EXTático

¿Estamos capacitados para innovar en España en el sector de la relojería?

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 13, 2010 @ 4:26 pm

La respuesta es sí, ya que desde hace tiempo se está innovando en varios sentidos, por ejemplo en nuevas tecnologías. Nosotros en EXTático fuimos los primeros que abrimos un espacio privado para los clientes de cada reloj, mucho antes que Patek por ejemplo. Además también fuimos los primeros en establecer la venta directa de relojes de nuestra marca por Internet, hace ya más de 3 años. Asimismo, somos los primeros que hemos suprimido el formato de papel para las instrucciones y la garantía, ya que se reciben en el espacio privado, al que se puede acceder con la clave que lleva grabada cada reloj.

Ahora bien, quizá el sector de nuevas tecnologías todavía no es un sector lo suficientemente valorado para que la gente lo considere una innovación, y por tanto habría que hablar de un sector productivo. En España, por ejemplo, se está introduciendo en el sector de la relojería nuevos materiales como es el asta de toro. La empresa Moragas Technologie ha logrado mecanizar esferas y encastres para cajas de relojes con ese material, que es muy difícil de mecanizar. Por nuestra parte, hemos diseñado unos puentes para un movimiento, que son los primeros que se fabrican en España a partir de programas de diseño y desarrollo industrial.

Pero, ¿se puede nacer algo más? Sí pero este tipo de sector productivo no es valorado por los gobiernos ni de las autonomías ni del central n por los bancos o por los Bussiness Angels. Está claro que el empresario tiene que apechugar con lo que hay, es decir, que las entidades financieras públicas o privadas no son unas ONG que estén repartiendo capital por ser un mero emprendedor. El problema es que parece bastante jocoso que se esté hablando continuamente de innovación desde todos los ámbitos cuando es una auténtica falacia. En España, salvo en el País Vasco, no existe ningún programa serio de apoyo a la innovación. Puede que se apoye financieramente a algunas empresas, pero suele ser por clientelismo, amiguismo o porque al concejal de turno le gusten los relojes, por ejemplo.

Para que exista un apoyo serio a la innovación hay que tomar el ejemplo del País Vasco. Por los años 1980 se alcanzó una especie de consenso entre las diversas formas políticas y empresariales para plantear un protocolo de trabajo que acaparara desde la educación, la innovación social y la innovación tecnológica con el esfuerzo económico dirigido a los sectores productivos de la sociedad vasca. En el resto de España la mayoría de las ayudas han ido a parar al sector inmobiliario o a otras compañías de capital riesgo, como apunta el memorándum de las sociedades de capital riesgo del año 2008.

Con el último informe Pisa, que indica que España continúa a la cola de los países de la OCDE en educación, con una mediocridad generalizada en un sector que es básico para la conciencia de innovación, va a ser muy difícil que en España se consiga establecer unas pautas para un desarrollo de una teoría social de la innovación. Si la mediocridad es la punta de lanza de la educación social y esta es la base para un desarrollo innovador y competitivo, no creo que a corto plazo pueda despegar el posible potencial de muchas empresas, ya que la apuesta está más bien en la palabrería y el amiguismo más que en un planteamiento razonado de lo que significa la teoría de la innovación social en España.

Mientras tanto, no nos queda más remedio que apechugar con lo que hay, muchas ganas de trabajar y mucha creatividad, aunque del asunto de la “plata” como dicen los argentinos más bien poco.