EXTático

¿Por qué no tomé la pastilla azul?

Filed under: Cuentos EXTáticos,Filosofía — Gilberto Salas octubre 11, 2009 @ 7:32 am


¿Cuál quieres? ¿Azul o roja?

Hay un momento grandioso en la película Matriz cuando Morfeo le plantea la elección del conocimiento de la realidad a Neo. Para conseguir el propósito y salir de la ignorancia, Neo tiene que tomar una pastilla roja o azul, con la cual el efecto que consigue será desenchufarse o no de la Matriz, que es quien gobierna la vida de todo ser viviente dentro de una realidad-virtual del ser colectivo. La Matriz es una especie de Uno-Todo del que dependen todos los pseudo individuos de ese mundo, cuyas circunstancias están en manos de la colectividad del ser virtual-real. Si Neo toma la pastilla azul continúa con su dependencia del ser colectivo, su realidad ignorante de la individualidad y del tiempo propio, con la rutina del tiempo medido. La pastilla roja inicia un camino sin fin o peor aún, con un fin ya previsto y angustioso, sin el conocimiento perfecto, ya que lo que se adquiere es la posibilidad de iniciar un proyecto singular, el esfuerzo privado, el camino pedregoso de la única individualidad, la del yo mismo sin depender del ser colectivo del tiempo medido de la Matriz. Morfeo le avisa que una vez que la haya tomado ya no hay vuelta atrás.

Muchas veces me pregunto ¿por qué no tomé la pastilla azul?

White Rabbit de Jefferson Airplane

Un encuentro con el escorzo.

Filed under: Concepto,Cuentos EXTáticos,Filosofía — Gilberto Salas marzo 17, 2009 @ 9:12 pm

Haciendo memoria sobre la primera vez que tuve conciencia de la dicotomía soldada que existe entre el escorzo, que en realidad es un pliegue del Yo recíproco, recuerdo que ocurrió en Valencia a la edad de 20 años. Caminaba cerca del Colegio Mayor de la Asunción para recoger a la que hoy es mi mujer y me fijé en un cartel publicitario, leyendo lo que estaba escrito y retomando la mirada en el cartel. Luego me di cuenta del texto y la relación con la imagen sugerente de la valla. Me detuve a pensar comprendiendo que hasta aquel momento yo no me fijaba en las palabras escritas ni de la valla ni de cualquier leyenda en ninguna parte. Si el lenguaje depende de la dimensión auditiva del escorzo junto con la imagen proyectada, que es la visual, el escorzo era una intersección auditiva-visual de superficie y acto intelectual, que me hacía escorcear, enfocar esas dos dimensiones, dentro de aquella esfera de intersecciones secundarias de las facultades intelectuales del Yo soy Yo y mis circunstancias.

Parece banal y nimio, pero eso me permitió darme cuenta de que yo no hacía nigún tipo de esfuerzo intelectual en mis primeros años de carrera. Confiaba plenamente en mi, por aquel entonces, prodigiosa memoria ahora sacudida después de algunos excesos a posteriori. Era la época de la ley del mínimo esfuerzo para conseguir el aprobado, que no la comprensión de la dimensión del escorzo. Cuando perdí esta memoria fotográfica en mi primer “pedal”, al día siguiente noté que ya no tenía memoria fotográfica, ya que confundía preposiciones. Donde había que colocar en un examen un “en“, yo escribía un “para“cambiando el sentido del texto. En realidad, el arrasamiento neuronal de aquella noche, me hizo recordar aquel primer contacto con el escorzo, ya que si me esforzaba en comprender la profundidad del texto médico, podría incluso mantener esos conocimientos conceptuales casi permanentemente. El giro hacia el escorzo abandonado la memoria, me supuso continuar hasta la fecha en una capacidad de enfoque que no tiene fin, y que siempre es acción permanente. A esto es lo que llamaba el otro día cultura.  

Con esto quiero explicar que cualquier día es bueno para comenzar a “escorcear” y no escorzar, a enfocar la función del medio entre la superficie y la profundidad. Todo recorte de la visión y de las demás dimensiones del tiempo, espacio y auditiva conllevan la capacidad de comprender la soldadura de lo profundo con lo superficial en ese órgano del Yo. Es un esfuerzo fichteano de entrar en el mundo latente a través del mundo patente, las dimesiones del escorzo, lo que Ortega llamaba el transmundo y Deleuze el campo metafísico trascendental. La diferencia a favor de Ortega es que el transmundo es parte del escorzo del Yo circunstancial que es el mío, y para Deleuze es la exterioridad que se entiende violentamente sin el sujeto, sin ser yo mismo, solamente por las facultades de ese empirismo trascental sin sujeto.

Cada día que pasa ejerciendo el escorzo, se va comprendiendo más y más la relación simpatica de los mundos latentes y patentes, solo que hay que detener un poco ese recorte para comprender la relación, que además es dinámica. Por eso gran descubrimiento para mí el concepto de escorzo, ya que no encontraba algo así tan puro para mi yo propio y perosnal del tiempo, el tiempo EXTático.

Un saludo desde la Hora Española

La vida lenta

Filed under: Concepto,Cuentos EXTáticos,Tecnologías del estar-bien — Gilberto Salas enero 14, 2009 @ 11:58 am


“Vía” lenta

Hoy aparece un artículo en El Economista sobre las virtudes de la vida lenta y el movimiento que ha surgido a partir de ella. Explica que nuestro agotamiento, estrés, falta de energía y sobre todo por la falta de tiempo, entonces nos sugiere que vayamos descubriendo esa vida lenta, ya que nuestra forma de vida rápida y veloz puede que sea causa de nuestros síntomas.

La verdad que estos movimientos me parecen un poco “hippyosos”, además de que a veces los adornan con cuentos como ese del brocker que dejó el Ferrari y se metió a monje. Lo que no nos cuentan es que el “monje” tiene aparcado el Ferrari en su mansión de Malibú, por si se le antoja dejar la mula y volver a los 400 caballos. A no ser claro está, que su capital lo haya dejado en manos de Madoff, en cuyo caso tomará té y tsampa por el resto de su vida, y hasta puede que no le devuelvan la mula.

En realidad, lo importante de este tipo de pensamiento es que empiezan a comprender que el problema de la vida es la falta de tiempo. Decía Popper que la responsabilidad de vivir es el resolver problemas. Por eso, desde un punto de vista del Yo individual, lo más importante es resolver los problemas que nos acosan en la vida diaria, y el principal es que no sabemos cómo hacer que el tiempo sea nuestro y no de los otros. Un poco lo que decía Heidegger en referencia al tiempo propio como existencia auténtica.

Detener el tiempo significa hacernos más conscientes de nuestros problemas y no entrar en la vorágine de la velocidad que nos dispersa. Porque si nos detenemos y pensamos un poco, los principales problemas que tenemos son el comer, un techo y algún ingreso que nos proporcione la resolución de los dos primeros problemas. Para ello no hace falta obsesionarse por un trabajo fijo, que ahora se observa que no es tan fijo, sino en tener ideas para desarrollarlas conforme al tiempo propio de cada uno y su propio biorritmo. Cualquier idea es buena y seguro que te puede dar para comer, porque vender klinex en una esquina es un negocio autónomo y más de uno lo consigue. Y si no, hay que darse una vuelta por los países latinos para darte cuenta que en los semáforos te venden de todo, viendo a estos empresarios con muy buen aspecto.

Esa es la idea que yo le quiero inculcar a mi hija, la del tiempo propio y su expresión activa. Recuerdo que cuando tenía 8 años todo el día estaba haciendo el mimo. A la hora de comer, en la tele (hoy en día los chavales siempre lo parecen delante de una), entrando a casa, etc. Un día en fiestas de moros y cristianos de Alcoy, cansado del asunto, la subí a una tarima y le puse el gorro de arlequín que le había comprado momentos antes. Le dije que hiciera el mimo y coloqué un vasito de plástico que tenía a mano a sus pies. La gente que pasaba se paraba y le dejaba dinero en el vaso, y ella se movía dando las gracias como veía a los profesionales-compañeros. Aquello se empezó a desmadrar por la cantidad de personas que querían verla, por lo que se asustó y vino corriendo hacia mí. La verdad que nos reímos mucho con la anécdota cuando la recordamos, pero yo le extraigo la moraleja de que si es capaz de hacer el mimo y ganar dinero con su iniciativa, no tiene por qué tener miedo del futuro, porque ya sabe gestionar su propio tiempo. Eso es la vida lenta, comprender que el tiempo es de cada yo individual, para hacer uso adecuado del mismo. Lo de siempre, eso es el tiempo EXTático, sea del monje, del brocker o de quien sea, pero el del yo individual y propio, que a veces se malentiende por egoísmo.

Saludos amigos  

El marcepto como idea productiva.

El marcepto de Tramontana

Cuando un emprendedor dice “tengo una idea”, no la entiende de un modo abstracto sin materia, ya que si no tuviera materialidad sería imposible de realizarla. Por tanto, para un emprendedor la idea es tan material como el producto que va a dar forma. Por eso, la diferencia que existe entre un emprendedor y un vendedor es que el primero comprende a la idea como productiva, como un marcepto y para el segundo la idea es una mera representación de un objeto, el concepto de marca.

En realidad, esto es la base de la teoría del conocimiento de Espinosa. Para él la idea productiva no era la representación de un objeto en la mente por parte del sujeto o una definición de la imagen-objeto, sino que era una realidad que se producía a sí misma, era causa de sí. Esta idea productiva tenía su expresión en lo extenso, como entendía Espinosa a la materia. Así, a la vez que se había pensado esa idea productiva, se establecía una conexión con la materia donde se expresaba de una forma extensa. A esto lo llamaba paralelismo donde “el orden y conexión de las ideas es el mismo que el orden y conexión de las cosas”. Las ideas eran más adecuadas y verdaderas cuando entre ellas se establecía una relación o un criterio de coherencia, que se reflejaba del mismo modo en las cosas. El único problema es que Espinosa pensaba que esto se realizaba de un modo automático y que el Yo no tenía la capacidad de ser propio, ya que era resultado de unas leyes globales y ejercía de autómata espiritual.

Pero con el descubrimiento del ser-ahí de la temporalidad EXTática por Heidegger y su consecuencia, el Yo EXTático, este yo es capaz de producir sus propias ideas y expresarlas en la realidad material por el tiempo propio. Esto es un marcepto y el emprendedor es el más capacitado para comprenderlo.  Por supuesto que un artista, un filósofo o un científico pueden originar ideas productivas que tengan realidad propia, pero serán un percepto estético, un concepto filosófico o una función científica como explica Deleuze en su libro ¿Qué es filosofía? El marcepto pertenece a la órbita del emprendedor, que es capaz de tener una idea, producirla y dar un criterio de coherencia entre todas ellas y expresarlas en la materia.

Un ejemplo de ello, aparte de EXTático, es el de Tramontana como marcepto y el de GTA como concepto de marca, los cuales son coches de lujo españoles. El primero surge a partir de una idea productiva como el viento frío más allá de la montaña, cuyos creadores han sentido en su piel desde su infancia. Ellos han pensado por qué no un coche que se sientan y respiren esas sensaciones. Entonces, han encontrado ese paralelismo creando un coche abierto, de dos plazas donde el aire y el viento frío se viven de una manera singular. El logo materializa el aire de la montaña y el poema es la metáfora del viento hecho lenguaje. Esto es un marcepto.

En cambio el GTA es solamente un coche como bien podía ser un yogurt, un detergente o simplemente un reloj. Es un coche bonito, rápido, bueno pero no es una idea productiva, sencillamente es una cosa sin esencia. Esto es el concepto de marca. Sus vendedores han puesto un logo, una web, la publicidad y le han dado una categoría psicológica como coche de lujo español potente, pero sigue siendo un yogurt, un detergente o un reloj, porque no tiene esencia. Los de Tramontana son emprendedores porque comprenden el marcepto como idea productiva, en cambio los de GTA son vendedores porque su producto es una cosa sin esencia al que se le pretende dar un concepto de marca.

Otra cosa es que yo admire ambas iniciativas, pero como es mi blog y tengo que expresar mis ideas, pienso que solamente el marcepto tiene cabida en el mercado actual porque apela a la esencia y esta es eterna, como las ideas de Platón. Las cosas materiales son efímeras y tienen fecha de caducidad, en cambio las ideas permanecen en el tiempo. Por eso creo que el marcepto de EXTático estaba antes que yo naciese, solamente había que darle coherencia a través de un yo propio.

Un saludo a todos.

El Marcepto de lo EXTático

EXT-Tiempo Esférico

El Marcepto es un neologismo que se forma a través de la palabra Marca y Concepto, sin nada que ver con lo que los conceptuadores o vendedores en marketng sugieren como concepto de marca. Estos se refieren a que el concepto de marca es una realidad material en cuanto se expresa por el logo, la publicidad, el muestreo, el posicionamiento, el producto en sí, y la realidad psicológica del cliente en cuanto la comprende de un modo categorial. El problema es que si bien el concepto de marca es subjetivo desde el punto de vista del marketing, no contiene la esencia que necesita un producto para que exista una realidad que trascienda lo meramente subjetivo. El producto tiene que convertirse, más que un concepto que solo sea referencial, es decir, posible de una realidad medible, en una idea-producto dentro de una autorreferencia, que entonces no sería un mero concepto de marca. Necesita desarrollar una teoría conceptual coherente, que aborde algo más que esa realidad material y psicológica en una realidad esencial, que transmita la idea intrínseca de la marca. Es un desarrollo paralelo y coherente de la expresión material e ideal para que el concepto tenga realidad por sí mismo y se transforme en el marcepto, que es la realidad esencial singular de la marca-concepto, como idea producto, fuera de la realidad subjetiva del cliente. De esa forma, si el marcepto tiene existencia propia, la persistencia en el tiempo es mayor, que lo efímero de la percepción individual del “hecho aislado” como producto de marketing creado por sus conceptuadores.

Si bien el marcepto de lo EXTático empezó como un concepto filosófico expresado en un reloj, se ha ido expandiendo y fagocitando a otras funciones. Así, lo que llamábamos concepto se ha transformado en un esquema de acción y proyecto mucho más complejo. El marcepto de lo EXTático implica y explica en estos momentos cinco segmentos y criterios de coherencia propios de una hipótesis, que se relacionan entre sí con la misma realidad.La hipotesis lo que sugiere es una idea del tiempo que se puede plasmar en un reloj, confiriendo a su esencia material una esencia ideal, cuyo contenido tendría una realidad existente, tanto en su forma material como en la conceptual, siendo en sí misma la definición del marcepto. Estos segmentos son:

1º El blog de EXTático con todas sus categorías. Ellas mismas engloban muchos núcleos conceptuales, que se relacionan a la vez con otros segmentos del marcepto, como la hora española, las tecnologías del estar-bien, la esencia ideal del EXT (reloj como idea)etc.
2º El concepto filosófico de EXTático el blog del surfista
3º El boletín de EXTático, que aparece trimestralmente, asimismo compuesto de nodos y núcleos de relación reticular EXTática, donde se pueden ver los nuevos EXT, tanto en su esencia material, (render), como en su esencia ideal, las definiciones de los nombres de los EXT.
4º Los foros de EXTático donde nuestros amigos intervienen par asugerirnos ideas y cambios que pueden formar parte de nuevos desarrollos de los EXT. Es la parte relacional activa de los nodos existenciales e individuales de los EXTátic@s.
5º La web de EXTático, donde la explicación del contenido histórico del marcepto se empieza a desarrollar y donde se puede observar la esencia material directa del EXT. Además del espacio privado, parte de la realidad de relación directa de los EXTátic@s con la sede del marcepto de EXTático.  

Todos estos segmentos están relacionados entre sí y en cambio permanente. Se expanden. Creo que la única manera de que una idea-producto sea subsistente, es decir, que tenga sustancia en el mercado, es transformar el concepto de marca en un trascendente, que a la vez es inmanente, el marcepto. Ya leeré este post dentro de varios años a ver qué es lo que ha ocurrido. Ya estoy “nostálgico” de futuro.

Un saludo EXTático.

Edito. Puede ser interesante abrir tres segmentos como un histórico de los EXT, los prototipos realizados hasta ahora y los EXT actuales. Con ello el marcepto es más subsistente.

En la China mandarina: Shenzhen por la mañana (II)

Filed under: Cuentos EXTáticos — Gilberto Salas febrero 20, 2008 @ 1:00 am

Aquella mañana me tocaba jugar a ejecutivo occidental, así que me vestí para ello. Traje-pantalón con corbata y maletín de piel, gomina a tope y henchido de energía. Fui al conserje y le pedí un taxi para la dirección que me había dado Cindy de la que yo suponía que era la de la “manufactura”. Le hablé en el inglés que tantos años me había costado aprender y que ya intuía los beneficios de tanto esfuerzo. Observé que el conserje escribía una tarjeta con caracteres chinos y se la daba al taxista. Todavía no comprendía el problema que se me avecinaba. Subí al taxi confiado en que me llevaría al sitio indicado, pero empecé a darme cuenta de que todo estaba escrito en…… chino y en qué si no. Esperaba que como en Europa habría alguna palabra conjunta o por lo menos la numeración en inglés. Todo estaba en chino, los números en chino, la calles en chino, los letreros en chino, y el chino hablaba por la radio en chino. ¡Qué estaría pensando yo para creer que me podía desenvolver solo en una ciudad de mas de 4 millones de chinos que no saben hablar otra cosa!

Así que cuando llegamos a la “factoría”, que eran una multitud de casas de estilo racionalista funcional, lleno de chinos desocupados por todas partes, donde las puertas eran innumerables y los números estaban en chino. La verdad que me empecé a preocupar. Llamé por el móvil a Cindy, pero me salía una china hablando en chino. Y es que si en Hong Kong funcionaba mi móvil, en Shenzhen no lo hacía porque había que cambiar de tarjeta. Menos mal que le dije al taxista que se esperara porque entre tanto chino desocupado mirándome mal y yo por allí solo en los extrarradios, no creo que hubiera encontrado un taxi para volver ni loco. ¡Y cómo le digo yo a esa gente que dónde está una manufactura de relojes, si no saben decir ni yes!!!. Lo comprobé cuando decidí volver al hotel antes de introducirme por las numerosas puertas que habían en aquel laberinto de cemento. Cuando le dije al taxista que quería volver al hotel con mi pausado inglés, ya me di cuenta de la angustia que le di. Así estuvimos parados 20 minutos hasta que se me ocurrió enseñarle la tarjeta del hotel y enseguida lo comprendió porque estaba escrita en chino!!!

Llegué al hotel bastante deprimido pensando por qué demonios se me había ocurrido jugar a emprendedor con lo bien que me iba doblando alambres en mi consulta de ortodoncia. No tenía fuerzas para levantarme de la cama ni para telefonear a Cindy desde el hotel. La chulería de parecer un ejecutivo dinámico me costó cara. Media mañana tirado maldiciendo aquel día de la playa en Gandía en que se me ocurrió dar contenido a mi idea de la hora española. ¡Cómo echaba de menos mi casa en España! Pero a lo hecho pecho se dice por aquí, por lo que volví a llamar a Cindy y me dijo que ella me vio llegar en el taxi y cuando bajó a recibirme se sorprendió porque me había ido.  

En fin que con aquellos nervios me fui a comer con los jefes de la factoría y con Cindy. No tenía muchas ganas de comer, pero como había leído que en el protocolo de las empresas chinas era muy importante compartir y degustar su comida, y que dependiendo de ello se causaba una buena impresión o no, estaba decidido a ganarme aquellos chinos para posteriormente llegar a un buen acuerdo si era preciso. Pensaba que a mi me gustaba la comida china y me hartaría a cerdo agridulce, rollitos de primavera y arroz tres delicias. Nada que ver con eso. En primer lugar las mesas son muy altas para que te apoyes en ella y te sea mas fácil llevarte a la boca lo que coges con los palillos. Ya me vi el percal y pedí tenedores: dos puntos menos. Cuando dije lo de los rollitos me miraron como si hubiera pedido una doble de queso pero en sueco, que para el caso era lo mismo: cuatro puntos menos. La comida china consiste en cartílagos, arroz pasadísimo todavía con agua, y huesos de algo fritos. Entre los nervios que había pasado el día anterior en el aeropuerto, la mañanita con el taxi y en ese momento con la comida, me tuve que ir al lavabo corriendo a “devolver” por poner una palabra un poco fina, ya que me faltó muy poco para hacerlo allí en la mesa. ¡Menudo ejecutivo estaba hecho! ¡Y aquella buena gente insistiendo que me comiera esos cartílagos rebozados! En fin le dije a Cindy que lo sentía, que sabía lo que significaba para ellos, que se me pasaría y yo no sé que más, pero se me pasó: x puntos menos. Después de aquello nos fuimos directamente a visitar una factoría de mecanizado de cajas todavía más al interior de Shenzhen, pero esa es otra historia.

Ya me quedan solo tres días para retornar allí. La verdad que no tengo muchas ganas, pero la ilusión de nuestro movimiento EXT 1 y ver cómo nos van a dejar perfecta la caja del IO, me mueve ir hacia allá. Pero ya os estoy echando de menos.

Un saludo a todos amigos EXTátic@s

Arco, la desmitificación del arte y de mi propio esnobismo

Filed under: Cuentos EXTáticos — Gilberto Salas febrero 17, 2008 @ 5:32 pm

Hace unos años, coincidiendo con la feria internacional de arte contemporáneo ARCO, nos fuimos mi hermano y yo a la exposición de la colección de André Breton en el Thyssen. Por aquel entonces yo me las daba de un entendido conocedor de las vanguardias estéticas, de sus orígenes y tendencias en el panorama modernista. Era muy esnob hacer una crítica a Barceló o a Campano, explicar las esculturas de Shapiro o la matérica de Tapíes, en una tertulia en la cena con los amigos y la familia. Así que cuando se realizó la exposición surrealista de Breton, que entre otras había obras de Duchamp, con su famoso inodoro, Picabia, Munch etc, no me la quise perder. Le iba explicando a mi hermano “la importancia del objeto estético en el desarrollo del concepto desde el percepto de base material…” , cuando entramos en la exposición, en una sala en la que se apreciaban varias obras del surrealismo de André Breton. La primera obra que vímos, la empecé a describir como una “formación tubular nódica reticular que en su propia estructura se concibe el concepto de la forma, rompiendo la inmediatez de la percepción….. ” En ese preciso momento, el guarda de la sala se sienta en aquella obra de arte. Y es que era su silla!!!!. Muy cercana a aquella silla del guarda estaba la famosa “Fuente” de Duchamp. Empezamos a reírnos tanto mi hermano y yo, que cada vez que lo recuerdo no dejo de esbozar una sonrisa.

Aquella tarde tocaba la visita a ARCO y después de lo que había pasado, la verdad es que no estaba para explicaciones de ningún tipo, ya que me reía hasta de mi sombra, así que continuamos con la desmitficación de nuestro propio saber “estético”. Como mi hija había tenido un esguince patinando, iba en silla de ruedas y muletas. Entramos en uno de esos stand de un conocido galerista, dejé la muleta cerca de alguna de esas obras escultóricas vanguardistas y nos pusimos a mirarla describiéndola con el lenguaje posmoderno de Sokal. Al rato vimos como se nos acercaban unos japoneses, que empezaron a tomar fotos furtivamente a esa “estructura tubular conceptual sin nombre”, que solo entre nosotros llamábamos “la muleta de Ale”. No contentos con eso, decidimos improvisar, crear arte en movimiento mucho antes de que Theo Jansen lo esculpiera, nosotros lo hicimos en ARCO. La obra se llamaba “Cuerpo cinético fusionado de carbono y hierro”, al que familiarmente llamábamos “Ale rodando en su silla de ruedas”, y que su malvado padre la empujaba, dando una inercia a la “escultura” y dejándola sola dentro de las galerías, que ella impávida, atravesaba de lado a lado. Y encima, la gente miraba como una exposición de algún artista que rompía moldes.

No nos pudimos reír más, de nosotros mismos, de mi esnobismo y de la gracia que tenía Ale para aguantar el chaparrón y participar de lleno en la desmitificación, a nuestra manera, del arte contemporáneo. De todas formas, gracias a aquel día empezó a cobrar importancia para mí la estética industrial. No sé si por el water de Duchamp o por la conceptualidad de las “estructuras tubulares”, pero me di cuenta del valor del diseño industrial en la sociedad moderna. De ahí que ya empezara germinar en mi pensamiento lo que sería la base del concepto de nuestra empresa con el diseño industrial del contenido de la idea.

Desde que sucedió aquello, limito los comentarios de los movimientos de estética a la dialéctica de mi interioridad, aunque, si ya no asisto con asiduididad a aquellos eventos del vanguardismo contemporáneo, si que suelo estar más o menos al tanto de alguna exposición antológica.

La China Mandarina. Primer viaje (I)

Filed under: Cuentos EXTáticos — Gilberto Salas febrero 15, 2008 @ 1:13 pm


Ya sabéis lo de la búsqueda de los elementos y mis primeras indagaciones. Así que después de encontrar los movimientos me dispuse a buscar una empresa que fabricara nuestros diseños de cajas de relojes. Sencillas sí, pero diseñadas por nosotros a lápiz y luego por software todo ello en Alcoy, que peladillas sabemos hacer pero relojes.
Así que contacte con una empresa de Shenzhen donde una chica simpatiquísima me dijo que podía fabricar nuestros diseños de la cajas con tiradas cortas. Decidí entonces irme para allá. Y hay empiezan los problemas. Cuando decido reservar el avión, lo hago directamente a Shenzhen porque creí conveniente llegar a su aeropuerto sin tener que pasar la frontera de Hong Kong. No le quise preguntar a Cindy Lee, la responsable de EXTático en Asia y el Lejano Oriente 😉 , si era una buena opción. Encima como lo que quería era el precio menor, no me fije en la hora de los transbordos ni las escalas, así que salí a finales de febrero del 2006 de Alicante, Madrid, Paris, donde tuve que cambiar de aeropuerto con la maleta, Shangai y por último Shenzhen. Después de no sé cuantas horas de vuelo y aeropuerto, llegué a la una de la noche al aeropuerto de Shenzhen, como único occidental que volaba en ese vuelo de aquella compañía china, que parecía más bien un trolebús aéreo.
Cuando recogí la maleta, que había facturado en Shangai, ya que fui con ella en todos los vuelos, observé que estaban apagando todas las luces de la terminal. Como llegué en domingo, pensé en no molestar a Cindy porque seguro que habría estado trabajando toda la semana como una china. Así que cuando salí de allí con dirección a los taxis, ya todos habían sido ocupados. Entonces vi que unos individuos se acercaban hacia mí ofreciéndome transporte al Hotel. La pinta era bastante dudosa, pero la otra opción era quedarme en el aeropuerto a la espera de algún taxi y esto era bastante improbable porque ya no había ningún vuelo mas porque la terminal estaba cerrada. Así que decidí hacer turismo aventura y me embarqué con ellos. A malas penas me comprendieron, pero parece que sabían dónde estaba el hotel y nos encaminamos hacia allá por una autopista muy poco iluminada. A mitad de camino, disminuyeron la marcha y nos paramos en el arcén. Me pidieron el dinero “money, money”. La siguiente imagen que pasó por mi cabeza fue verme tendido semidesnudo en aquel descampado a miles de kilómetros de mi casa, sin ropa ni dinero ni pasaporte. No sé cómo les pregunté a mis ocasionales taxixtas cuánto costaba la carrera y les dije que me parecía muy caro, con la chulería que te da el acojono. Los tíos me pidieron el importe de la carrera otra vez y se los di. Para asombro mío me volvieron a dar el dinero.
Cuando llegué al hotel, al chico que me subió las maletas le di como propina un billete de 100 RMB o Yuan. El chaval se puso muy contento, pero al rato volvió y me dijo que el billete era falso. Empecé a reírme como un loco, un poco para liberar la tensión y otro porque los chinos del coche me habían engañado como a un chino, ya que me habían hecho un cambiazo. Le enseñé al chaval los otros billetes por si me los habían cambiado y me dijo que no. Por lo menos no eran tan malos los chinos.
Aquella noche dormí muy bien, ya que estaba cansado y con la angustia que pasé ante la posibilidad de encontrarme en una situación difícil, caí redondo hasta el día siguiente.
Mañana os seguiré contando más cosas de la China mandarina.
Saludos amigos EXTátic@s.

Rangos del foro. En el límite

Filed under: Concepto,Cuentos EXTáticos — Gilberto Salas febrero 13, 2008 @ 10:42 am


Hace muchos años, y no recuerdo cuántos, leí una historia de ciencia-ficción que se llamaba “El reposo del viajero” de D. Masson, la cual me impresionó bastante. Trataba de un soldado de la frontera, H, que luchaba contra un enemigo invisible. Sus cohetes y obuses eran devueltos con la misma eficacia con la que el ejército de H los enviaba hacia ellos. H es relevado de su bunker en el límite fronterizo e inicia un camino de retorno hacia su familia. Mientras vuelve a otra latitud, el tiempo se dilata y su nombre se va alargando. Así H se convierte en Had, Hadol, Hadolar, Arisón, Hadolaris, Hadolarisóndamo. Este último nombre coincide con el tiempo y la latitud más alejada de la frontera, donde sus amigos y familia tienen una realidad, y Hadolarisóndamo un trabajo y un reconocimiento social. Cuando ha pasado un largo tiempo y está reincorporado en la comunidad, recibe la visita de un pelotón que le avisa sobre su retorno al frente. Hadolaris comienza su viaje de vuelta y mientras se va acercando al límite, para Hadol, el tiempo se contrae de nuevo aunque Had no lo sabe. Cuando H llega a su bunker su compañero de al lado le explica que unos segundos después de que él se hubiera ido y disparara su último misil, cayó otro en el mismo bunker eliminando a su relevo. Por eso había sido inmediatamente avisado otra vez. H empieza a reflexionar sobre el Enemigo y la frontera y sospecha que puede que ellos sean el propio Enemigo ya que nadie los ha visto. En la frontera no hay tiempo, se diluye y se contrae siendo infinito. Nadie ha estado tan cerca como para verlo y sentirlo. En el último párrafo, ya no es ni H es un “él” impersonal que corre hacia su destino en una maraña de proyectiles por una invisible pendiente, en el límite.
Cuando lo leí me fascinó la relación de la longitud del nombre en relación a la dilatación temporal. Parecía que mientras mas te alejabas de la frontera, del enemigo y de la guerra, tu vida cobraba un mayor sentido y se convertía en una mayor riqueza personal. Pero con los años he invertido el significado. En realidad la frontera, el enemigo eres tú mismo y hay que incorporarla e introyectarlo dentro de ti. El límite, que es donde se acantona el enemigo, que es el contrario, o esa parte de uno mismo que nos obstaculiza, dentro de una frontera interna, de un horizonte propio, a la vez recíproco, pero no fuera-de, sino dentro-de y conviviendo en franca reciprocidad. Es un pacto de conciliación y no la guerra en el límite, dilatado en un tiempo infinito e intemporal. En realidad, el descanso del viajero es transitar sobre el límite, la frontera, una especie de horizonte interior, ahora temporal, donde se realiza el proyecto de vida, lo que yo llamo la unidad estructural de lo extático.
Como un homenaje a este cuento, he decidido instituir un rango en el foro para los foreros. A partir de los 50 post, y cada 50 irá apareciendo una letra E, EX, EXT, así sucesivamente hasta completar la palabra EXTático y al final la flecha del tiempo. Es como si en un trayecto, un viaje personal se completara ese proyecto de vida en un hacer.
Por cierto, el surfista ya aparecerá con el recorrido entero, aunque el administrador todavía no. Espero que os haya entretenido la historia. De todas formas en el blog todos seguís siendo por entero EXTátic@s 🙂

Una historia muy triste

Filed under: Cuentos EXTáticos — Gilberto Salas febrero 2, 2008 @ 10:42 am


Cuando tenía quince años en la primavera de 1969 recuerdo que pasaba todos los días por una joyería en Alicante que se llamaba J. Espinosa como el filósofo. Allí, en su atractivo escaparate lucía un Omega Seamaster Cosmic, con esfera negra y armis precioso. En aquellos tiempos la idea de tener un reloj de esas características era impensable para mí pero ese pensamiento no me detenía ante el escaparate de la tienda.
Una vez pasaba por allí con mi padre y los dos nos detuvimos y le mostré el reloj que a mí me gustaba. Cuál fue mi sorpresa cuando me dijo que si aprobaba la reválida de sexto de bachiller me lo regalaría. No me hacía falta ese estímulo, ya que desde bien pequeño sabía cuál era una de mis misiones en esta vida, estudiar. Pero no cabe duda que fue un estímulo mayor, ya que si en aquel entonces practicaba la ley del mínimo esfuerzo, me puse el traje de faena y en el examen, muy duro por cierto, saqué un notable alto.
Mi padre cumplió su palabra y me llevó a Espinosa a comprar dicho reloj. Salí con él extasiado, incrédulo de portar esa pieza única a mi edad, un Omega. La propaganda del Omega Seamaster Cosmic explicaba que la caja portaba un diseño especial del juntas llamado O-Ring, que permitía resistir cualquier choque que se le hiciera al reloj. Cuando llegué a casa y mis hermanos ansiosos esperaban ver esa maravilla técnica, no se me ocurrió otra cosa que tirar el reloj contra la pared para probar si era verdad lo del O-Ring. Pues resultó que no era verdad, ya que lo primero que se rompió fue la junta del O-Ring y lo que vi fue la esfera girada junto con el movimiento y las agujas dentro de la propia caja. Mis hermanos me miraban con cara de incrédulos, mi padre no sabía que decirme, y yo con una angustia que me recorría todo el cuerpo.
Volvimos a Espinosa a arreglarlo, pero ya nunca fue el mismo. Cada pequeño contacto o choque del reloj, la esfera volvía a girarse como la del Momento Oportuno y eso sucedía continuamente, hasta que un día se perdió la corona. Eso pasó cuando estaba de vacaciones en Alicante. Así que un día en una noche loca del verano 1972, me bañé en la playa vestido y con el reloj sin corona. Cuando salí del agua y vi que el reloj era un estanque, ya cansado de varios años de problemas, lo lancé lo mas lejos posible en aquella playa de San Juan. El triste desenlace ocurrió solo tres años más tarde de que el reloj me lo regalara mi padre.
Después de tantos años y viendo la similitud de aquella esfera girada por los golpes, que todavía existe en mi recuerdo, negra como el Momento Oportuno, pienso como Marcel Proust si no estaré buscando el tiempo perdido, que en mi caso no serían las madalenas sino aquel reloj que tanto supuso para mí en un momento de mi vida.
Hasta otra amigos EXTátic@s

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