio del arado, urbem arado designo. Este delimitar es un términus, los postes que limitaban un territorio, que era la palabra latina que se usaba para el límite como un concepto. El pensamiento se limitaba por el concepto, se diseñaba por la marca con el arado en el territorio. Los postes, los hitos, conformaban la expresión conceptual del diseño. El diseño es la expresión intrínseca del concepto, del pensamiento conformado. A este tipo de diseño yo lo llamo Icono.

Un icono es la comprensión de un concepto conformado a partir de una realidad intrínseca, que equivale a la expresión conceptual delimitada a través del diseño de un hecho de conciencia de una subjetividad yoica. Es el pensamiento construido intrínsecamente a partir de un sujeto propio, que expresa sus propios hechos y productos de conciencia como su propia realidad histórica y no de formas geométricas sino de formas de significación. El límite es una fuerza que aúna lo diverso a partir de un sentimiento del yo. El icono se convierte en un nuevo espacio de significación conceptual como producto de un yo que lo conforma espacial y materialmente, que expresa un término pero no reproduce una forma sino que produce una fuerza expresiva que tiene que ser comprendida. La forma de la fuerza es el tiempo, y es lo mediado entre el mundo inteligible interior intrínseco y el mundo de los fenómenos exteriores y extrínsecos. Por tanto, la esencia del diseño como icono en cuanto es forma de la fuerza es el tiempo y este es el yo propio. Sin una fuerza es imposible trazar líneas ni el movimiento, ese trazar líneas, el delimitar el diseño como icono. La fuerza hace inteligible al concepto, hace comprensible a lo determinado determinable de la forma del tiempo, el icono. El icono es a la vez sujeto y objeto como expresión de la forma del tiempo propio.

La comprensión del icono proviene del impulso estético. La comprensión implica que no existe una separación entre el concepto como pensamiento y el tiempo propio que lo interpreta o comprende, que es el yo. Además el comprender es una función de relación en el conocimiento intrínseco, que equivale a entender o percibir que existe una conformación productiva entre el yo  y el pensamiento/idea/objeto. El comprender no es una acción basada en la lógica racional sino más bien es una acción aprehensiva, como penetración de lo intrínseco, además de ser correlativo en la misma serie de transformación productiva dinámica y activa.

El icono es un concepto comprendido como constructo, cuya función es el conocimiento intrínseco del significado histórico de la unidad estructural vivencial, que se expresa delimitado por el trazo o de las líneas que lo forman, conforman y transforman. Es una realidad activa del vínculo inmanente sujeto/objeto expresado como tiempo propio en el marco de un contexto, por lo cual ese concepto como constructo contextual es una forma topológica. Es un espacio de significado de relaciones de superficie y de profundidades para la comprensión de una función de conocimiento. Es la parte más objetual de un escorzo del que puede formar parte e incluso dos o tres a la vez. Es la realidad actual/virtual del diseño delimitado como concepto/constructo que a la vez es sujeto/objeto transformado en espacio/materia relacional, y por tanto, no separable.

La representación como lo representativo en el diseño se acerca a un estadio de superficie en el conocimiento tanto de la forma como del trazo en sí. Es el dibujo como copia sin originalidad ni contexto, como expresión de un mundo patente, geométrico y euclidiano. El problema está en que el diseñador se detenga en este tipo de conocimiento representativo y comprenda la realidad solamente desde lo externo o extrínseco dejando de ser creativo. El producto materializado desde el punto de vista de la representación, siempre será un objeto sin parte de sujeto, ya que es representación de la copia. Por otro lado, el icono es el sujeto/objeto materializado en una realidad a la vez actual/virtual que debe de ser sentida y comprendida intrínsecamente, en una relación con respecto al impulso estético intersubjetivo. Los sujetos se hacen a la vez objetos al participar por el sentimiento estético de la visión, el tacto o los sentidos en su encuentro con el icono. El icono necesita del encuentro para ser comprendido y no la simple mirada de lo representativo del conocimiento externo.

Conformar y transformar un concepto en un icono para ser comprendido es la máxima tarea que puede aspirar un diseñador, sea filósofo, escritor, pintor o lo que sea ya que en realidad es un creador. El creador es el que da forma al trazo, a la línea por medio de su propia fuerza que es el tiempo, de un modo activo, ya esa actividad es la propia realidad mostrada como función del tiempo propio. Este texto es un icono.

He extraviado todo el año 2011

Filed under: Etcétera,Filosofía — Gilberto Salas diciembre 11, 2011 @ 9:49 am

La semana pasada en la consulta me di cuenta de que estábamos en el 2011 y no en el 2010 como había creído durante todo el año. Tanto hablar del tiempo propio, de la acción de que el tiempo medido es de la existencia inauténtica, que realmente no sabía en qué año estaba. Claro que esto lo hago extensible al mes, al día de la semana o a la hora, ya que mi reloj es lo que me pide el cuerpo. Por eso no llevo reloj aunque los venda, salvo para ver las formas y sus sensaciones estéticas.

Me vino a la cabeza después de esto, la escena de Rollerball (1975, por si acaso) donde Jonathan va a Suiza a consultar a Zero, la computadora que guarda todos los libros que las corporaciones han suprimido, clasificado y almacenado en ella. El programador lo recibe con mucha alegría, pero pronto le muestra su consternación por la desaparición de los archivos de todo el siglo XIII. Para su propia tranquilidad le explica a Jonathan que tampoco había nada importante en ese siglo, solamente Dante y unos cuantos Papas corruptos. Quizá yo estaría un poco más afectado por la desaparición de Alfonso X el sabio y su escuela de traductores de Toledo o el Opus Oxoniense de Duns Escoto, pero si hacemos un poco de caso a la Escuela de Annales, la verdadera historia no es una historia de fechas sino de la gente que la vive, de sus mentalidades. Esta nueva historia no documenta y ordena los hechos de un modo positivista por fechas, sino que alcanza a un análisis de estructuras económicas, sociales, culturales dentro del contexto, indagando en mayor medida en la lingüística y los sistemas estructurados de pensamiento, además de los citados anteriormente. Los de la Escuela de Annales no estarían muy afligidos tampoco con la desaparición de Dante o de los Papas corruptos, ya que ellos establecerían una línea de relación entre los siglos que enlazan al siglo XIII, para explicar esa multiplicidad espacio-temporal, sin menoscabo por la pérdida de los textos históricos.

La anécdota que me ocurrió la semana pasada se encuentra en una línea más propia del tiempo de cada uno como la idea de historicidad de Heidegger. Heidegger explica que la historicidad del ser-ahí, que primeramente es la de cada uno de nosotros en general y después en particular, sea un proyecto que no tiene que ver con fechas sino con una posibilidad de desarrollo y la comprensión de ello. Una historia de fechas se entiende como una sucesión y no como un proyecto o una tarea continua del yo de cada uno como tiempo propio.

También me atreví a esbozar una teoría del tiempo sociológica después de abordar el tiempo propio a partir de la historicidad de Heidegger y que ahora transita por la idea inmanente del yo fichteano. La teoría sociológica que expuse en el 2008, se basaba en que debido al alargamiento de la vida por el individuo y dentro de su proyecto existencial, lo cual hace que se expresen las diferentes fases sociológicas-temporales que yo describía como cósmica, natural, lábil/afectiva/jurídica, cronometrada, y por último, la fase de la frontera, que se identifica con el tiempo del emprendedor y del presurista que explicaba en algún post últimamente.

De todas formas, ya me ocurrió pero desde un punto de vista mas técnico, como a Zero pero las consecuencias de este año extraviado en el “software” contiene un sentido mas gracioso, que es interpretativo. Hay una escena El dormilón (1973) de Woody Allen sobre los objetos del pasado en que a Miles Monroe, el protagonista, le enseñan diferentes fotos del pasado, para que explicara a los sociólogos e historiadores del siglo XXII cómo era la sociedad del Siglo XX, ya que tenían poca información sobre aquella época. Miles da su propia interpretación de la historia, muy distorsionada si la observamos desde un punto de vista positivista y convencional, pero mucho más irónica. Si Miles es la fuente donde se informan esos futuros historiadores o Annalistas del futuro, la conclusión sería que me da igual la posteridad. Una fecha no se puede perder como un pasado que no se tiene dice Marco Aurelio. La historia la hago para mí mismo eligiendo e interpretando lo que mejor conviene siempre a ese dispositivo que se llama el temporizador .

La realidad es mágica. Simpatía e inmanencia

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas diciembre 9, 2011 @ 9:48 am

En principio, la realidad es objetiva cuando se habla de trascendencia, pero la realidad es mágica en cuanto hablamos de inmanencia. Señalar que la realidad es mágica se debe a que la inmanencia es simpatía como relación, no localidad o no-separabilidad. La realidad objetiva es la realidad material y física, medible de la estructura de lo que es percibido. La base de esa percepción es representativa en cuanto es un concepto exterior a una conciencia. Esos conceptos contienen una realidad física material estructurada como campo, acontecimiento, entidad, etc, pero siempre abocan a una magnitud física, incluso para las entidades no visibles del espacio, pero sí medibles. La realidad objetiva pertenece a una epistemología de la medida.

Los estudios de Heisenberg para medir la realidad no visible concluyeron en su principio de incertidumbre. La realidad se puede medir pero con diferentes resultados, ya que la incidencia óptica de los instrumentos utilizados para medirla alteran las mediciones con resultados aleatorios. Concluye Heisenberg que la realidad también es aleatoria y que la verdad no es necesariamente estable. Esta aleatoriedad en la medición ponía en duda el principio de separabilidad de los objetos, donde el medidor y la medición eran completamente determinadas, y por tanto, la realidad objetiva estaba separada. Ello conlleva a seguir investigando en otro tipo de realidades estocásticas, relacionales, conexionadas, que no se expresen por lo que determina un enunciado medible de lo representativo del objeto real.

Einstein, Podolski y Rosenqueriendo demostrar que la realidad era objetiva, a través de la crítica a la mecánica cuántica, explicaron que deberían de existir unas variables ocultas para describir esas acciones fantasmales que supondría una realidad aleatoria incierta y conectada entre sí. Debería de existir un entrelazamiento cuántico para que la mecánica cuántica pudiera responder a las tesis de Heisenberg y para ello esbozó la paradoja de Einstein Podolski y Rosen donde la tercera premisa explicaba que esas variables ocultas o esas acciones fantasmales implicarían acciones mas rápidas que la luz, pero eso era imposible y por tanto la realidad era separada y no estaba conectada entre sí. La teoría de Bell sobre las variables ocultas y los experimentos de Aspect han dado un vuelco a la realidad objetiva. La realidad, según estos estudios está conectada en un plano profundo, no separable ni localizable. Esa realidad conectada en un plano profundo sin espacio ni separación era una realidad mágica en la Edad Media y en la Antigüedad helénica de los estoicos y se llamaba simpatía.

La simpatía era un concepto físico, un organismo vivo que era el universo. Este universo estaba totalmente conectado por algo también físico que los estoicos llamaban pneuma. La propiedad mas importante del pneuma era el tonos como tensión o vibración, lo que equivaldría a ese entrelazamiento cuántico de vibración inmediata de los electrones sin localización ni separabilidad. Esta conexión implicaba que cualquier perturbación en el universo repercutía en ese todo que era el universo vivo. Los efectos serían transmitidos no por una acción continua sino entrelazamiento, por simpatía llamaría a esto los estoicos, que según ellos justifica la adivinación. Los acontecimientos futuros se pueden predecir porque cualquier evento reacciona ante cualquier otro.

En la Edad Media la simpatía también era una realidad para el conocimiento relacional. Foucault explica en Las palabras y las cosas que antes que el conocimiento fuera objetivo y representativo era por similitudes y relacional. Con respecto a la simpatía explicaba que no había ninguna distancia supuesta, ni ningún encadenamiento prescrito, lo que significaba un estado libre en las profundidades del mundo o lo que es lo mismo una realidad no objetiva que no surge no del contacto ni de la localización. Es la epistemología del siglo XVI, una función que se aplica en primer lugar a lo semejante como conveniencia, emulación analogía y simpatía, dice Foucault. Es una concepción del mundo cubierta de signos que hay que descifrar, unas formas mágicas que hay que conocer como realidad profunda.

Bell y Aspect nos llevan a replantear una nueva epistemología o más bien la deconstrucción de la epistemología actual, para reconstruirla a partir de la epistemología de los estoicos y de los magos del siglo XVI como Porta, Paracelso o Campanella. Es la línea que emplea Feyerabend con su “todo vale” cuando incluye la magia como una fuente de conocimiento o Deleuze en filosofía cuando se acerca a la brujería, explicando que no practica un orden lógico en el conocimiento orgánico y representativo en su libro con Guattari Mil mesetas. En el campo científico, que se acerca mas a una explicación objetiva de la realidad conectada y fundamentada en un todo, se encuentran los estudios de David Bohm y Karl Pribram con el modelo holonómico de funcionamiento del cerebro

David Bohm explicó que las partículas están gobernadas por una especie de potencial cuántico y no están movidos al azar, con un cierto determinismo no localista. Esto lo mostró en un experimento junto con un israelí llamado Aharanov, donde encontraron que los electrones son capaces de “sentir” un campo magnético en regiones donde el campo es de intensidad cero. Es un claro ejemplo de interconectividad cuántica. En 1989 Alan Aspect demostraron que las partículas pueden viajar y responder a estímulos instantáneos a distancias muy superiores a la luz. A partir de estos experimentos muchos han sido los que han puesto en duda la realidad objetiva. La realidad objetiva es un modo de conocimiento de la trascendencia y no puede ser obviado por ningún tipo de experimento que intente demostrar lo contrario. Por otra parte, sí que se puede ampliar el campo del conocimiento a partir de la inmanencia, que es el campo profundo de interconectividad del todo, lo que se llamaba simpatía por los estoicos y los eruditos medievales. En la inmanencia todo está conectado, sea de un modo abstracto o concreto pero real, que en metafísica se llama relación, actividad, todo, caos, Dios, nada, deseo, ser, indeterminación, reciprocidad, substancia, Yo o simpatía dentro de los muchos sinónimos que se pueden exponer.

Pensar la inmanencia como epistemología implica comprender unas series de acciones muy diferentes a la lógica de la representación. Mas bien entramos en el campo de la intuición, de la relación o de la imaginación, que en muchos casos se ha llamado magia, pero en realidad es la clásica simpatía de profundidad como los estoicos, medievales y Bergson o de superficie como la de Hume, Adam Smith o Husserl. La mayoría de las acciones que nosotros realizamos al día se hallan en este sentido. Le compramos a alguien o algo porque nos resulta simpático. El mercado trabaja por intuiciones y no por la lógica racional. El amor no es precisamente un conocimiento de pura racionalidad. Los médicos toman decisiones de un modo rápido más intuitivo que puramente racional. Presentimos el futuro como los estoicos, por intuición pero no por lógica. Muchas hipótesis se basan en la lógica de abducción, que implica un componente adivinatorio profundo o por intuición, como si tuviéramos un sexto sentido. Pocas veces planeamos las situaciones de un modo lógico y racional. Seguramente solo lo podría hacer Sherlock Holmes, que si nos lo planteamos verdaderamente él sí que era un personaje mágico.

El temporizador

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas diciembre 6, 2011 @ 8:48 am

El temporizador es el yo como un dispositivo para el control del tiempo. Si el tiempo es el yo, ya que este es pasado, presente y futuro desde que es consciente de que piensa, entonces se convierte en un sistema estructurado para el control del tiempo. Como tal, el control del tiempo supondría la capacidad de detenerlo si la velocidad no fuera consecuente con el ritmo de la acción. Asimismo, el temporizador puede prever el tiempo en cuanto es un fin, cambiar los objetivos y construir un nuevo plan, que equivaldría a reconstruir el futuro. Por último, el temporizador puede reactivar el sistema, resetearlo o reactualizarlo en el momento que considere necesario y en un momento determinado, ya que el dispositivo siempre está conectado a la acción de existir. El dispositivo como temporizador  está activo constantemente, solo que es un regulador del tiempo, el yo.

El temporizador como dispositivo es territorial y está dispuesto a formar y conformar territorios. Estos territorios son modos de acción, de interpretación, de relación, de límites, de bloques de espacio-materia y tiempo que diferencian y marcan distancias manejando los medios y ritmos de la actividad. Estos medios y ritmos siempre están cambiando, ya que en cada momento se transforman. Si no existiera un dispositivo como sistema de control, no se podría establecer un territorio y entonces tampoco un modo de comportamiento, lo cual llevaría a una desterritorialización. Esto significaría una desyoización o falta de tiempo, ya que sin territorio no existe el tiempo.

Ahora bien, es el yo propietario de su territorio, y por tanto, del dispositivo como sistema de control de los medios y de los espacios físicos de actuación y de interpretación. Ello implica que los dispositivos heredados tanto genéticos como ambientales solo son materia para ser conformada o códigos para ser descodificados o tiempos del otro para ser destemporalizados. Es el yo como temporizador quien manipula los ritmos y no los códigos temporales de comportamiento como territorios sociales o parentales que intenta limitar al yo. Son excusas de los psicoanalistas o sociólogos los modos de comportamiento patológicos, cuya etiología según ellos procede de los padres o de una sociedad enferma. Estos territorios sociales o parentales no son tiempo, ya que el tiempo es tener conciencia de uno mismo como un yo que era, es y será. A partir de esta premisa comienza el verdadero tiempo y no el tiempo parental, social o colectivo, el tiempo de la gente que explicaba Heidegger, que en realidad serían dispositivos colectivos atemporales sin propiedad.

El temporizador como dispositivo territorial tiene una frontera, un límite, pero se entiende como horizonte de acción, como movimiento hacia un término, como un espacio de significación, interpretación y actividad. La frontera no es una barrera sino una membrana, osmótica, activa, porosa, de construcción permanente, ya que el temporizador es intensivo porque se construye en las circunstancias, en el territorio de interpretación y reinterpretación. El temporizador es recíproco en cuanto que los dos lados de la membrana son lo mismo con respecto al tiempo. Al ser intensivo no está separado ni es trascendente a lo externo sino que es lo externo y lo interno, y por tanto, inmanente.

Cada uno de nosotros mismos construye su propia realidad y la interpreta, su propio territorio como espacio de acción y de conducta con su dispositivo de control del tiempo. Lo que para uno es fantasía para el otro es su propia realidad. No hay mentiras ni verdades universales sino la acción del tiempo. Este puede ser controlado por el dispositivo que cada uno de nosotros tenemos dentro, en cuanto lo activamos al ser conscientes de que cada uno de nosotros, el yo de cada cual, es el tiempo. Esta unidad modular activa la llamo el temporizador.