EXTático

Construcción en Inventor de un tren de engranaje y escape

Filed under: Ingeniería y Diseño,Movimiento — Gilberto Salas marzo 31, 2010 @ 3:04 pm

Prácticamente tenemos casi todos los elementos de un movimiento manual construidos en 3D en biblioteca de materiales. A partir de la idea del 6498-1 hemos ido conformando las piezas en archivo, para que una vez construidos podamos variar los parámetros (módulos, nº de dientes, alturas, alt/h, etc.) para conformar nuestro propio calibre.

En el render superior se observa la platina conteniendo a varios engranajes desde la rueda de centro al volante. Los rubís junto con el Incabloc superior se pueden ver a la altura virtual sin el puente.

En elrender superior se pueden ver las alturas para las tolerancias entre las piezas y las presiones hertzianas. Estas presiones son muy importantes de calcular ya que dependen de la fuerza de trasmisión del barrilete junto con la altura y longitud en el punto de contacto en los piñones y ruedas, lo que dará una presión de contacto correcta.

En el render superior se ve un plano del áncora junto con la rueda de escape y el volante. El áncora es de trazado semiequidistante al pico de impulsión del áncora. La rueda de escape se ha construido según los ángulos del plano de impulsión de la spaletas y los radiso de acción y de impulsión tanto en la entrada como en la salida. Creo que es el primer áncora que se fabrica en España en sólidos de 3D, los de la moral y eso.

Este render es para comprobar que el volante puede alcanzar un tamaño de 15mm sin perturbar las tolerancias necesarias entre este y la platina. Con un volante de 15mm y 0,70mm de altura, una virole de 0,85 para un momento de inercia de 90 mg/cm2 puede ser más que suficiente que nuestro amigo Juan ejecute este movimiento en Córdoba.

Esperemos que septiembre empecemos con ello una vez que hayamos presentado el Juntor en sus diferentes modelos.

EL tiempo relativo en Newton

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas marzo 28, 2010 @ 9:03 am

El tiempo relativo en Newton pertenece al vulgo, a los no instruidos, ya que el tiempo  como conocimiento en su realidad absoluta matemática, pertenecía a los astrónomos. El tiempo absoluto es físico y matemático, con lo cual cualquier principio de subjetividad no es causa para una hipótesis, ya que el tiempo relativo es vulgar y aparente.

El tiempo absoluto en Newton es asunto de los números reales de la matemática y del movimiento físico de un punto sobre una recta, desde el infinito y hacia el infinito. A pesar de  desligarse de la especulación y de la hipótesis, el tiempo absoluto de Newton se identifica con la eternidad y esta es Dios como afirma en el escolio general de los Principia. Para Newton, Dios es eterno e infinito él mismo y a él pertenece la duración y el espacio, porque perdura eternamente siempre presente. Es decir, si para Newton no se deben de admitir más causas de las que sean verdaderas y suficientes para explicar los fenómenos, el tiempo relativo es aparente, porque no se puede expresar desde una verdad matemática. Solo el tiempo absoluto lo sería si es revelado por una verdad matemática y física, como intenta demostrar a través de los números reales y el movimiento lineal.

Entonces, si el tiempo absoluto pertenece a la verdad necesaria de la matemática, entonces ¿el Dios de Newton es una ecuación? Si la hipótesis no son imaginadas en el pensamiento de Newton, sea por metafísica y por física o cualidades ocultas, ya que su filosofía experimental como él llama, explica las proposiciones que se deducen del movimiento, el tiempo desde la perspectiva de lo absoluto e identificado con Dios, no deja de ser una hipótesis, y por tanto, no existe. En realidad, el tiempo en Newton desde la perspectiva de la duración y eternidad absoluta que identifica con Dios, está fuera de los fenómenos y de las verdades que pueden ser explicadas experimentalmente. Para Newton, Dios, y por lo tanto, el tiempo absoluto es una verdad necesaria que existe siempre, pero que no demuestra como con las leyes del movimiento. La analogía que presenta, para comprender los modos de Dios, es la del ciego que no tiene idea de los colores, donde nosotros no los entendemos. Una analogía que la misma escolástica hubiera firmado para sí. Por ello, incluso explica que las cosas que existen en los lugares y el tiempo son debidos a la voluntad de Dios necesariamente. Al final de todo su discurso experimental, el origen del tiempo está en Dios, en la misma hipótesis del absoluto.

Si el tiempo es una realidad necesaria e hipotética para Newton en su vertiente absoluta, el tiempo relativo, siendo hipotético será la versión posible y teórica de la realidad convencional. El vulgo practica el tiempo relativo desde un punto de vista confuso, aunque en el fondo no abandona la misma precariedad del tiempo absoluto, en cuanto las dos clases de tiempo son manifestaciones inexistentes de algo que se pueda definir, dentro de las proposiciones de la matemática pura. El tiempo que se identifica con Dios no deja de ser en el fondo una mera especulación contradictoria dentro del pensamiento de Newton.

El tiempo relativo de Newton es el que usa la gente, el vulgo para medir con la ecuación vulgar del tiempo, explica en el escolio de sus definiciones en los Principia, los días, las horas, los minutos, que además confunden con el tiempo absoluto. Ese tiempo relativo y medido por las gentes es irregular, ya que el tiempo de los días no es igual, debido a que la duración no es absoluta y los movimientos de las medidas sensibles son desiguales. El problema no es tanto que el tiempo sea relativo o no, sino más bien como explica Newton, que el tiempo relativo de la medición se ha confundido con el tiempo absoluto. La mayoría de la gente confunde lo hipotético del tiempo medido relativo con lo absoluto, cuando en realidad el tiempo convencional es solo posibilidad y más aún, es relativo incluso en la medición. El mismo Newton ya dejó entrever el planteamiento de la relatividad y del tiempo propio con su noción del tiempo relativo de la gente

Por tanto, si el tiempo absoluto no existe o si existe es una hipótesis vinculada a lo no experimental, ¿por qué se continúa pensando que el tiempo absoluto se puede medir? ¿O por qué no se entiende que el tiempo relativo pertenece incluso al reloj que retrasa, al exacto o al biológico? Es debido a que todavía no hemos abandonado nuestra idea de necesidad, ya que lo posible todavía es pavoroso. Es lo incierto del futuro y la angustia de lo posible. En cierta forma, la medición exacta de un reloj nos ofrece la seguridad de lo regular y la certeza que las agujas van a marcar la misma hora, cuando hasta el mismo Newton explicaba que las mediciones de los relojes eran aparentes, hipotéticas y relativas. Siempre el miedo a no ser, ya que el ser de lo medido equivaldría al ser absoluto y lo que somos es la posibilidad incierta de ser nosotros mismos.

Diámetro interior de la espiral. Nivatronic

Filed under: Ingeniería y Diseño,Movimiento — Gilberto Salas marzo 26, 2010 @ 4:09 pm

El diámetro interior de la espiral es muy importante para escoger el tamaño ideal, ya que dependiendo de ello, hay un momento de inercia concreto. Por ejemplo, el Unitas 6498-1 tiene un radio de 0,75mm, que equivale a un diámetro interior de 1,5mm. Esa espiral está enganchada a un manguito o virole que dará el diámetro correcto.

El manguito antiguo del Unitas era una virole estilo greiner más bien clásica. Se ve que la espiral entra dentro del manguito. Ese manguito está dentro del eje del volante.

Actualmente lo más avanzado es una soldadura por láser del manguito a la espiral. Son las espirales con viroles Nivatronic.

En una espiral física se puede ver el manguito con la espiral soldada estilo Nivatronic de un Unitas 6498-1

En el render se puede ver el manguito encastrado en el eje del volante y el principio de la espiral.
Creo que el Unitas es un movimiento muy completo salvo por el volante. Por ese motivo muchos fabricantes lo cambian, ya que aumentando el momento de inercia, que es el tamaño del volante y el CGS, mejoran mucho la calidad del movimiento.

Rothbard y la acción del tiempo

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas marzo 23, 2010 @ 5:07 pm

¿Es colectiva la acción o es individual? Posiblemente Rothbard ha sido uno de los pensadores que más claramente ha expuesto la diferencia entre la acción colectiva y la individual. La mayoría de los filósofos se decantan por la defensa de los universales dentro de su pensamiento, ya que en su búsqueda de la verdad intentan huir de lo relativo, porque es sinónimo de variablilidad, singularidad, y sobre todo, de la individualidad. Lo individual parece que no es correcto dentro de la filosofía, porque es sinónimo de egoísmo, incertidumbre, aleatoriedad por la falta de regularidad absoluta.

Rothbard explica que la acción humana depende de los fines, del propósito de cada una de ellas. Se observa en este planteamiento el sentido escolástico del concepto, pero Rothbard hinca un poco más el diente a esta noción cuando plantea claramente a quien pertenece la acción como fin. La acción pertenece al hombre y no a las plantas o a los animales, ya que es parte de la racionalidad humana por la capacidad deliberativa de su propia naturaleza. Hasta aquí el asunto está claro, pero cuando se habla del hombre siempre se plantea como término universal, sea de un modo colectivo, general o social, lo cual implica un concepto del tiempo general y absoluto, pero no dentro del concepto del tiempo individual y propio. A pesar de que se puede plantear diferentes temporalidades en cada sistema y subsistema, al final es el tiempo propio el que contiene en sí mismo la capacidad dinámica de la acción. Esta idea es la que plantea Rothbard en al descripción de la acción humana.

Dice Rothbard que solo las personas tienen fines. No hay grupos, colectivos, sociedades o Estados que tengan fines, ya que no poseen existencia al margen de las acciones de sus miembros individuales. La acción directa de cada individualidad es la que da forma y origen a la acción de una sociedad, pero el Estado o el colectivo no tienen existencia propia sin los miembros individuales que lo constituyen. El Estado o la sociedad colectiva solo son significativos en la medida en que influyen en la decisión individual, pero el proceso deliberativo, la decisión y la responsabilidad final recaen en el individuo.

Toda vida humana tiene lugar en el tiempo, dice Rothbard y no se puede pensar que la acción humana exista independiente. Acción y tiempo van unidos en su expresión individual y no colectiva, en cuanto que lo colectivo no existe en sí mismo. Si la acción no necesitara de fines y fuera instantánea no existiría el tiempo, siendo este particular a cada uno. Por tanto, desde un punto de vista tan pragmático como el del americano, el tiempo es un bien escaso que hay que aprovechar. Si el hombre tiene limitado su propio tiempo, este se convierte en un valor que hay que rentabilizar.

En la acción, dice Rothbard, se puede distinguir tres periodos de tiempo. Un periodo anterior, el tiempo absorbido y el periodo posterior a la acción terminada. Son los estadios que necesita una acción en el tiempo de un hombre para conseguir un fin o un propósito determinado. Por tanto, el tiempo es el medio para alcanzar el fin elegido por ese individuo o persona. El problema surge por ese bien tan escaso, que es el tiempo, que en el momento de la elección, aparta otras acciones, modos o proyectos sin realizar. El individuo es un actor que elige y para ello utiliza su mayor posesión el tiempo limitado y posible. Desde este punto de vista, Rothbard entiende una cierta negatividad en cuanto hay muchas acciones que no puede elegir este actor y solamente las mas útiles y provechosas serán las que llevará a término. El individuo es el actor del tiempo que escenifica su propia obra en el mundo que le rodea para cumplir con éxito su función final.

El problema de la acción, dice Rothbard pensada como tiempo, es la introducción de la incertidumbre del futuro, ya que la existencia humana implica la posibilidad. Esta idea recuerda a la posibilidad del ser heideggeriano, que incluye la temporalidad de los tres periodos o éxtasis, como pasado, presente y futuro, donde el individuo es un poder-ser. En el caso de Rothbard, las acciones del individuo dependen de esa posibilidad como incertidumbre de la imprevisibilidad de los actos de elección y de la falta de conocimientos de los fenómenos naturales, lo que acontece en el día a día de la existencia, o ese ser para la muerte que explicaba Heidegger en una versión más suave.

Rothbard es un “maximizador” del tiempo propio. Él lo que pretende es que cada uno comprenda y se encuentre, que cada elección activa repercute en el provecho que pueda extraer a su propia existencia. En el día a día del teatro donde cada individuo es el actor principal, debe de ser consciente que su tiempo es limitado y debe de abandonar algunas cosas en beneficio de otras. Por tanto ¿por qué no elegir lo que más nos gusta y somos capaces de hacer, en lugar ir a la búsqueda de quimeras colectivas que dilapidan nuestro valioso tiempo? Esto no es ser egoísta sino un individuo que comprende la importancia de ser lo que elegimos. Somos la acción del tiempo propio.

El tiempo relacional en Leibniz

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas marzo 20, 2010 @ 8:12 am

Para Leibniz el tiempo es relativo y más que relativo relacional. El tiempo es una serie de sucesos relacionados entre sí, de tal forma que si no hubiera sucesos no existiría la relación. Esta relación equivale a decir que todo suceso es posterior a, simultáneo o anterior al segundo suceso, lo que implica una relación de lo anterior ya determinado por lo que va a venir. La idea relacional es más bien determinista en el sentido de que para Leibniz todo lo que constituye la realidad de las cosas está compuesta por las mónadas, que en sí mismas tienen programadas el destino de lo compuesto. Pero ¿por qué se puede decir que el tiempo en Leibniz es relativo? Es relativo en cuanto ese tiempo no es absoluto, que implica que esté fuera del individuo como algo real, sino que no existe como tal. Solamente existe como relación entre esos sucesos, lo cual implica a lo que acontece al individuo o a las cosas materiales. La noción del tiempo relacional sugiere que cada cosa contiene su tiempo propio, ya que si no es absoluto el tiempo es relativo a cada cual, es el tiempo propio de lo singular.

Todos estos sucesos son pliegues que acontecen en la materia leibziana. La materia para Leibniz contiene tres propiedades, continuidad, que no es separable como en Descartes, y que es elástica como si fuera un resorte. La noción de la materia como resorte explica que la materia se pliega y despliega en el tiempo dentro de su continuidad y son esos sucesos temporales que son los pliegues temporales del tiempo relacional. La materia se invagina por este resorte, que gracias al tiempo expresado en esos sucesos, que se relacionan entre sí produce que este dependa de aquella. Así, al ser la materia continua y plegada en el tiempo, todas las cosas están relacionadas entre sí tanto a nivel temporal como a nivel espacial. El espacio y el tiempo son una colección de relaciones, con lo que Leibniz se aparta de la concepción absoluta del tiempo.

La idea entonces de Leibniz en relación al tiempo estaba basada en que este pertenecía al cambio o a la percepción de que las cosas cambiaban. La idea fue básica en el pensamiento de Aristóteles, ya que en realidad más que número el tiempo era lo que percibía el alma como cambio, aunque se pudiera medir. Así, la metáfora del reloj en el tiempo relacional se expresaba un reloj que podía ser más o menos regular con respecto a sí mismo, pero en comparación con otro reloj el proceso era irregular, ya que cada reloj ofrece un “tiempo propio”. Es similar a la idea que presentó Einstein para su teoría de la relatividad, por lo que muchos encontraron en Leibniz el precursor de esta teoría.

Dentro de un universo continuo no cabe duda de que las ideas de Leibniz y Einstein estén conectadas aunque sea fragmentariamente. A pesar de que la ciencia avanza se mantienen los conceptores básicos en los que se piensa y esbozan las teorías, como funciones del conocimiento. La teoría de Leibniz tiene el mérito de haber sido planteada en una época de un universo mecanicista, separado y absoluto donde las cosas se crearon dentro de las leyes necesarias de las matemáticas y por las que se regían. Si bien Leibniz planteó la necesidad en las mónadas que englobaban todo el determinismo de lo propio, ya que cada una de ellas era diferente dentro del mejor mundo posible creado por Dios, en cambio los pliegues de la materia y de la razón equivalían al tiempo contraído y desplegado de una fuerza interna, relacionándolo asimismo con el espacio, una armonía preestablecida.

El tiempo relacional en Leibniz significa que todos los sucesos están conectados de alguna forma, debido a la continuidad de la materia y el resorte que la pliega y despliega. Cuando el tiempo es relacional entonces todos los sucesos no pertenecen a un tiempo mecánico del reloj universal, con lo que cada acontecimiento se relaciona tanto lo que ha sucedido como lo que va a suceder. Esta idea es interesante en el aspecto de que el alma leibziana, que es la mónada más la memoria comprende que el tiempo en la materia que se pliega contiene una visión propia del universo. Cada mónada y su memoria abarcan una perspectiva del universo, que en base a su propio pliegue dinámico entiende que las acciones que se realicen ahora, tendrán sus consecuencias con otras posteriormente así como provienen de algún suceso anterior. Este concepto del tiempo relacional concibe a la mónada el lugar contenido de todas las ideas, y el tiempo en cuanto es además memoria, único continente que puede cambiar por sí mismo. Son las ideas del yo que piensa no están en otros sino en mí mismo. Si existe en mí la potencia de ser cambiado de un modo determinado por contener todas las ideas del mejor universo posible, la potencia activa de cambiarlas solo aparece en mí mismo, en el yo mismo.

Las consecuencias del pensamiento de Leibniz de un tiempo relacional en una época en que el tiempo era absoluto y mecanicista no se advirtieron en aquel momento. Ahora incluso el análisis del tiempo en Leibniz se le achaca de esotérico y metafísico, aunque las ideas de Gödel del universo propio, de Einstein con el tiempo propio, que fragmentariamente conllevan parte de esos conceptos, incluso las teorías de campo y de la materia actual han dejado su perspectiva de una realidad positiva a ser más bien algo abstracto. Quizá dentro de una idea del tiempo más coherente, el tiempo relacional desde la óptica del tiempo propio sea más convincente en la actualidad, que el universo del tiempo y espacio mecanicista donde la realidad se juzga por lo que se puede medir y ya sabemos desde Heisenberg que existe una incertidumbre en toda acción de medición y por lo tanto del tiempo. El verdadero reloj sería el yo mismo.

La lealtad es un activo de futuro

Filed under: Concepto,Filosofía — Gilberto Salas marzo 15, 2010 @ 8:20 am

La lealtad es un concepto real y por tanto universal e individual, que siendo abstracto se hace concreto por su realidad. Es algo más que una virtud, un valor o una idea. Es un bien tangible en cuanto su despliegue y movimiento proporciona una forma al ser/esencia.

La lealtad como definición etimológica y conceptual proviene del latín, legis, que deriva a leal y de legalis, legal con su cultismo lealtad. La lealtad entonces es cumplir con la ley, que se diferencia de la confianza, que es más bien creer en la palabra dada. La confianza está más relacionada con la fidelidad, ya que se es fiel porque se cree en algo, confidere o con fe en alguna cosa. La confianza está vinculada al creer mientras que la lealtad se asocia al cumplir. Se puede confiar en alguien que nos engaña, en la publicidad engañosa o en quien tiene palabra, pero ello no significa que exista un acuerdo tácito entre las partes o por lo menos en estos tiempos. La fidelidad es creencia y esta puede romperse en cuanto no existe o no se continúa en algún momento del tiempo. La lealtad no exime el contrato tácito, la obligación adquirida, aunque parezca que confianza y lealtad van unidas. Si en tiempos antiguos se suponía que confianza y lealtad caminaban juntas como valores y virtudes, en los tiempos actuales, donde la modernidad material se mide por números, este tipo de caracteres éticos no existen, pero sí que son conceptos reales, que son construidos dentro de la individualidad del yo a partir de su universalidad. Se puede ser-leal hasta que el yo aspire a ser, construir y realizarlo como un activo de futuro. La lealtad es el acuerdo tácito o no de cumplir cada acuerdo que se realice en el presente con carácter de futuro.

Dice Luhman en Confianza que la sociedad no podría evolucionar sin confianza, pero no explica nada de la lealtad. Cuando subimos a un taxi en una ciudad, dice Luhman, confiamos en que este nos lleve a nuestro destino y el taxista que le paguemos. Pero si cuando llegamos al destino y una vez pagado el taxista, le decimos que espere y él acepta, pueden suceder dos cosas, que se vaya porque le ha surgido algo mejor o que aun así espere a que salgamos. Lo mismo ocurre con nosotros, que a lo peor olvidamos al taxista o cumplimos con nuestro acuerdo y salimos al taxi. Eso es ser-leal aunque el ejemplo sea muy simple.

En los contratos de futuro cuando se establecen entre ambas partes se obligan entre sí a adquirir o vender valores en una fecha determinada, con la esperanza de recibir un beneficio. Es una manera de cumplir la ley en un plazo establecido legalmente, que implica ser legal. Este contrato de futuro es el modo en que manifiesta el sistema de un modo muy material y concreto el ser leal a una firma, a un contrato que hay que cumplir, en base a la ley. Pero la lealtad es un concepto que aunque es concreto porque se puede expresar en la acción no deja de ser abstracto, aunque sea real.

Por tanto, dentro de los diferentes valores materiales y conceptuales que podemos elegir, ya que nuestra realidad es construida, la lealtad es un valor de futuro, que puede ser muy provechoso para nuestra relación diaria. No hay que verla como un valor moral que ya no se lleva o que se ha perdido, como la fidelidad, o un valor ético denostado e una sociedad con carencia axiológica. La libertad es quizá el mayor bien que podemos poseer, ya que nos permite diseñar a la carta nuestra propia realidad construida, sea axiológica, ideológica y en el mejor de los casos conceptual. No se trata de valores éticos o morales universales por los que nos queramos regir, sino por un cierto grado de utilidad propio nos puede servir, para convertirse en activos del proyecto de cada cual. 

Los beneficios de la lealtad en el cumplimiento de los contratos tácitos derivados de la palabra dada, la ley interna, la relación entre amigos, empresas, clientes, familia, trabajadores, van más allá de la confianza. Al cumplir siempre en una relación, sea del tipo que sea, el que establece esa relación con alguien leal siempre va a obtener un beneficio y el que es leal tendrá la satisfacción de cumplir con su trabajo y no de depender de las demandas externas de agradecimiento. Por ese motivo la lealtad es el mayor provecho que puede recibir alguien que cumple con sus contratos tácitos, sencillamente porque realiza y sabe que va a realizar su trabajo lo más correcto posible. Eso significa estar comprometido con su futuro y el futuro de su relación con los demás que le rodean.

Desde este punto de vista, la lealtad no equivale a un deber bajo el prima de una moralidad universal. Los universales se inventaron para evitar pensar. Solo eran copias de las ideas, pero cuando el universal es un concepto que contiene su misma realidad en lo individual entonces no hablo de moralidad sino de proyección. Esta proyección se estructura dentro de un constructivismo conceptual del yo mismo que elige sus propios conceptos para su propio proyecto. Así, un constructo conceptual como la lealtad es similar a la confianza, a la materia, la fuerza o la energía, ya que quien los estructura utilitariamente es el yo, soy yo. Dentro de mi propio armamentarium conceptual se encuentran todos los constructos que requieran el proyecto temporal que es la vida. Si la lealtad es un activo de futuro es porque me beneficia en sí mismo. Es parte del futuro de mi propia realidad.

Entonces ¿qué se puede explicar de la lealtad como constructo propio? Se trata de cumplir los contratos, las palabras que el mismo yo crea para sí. Mientras que los griegos pensaban que la acción cualquiera llevaba implícita su continuidad o su finalidad, en el sentido tanto ético como dianoético, moral e intelectual, con el descubrimiento del yo soy, la moral y la acción intelectual han pasado a un término individual, fundidos entre sí antes que universales. Es entonces que el constructor es el yo, que para que exista una continuidad donde no obra la moral concebida de un modo axiológico, se encuentra la ley personal para exigir ser cumplida. En esto consiste ser leal, cumplir las propuestas contenidas en el mismo yo que propone en el tiempo al tiempo futuro, siendo coherente consigo mismo. Por ese motivo la lealtad es un concepto propio como activo de futuro.

Revisión de la metáfora mecanicista del reloj

Filed under: Concepto,Filosofía — Gilberto Salas marzo 12, 2010 @ 7:16 am

En el siglo XVII el universo mecanicista era descrito como una máquina, donde el reloj mostraba analógicamente, todas las propiedades de las leyes que lo regían. El mecanicismo partía de la premisa de que la realidad se explicaba por una causa eficiente, sin ninguna causa teleológica, o lo que es lo mismo, que a una acción produce una reacción directa sin objeto final. La relación causa-efecto predominaba en la visión del universo mecanicista, cuya propiedad más importante era el movimiento.  Las tres leyes de Descartes sobre el movimiento, donde toda acción es por contacto y las mismas leyes de Newton, daban pie a la metáfora del universo como una máquina, que por aquel siglo el reloj era el exponente perfecto para mostrar ese mecanicismo. De este causalismo eficiente ha llegado a nuestros días un causalismo instrumental, donde la realidad y lo material es lo que se puede medir, sin intentar comprender las otras causas, formal, material y final.

Descartes comprendía que el universo estaba compuesto por una materia extensa, y por tanto, con dimensiones, lo que significaba que era separable. Era la cosa extensa, no amorfa, del ancho, el alto y el largo que componen la extensión de la materia, además de ser una unidad separable. Una materia que por ser extensa no tenía cualidades ocultas, ni fuerzas internas, sino cualidades primarias y secundarias. Unas, como propiedades como el movimiento, figuras, formas y otras, que se aprecian por los sentidos como los colores, sabores, olores. Así, todo era concebido como materia extensa en movimiento. Los animales, los hombres eran explicado mecánicamente, por lo que los autómatas poseían mucha atracción por aquella época, ya que se construían simulando esas partes de la materia extensa, que al fin y al cabo representaban el universo en movimiento.

En este universo mecanicista, la materia del reloj eran los engranajes separables y unitarios, que trasmitían el movimiento. La materia extensa concebida dimensionalmente por las ruedas de engranaje, encadenaban un movimiento, cuya acción se podía medir por las leyes universales y necesarias de la matemática de un modo necesario y determinado. No había lugar para lo aleatorio y la incertidumbre. El universo creado mecanicista era un gigantesco reloj, que actuaba bajo las leyes absolutas de la matemática, moviendo la materia extensa y separable de un modo determinado y preciso. Un universo perfecto creado de una vez, con sus leyes eternas que regirían el movimiento sin deterioro, el reloj sin rozamiento ni desgastes, con parámetros de puntualidad divina. Pero la realidad actual es aleatoria y no determinada.

Con Heisenberg y su principio de incertidumbre en relación a la medida de los mecanismos cuánticos, enseñó que no se puede medir el momento exacto de la desintegración de un núcleo radioactivo. Heisenberg mostró que el universo no está determinado por unas leyes necesarias, sino que es aleatorio, incierto, o como él explica con una regularidad aleatoria. Eintein propuso el concepto de tiempo propio para explicar la relatividad general con la paradoja del reloj. Dos observadores a distintas velocidades, con un reloj cada uno envejecerían de un modo diferente, con la conclusión de que el espacio y el tiempo son relativos a cada observador. Esto implicaba que no existe un universo mecánico absoluto, necesario, determinista para toda materia extensa y separable, sino que el universo es aleatorio, incierto y relativo a cada cual.

Lo curioso es que el primero que explicó que cada uno de nosotros es tiempo fue Descartes ante la duda metódica. Cuando él inició su ejercicio de introspección filosófica, la primera y posiblemente más importante antes del yo existo, es que él era. Es decir, para llegar a la conclusión de que él existía él se dio cuenta que antes había sido algo, tenía un pasado de ser tiempo. Antes de existir Descartes tenía un tiempo propio que era pasado. Con Heidegger el tiempo propio se convirtió en temporalidad extática, pasado, presente y futuro de cada cual.

Heidegger explicaba que el problema de la técnica era el causalismo en base a la relación entre el productor directo de la causa y su efecto, apartando las otras causa. En la metáfora del reloj mecanicista el productor del universo es Dios, pero en el concepto actual de la técnica, se ha sustituido al hacedor universal por el productor local de la causa eficiente. En realidad, las causas son cuatro, que en una nueva metáfora del reloj se pueden describir perfectamente igual. El reloj contiene una causa material, que es la materia que lo constituye. Hoy en día, el desarrollo tecnológico de los relojes se basa en los diferentes materiales de su composición. Acero, titanio, bronce, berilio, carbono, etc., son la causa material de lo que está hecho, siendo tetra partícipe de que la cosa sea. La causa formal es el el diseño, la estética y la forma que adquiere el reloj por parte de su fabricante, la causa eficiente. La causa final es su función, para lo que está destinado a ser. Esta función puede que haya variado y que no sea solamente la medición del tiempo, sino la compresión de las causas que lo implican con respecto a la trascendencia a las leyes necesarias y absolutas, que no plasman la realidad medible.

El reloj es la muestra perfecta de que el tiempo es propio. Es pasado en cuanto envejece con uno mismo. Se deteriora como el cuerpo propio, con su pátina, el desgaste de sus elementos, sus juntas, las rayaduras. El tiempo es movimiento en cuanto se percibe en el reloj de cada uno, pero es propio en cuanto soy yo el que le puedo dar la hora, mi hora, minutos arriba o abajo, sin la perfección de las leyes de la necesidad. Soy yo el que le da cuerda, le doy la energía y la fuerza interior para que funcione, el impulso que lo alimentará mientras yo se lo proporcione en el presente. Yo soy el motor de ese tiempo. El futuro es el mantenimiento que le daré para que las generaciones posteriores puedan seguir comprendiendo que el tiempo es propio, aleatorio por la misma irregularidad de los parámetros de medida que proporciona el reloj mecánico.

 Dentro del tiempo propio, la realidad es construida por nosotros mismos. Si la realidad es el existir en el tiempo, se construye gracias a los conceptos que cada uno va construyendo dentro de su proipio proceso de vida. La base conceptual del existir es construir los propios conceptos que nos ayudan a superar la responsabilidad de la vida. Eso es la nueva función del reloj, recordar cada día que el tiempo es de uno, y por tanto, soy yo quien construye la vida, mi vida. No es medir el tiempo sino vivir lo que ha pasado, pasa y pasará. Eso es el tiempo.

A la tercera fue la vencida

Filed under: Ingeniería y Diseño — Gilberto Salas marzo 8, 2010 @ 5:15 pm

Después de repetir tres veces la correa, al final lo conseguimos. Hemos fabricado la correa perfecta para el Juntor, pero para ello hemos tenido que diseñarla hasta tres veces para conseguirlo.

El material elegido ha sido caucho de poliuretano al vacío. Con ello, se ha podido hacer una serie corta, obviando el carísimo molde metálico. Aunque con el molde mecanizado se consigue hacer muchas correas más baratas, el acabado en serie no es el mismo que el acabado casi artesanal de las series pequñas. El inconveniente es que cada correa es muchísimo más cara por pieza, pero en cambio permite evolucionar el diseño, además de ofrecer diferentes colores individualizados para cada Juntor.

El primer prototipo fue con silicona pero con una dureza de 90 shore A y bastante mal terminada. El segundo prototipo fue con caucho vulcanizado de 50 shore A pero el diseño nos salió bastante deficiente. Ahora, el shore A es de 75, con una terminación perfecta, sin rebabas y con un ajuste perfecto a la caja. El color negro sólido es perfecto, junto con el ajuste de la hebilla. Se ve muy bien EXTático, además de las troneras diseñadas para que la correa no se pegue a la muñeca, las virgulillas de la ‘, que van en progresión de la Hora Española, HN, etc.

Con la esfera terminada, las agujas y todo lo demás, esta semana empezaremos a terminar las cajs, ya que necesitábamos estas correas para comprobar, otra vez claro, que la correa ajusta a la caja. Ya queda poco. 

Ojo. Todas las píezas están superpuestas, ya que no está montado. La caja es un prototipo que nos sirve para las formas, pero tampoco está correcta. Los Juntores terminados estarán por abril, mayo imagino.

Un saludo desde la Hora Española

Boletín de marzo EXTático-Hora Española

Filed under: EXTático — Gilberto Salas marzo 7, 2010 @ 9:25 am

Ya he salido el boletín de marzo con una novedad: el directorio. Hemos decidido crear un directorio web con todos los sitios, restaurantes, hoteles, productos, etc. que nos parecen interesantes para vivir bien y disfrutar de una filosofía del tiempo de la Hora Española.

BOLET͍N DE MARZO EXTÁTICO-HORA ESPAÑOLA