EXTático

La productividad entendida como tiempo es alienación.

Filed under: Concepto,Filosofía — Gilberto Salas septiembre 23, 2017 @ 7:30 pm

La productividad entendida como tiempo es alienación.

Tal afirmación necesita que los tres conceptos sean explicados adecuadamente. En principio, la productividad es la relación entre el capital físico y el rendimiento laboral. Es lo mismo que decir que la productividad es la relación entre las cosas producidas y el tiempo que se emplea para ello. Implica que a menor tiempo empleado para conseguir el mismo resultado entonces aumenta la productividad.

La alineación es un alejamiento que puede ser individual o social. El concepto de alienación del ser social es el que utiliza el marxismo para su explicación de su teoría del trabajo alienado. La alineación individual es la que se relaciona directamente con el concepto del tiempo.

Como se define la productividad el concepto del tiempo es de medición, de control del mismo. Severino posiblemente ha sido el filósofo que ha vinculado estos tres conceptos, de un modo ontológico, vinculados al ser eterno a un ser todo. Para Severino la producción de una cosa actualmente se piensa como algo que procede de la nada y que al destruirla vuelve a la nada. El trayecto que recorre la cosa desde que sale de la nada y vuelve a la nada es el tiempo, del no ser al ser y vuelta al no ser. Esto es lo que Severino reconoce como alienación.

Este concepto donde el tiempo es el origen de la alienación esencial es metafísico y no existencial ni sociológico ni teológico. Severino piensa en la idea original más allá de Parménides donde ninguna cosa puede provenir de la nada y ser algo. Por ese motivo pensar en que se puede crear cosas de la nada, si ya lo son, no tiene sentido. Es como pensar en nadas que solo pueden ser concebidas más allá del pensamiento humano. Severino explica que mucha de esta alienación se le debe a la técnica por ser pensada como la capacidad de producir cosas en un tiempo medido. La consecuencia metafísica sería algo así como querer medir la nada como la locura del ser occidental.

El pensamiento de Severino, si bien nos acerca al nexo de los tres conceptos implicados, productividad, técnica, alienación, implica a la técnica occidental de producir cosas como tiempo medido la causa de alienación. Según él deberíamos de acercarnos a un conocimiento trascendental del individuo como autoconsciencia y expresión de un Super-Dios que aparece como el yo de consciencia de esa autoconsciencia. Una solución metafísica concebida para una naturaleza del hombre eterna y necesaria que trasciende la conciencia de ese gran Dios trascendental. Para Severino la producción de cosas en la ciencia moderna es de carácter cuantitativo, mientras si hablamos desde el punto de vista aristotélico o filosófico sería artesanal, que es un discurso metafísico. La idea interesante que se puede extraer es que el individuo pensado como tiempo está alienado, y la consecuencia es que el yo puede comprender esta alienación si percibe el vínculo del tiempo medido con la productividad.

El individuo comprendido como tiempo es el yo que se percibe él mismo como tiempo. Eso sucede cuando distingue un origen pasado de su nombre. El recuerdo de su nombre propio o cuando es nombrado por primera y percibido a lo largo de su existencia, es el primer paso para percibir un tiempo fuera del tiempo medido. Si el tiempo medido es alienación, comprender el tiempo propio es el procedimiento contra la desalienación. Es el conflicto entre la concepción del tiempo medido contra la idea del tiempo propio como una lucha de contrarios.

Uno de los grandes problemas que tiene que luchar el individuo como yo/cuerpo es el otro introducido en él mismo. Lacan decía que el yo es el otro y Freud hablaba de la introyección del otro en la formación de la conciencia en forma de superyó. Las reglas, las ideas ejemplares, los axiomas de comportamiento, todas esas formas de alienación introducidas sin filtro son alienantes para el individuo. El individuo no es tal sino que forma parte de la colectividad de la regla del otro y queda subsumido a una conciencia supersocial como ese Super dios del que habla Severino. La regla social se formaliza en la interrelación de los individuos en un principio de no agresión, que no es más que la consecuencia de la regla de oro de no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan a ti mismo.

Estar alienado es ser un zombi, pero ser un zombi es el individuo que no tiene conciencia de sí mismo. Por eso, todos nacemos zombis. Hasta los dos o tres años no tenemos recuerdos de nosotros mismos. Durante toda la vida perdurarán los estados de zombis de no-consciencia, que son los estados fisiológicos y vegetativos además de los actos rutinarios que se desarrollan durante el día. Así la desalienación comienza cuando el individuo es consciente del nombre propio. Desde ese momento empieza una lucha para comprender el tiempo medido o su contrario, el tiempo propio. El individuo mantiene la alienación mientras sea el otro, desde la manera de respirar, de comer o de memorizar y pensar e incluso la incrementa si subsume su pensamiento en el ser colectivo que lo dispersa.

La productividad está implicada en el proceso de producción de las cosas a través de la técnica. La técnica actual busca reducir el tiempo de fabricación vacía de la cosa implicando una idea de medición. Pero la producción dice Heidegger a través de la técnica puede ser llevada a cabo como una mera fabricación o de una forma llena de significado artístico, que es una técnica concebida como añadir algo a la cosa, la belleza. Esta idea de producción trata de vincular la estructura de emplazamiento, o sea la idea esencial, con el producto a producir con su respectiva forma. Heidegger lo llama el traer delante, el aparece de lo oculto. Una idea esencial es comprender la idea del tiempo no alienado. A este concepto Heidegger lo llama serenidad, donde la técnica equivale a un producir artístico fuera del producir huero y vacío de la medida.

La serenidad, en nuestro caso equivaldría a un proceso de desalineación, basado en la creatividad y producción artística, para ir rompiendo barreras, normas, categorías que impiden al yo comprenderse como individuo que piensa y no como otro o como ser de una colectividad amorfa y diluida sin significado. La importancia de dar forma al significado, ya sea como espacio topológico o como estructura de emplazamiento como vínculo de la cosa bella producida es el futuro del individuo entendido como tecnoartesano. Este tecnoartesano es el que junto con la creatividad o serenidad llevará a cabo la tarea de desalienación durante el proyecto que es su vida.

El proceso de desalienación es la separación de la alienación, una tarea al fin y al cabo. El individuo que pretende no estar enajenado tiene que separarse o parar-se y detenerse y alejarse de algo. Ese es el significado de la palabra separación, alejarse de lo que dispone como realidad propia y circunstancial. Así le puede dar un nuevo contenido a esa realidad con ayuda también de otras dos herramientas, la memoria y la inteligencia.

Esta separación es una realidad extática. En la separación está el origen del concepto de extático. El concepto de extático significa que altera un estado de equilibrio o sale de un estado a otro. La alienación no deja de ser un estado de equilibrio, ya que en sí misma es una rutina automática, donde los estados de conciencia zombis, siguen una línea de la que no se puede salir. A menos que exista un “fuera de” un momento en que dé lugar a una separación. La separación es extática y lo extático es separación.

La alienación se define como un extrañamiento por el otro en los estados zombis o en el zombi neonato. Así desde el inicio de la vida dije que todos somos zombis y paulatinamente nos alienamos porque la identidad del sí mismo es la del otro. La tarea es salirse fuera de ese estado de alienación a través del concepto de extático, percibir el tiempo como propio, para poder separarse de ese disponer alienado.

La tarea de desalienación es dura ya que es inacabada y no termina hasta la muerte, cada vez que un individuo es consciente de sí mismo y se separa de la alienación, consigue alejarse y disponer de una nueva capacidad de creación. La desalienación aumenta la creatividad del individuo y el individuo que es creativo es el tecnoartesano.

La realidad del yo

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas mayo 5, 2014 @ 10:32 am

Bajo la idea de un principio con una base estructural, yo elijo al yo como realidad. I realise myself, yo me doy cuenta de mí mismo, y con esta afirmación comprendo que el yo es una realidad en todo lo que le concierne dentro de su contexto. La circunstancia pasa a ser realidad, ya no es un atributo o un accidente o una actualización. Son realidades que pertenecen al yo. Ideas, corrientes dinámicas, líneas, intensiones, extensibles, intuiciones, son realidades que forman parte del yo. Pegaso es una realidad, si bien es desplegable por el lenguaje no es extensible.

Con este principio de realidad, para mi forma de pensar, se acabó el problema del ser, de la esencia, de la existencia, de la sustancia. Ahora el problema es de la realidad del yo y cómo se determina. Y para ello, antes del yo hay una capacidad de determinación del trazo. Después de la indeterminación infinita lo primero determinado es el punto y la línea. El punto es el primer trazo y la línea la continuidad del punto. Ellos mismos son lo primero determinado de la indeterminación. La capacidad de determinar el trazo es lo primero que debe de tener el yo para ser realidad. Y esta proviene de lo extático.

Una vez que el trazo se puede determinar, el segundo concepto para la realidad del yo es la memoria. Memoria del trazo. La memoria en sí misma se constituye de dos subconceptos, repetición y hábito. Una línea es la repetición del punto. Si esa repetición del trazo se convierte en habitual se le llama hábito. Pero es en la memoria donde el trazo se determina. El trazo no solo es una línea, es una corriente, una densidad, una topología que se va haciendo tiempo por la memoria. Memoria repetida y tiempo se densifican, para adquirir realidad.

No tienen ningún sentido los trazos ni el tiempo ni todos los conceptos que se explican hasta ahora para el yo. Por tanto no tienen realidad a priori. Solo se adquiere la realidad cuando el yo se interpreta a sí mismo y se da cuenta de que es un yo que es real. I realise myself. El darse cuenta el yo del propio yo es la única realidad que puede ser llamada así. La relación de la memoria del trazo por repetición y hábito aboca a esa realidad de ese espacio topológico autoconsciente y autocreado del yo realizo.

La realidad del yo no es la realidad de una cosa que piensa y existe. Esto supondría una dicotomía entre una realidad/ser que piensa y otra realidad/ser de cosas que contiene el ser que piensa. Mente y cuerpo como realidades existentes, pero no es así. La única realidad es la del yo que se da cuenta de sí mismo, que sabe que es la única realidad que puede ser interpretada por sí misma. Es la realidad que puede ser conocida e interpretada, la que puede ser verdadera para el mismo yo.

Esto no significa que solo se encuentre una realidad para el yo que se da cuenta. Esta es la realidad fuerte, pero este yo comprende que los otros yo, por identificación, al darse cuenta de sí mismo también surgen como mi yo mismo como realidades únicas e interpretadoras. Mi verdad no es la verdad del otro pero sí que la puedo interpretar. Por identificación, el otro yo es una realidad que determina y se determina a sí misma por medio de la memoria del trazo. Pero en su contexto no en el mío ni en un medio común y universal. Por tanto no existen universales de realidad sino una convención de interpretación analógica participativa de una realidad propia.

La realidad fuerte coincide con el tiempo del yo. Es un tiempo extático. Las realidades menos intensas tienen su propio tiempo extático. La relación de estos tiempos extáticos son los que entienden un tiempo analógico. La analogía sustituye todos los conceptos de ser, sustancia, esencia con respecto a los otros yo. Es una analogía de semejanzas que surge del yo propio, para realizar a los otros yo como semejante. La realidad débil es analógica y realizada/realizadora por el yo propio. Y todas las realidades se conocen por analogía de la primera realidad del I realise o el me doy cuenta de la realidad/realizada, incluso los conceptos básicos para alcanzar esa realidad.

 Por tanto, para que se dé la realidad del yo hacen falta varios conceptos que se hacen reales después de que el mismo yo los realice. Serían, determinación, memoria (repetición y hábito), tiempo, relación, interpretación y finalmente la realidad. A partir de esta estructura, toda la analogía con las realidades débiles se basa en esta dinámica. 

¿Y después del yo? El holoarca.

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas marzo 23, 2014 @ 8:11 pm

La mayoría de los yo construidos son jerarcas. Quiere decir que un alguien que se piensa como un yo, después de ser consciente de sí mismo, la mayoría de las veces se atiene a un principio que para él es sagrado y salvo situaciones límites no lo va a cambiar. El después que implica un punto de partida para iniciar un trayecto, parte de un principio que se convierte en lo que predetermina a un yo.

Si ese yo individual cree en Dios, se verá diferente a los demás, pero no en un plano horizontal sino vertical. Si su principio es político, siempre percibirá al que piensa de otra manera por la jerarquía del bien común o por la del ser mas apto. Pero siempre con posiciones de dominio, de poder, de jerarquía.

El jerarca es el yo que siempre cree que tiene la razón por principio. Solo por tenerlo se siente con poder. Si además se añade algo de saber, la sensación de verticalidad hacia el otro se acentúa. Por el poder que me otorga tener un principio sagrado yo soy superior a ti, seria su lema.

Nuestro entorno está lleno de jerarcas. Y los principios sagrados en que se basan pueden ser tan simples como el saber arrancar una muela porque se tiene un título, que en lugar de ser un servicio es un favor del que se digna a otorgar. Como el tendero de la esquina que te vende una fruta, ejerce su posición de dominio, no por servicio sino porque él tiene el poder de dar algo que tú no tienes. La posición que se establece es la del agente dominador del jerarca con la del paciente sobre el que se ejecuta el poder de la jerarquía. El jerarca no respeta al individuo, porque desde la verticalidad no se puede entender a los demás yos con sus propios principios. A todos nos han dicho alguna vez “éste que se cree”. Se cree, es un jerarca.

Lo contrario del jerarca es el anarca. Si el jerarca cree en su principio sagrado que es ser el dios tendero o el dios funcionario, el anarca no tiene ningún principio. Filosóficamente significa que no tener un principio es que no hay un después. A mi juicio, considerar a alguien un anarca es interpretarlo como un suicida, ya que al no tener ningún principio por el que regirse, no tiene ningún punto de partida para perfilar su trayecto. La solución a la jerarquía es la figura del holoarca.

El holoarca es el individuo que como un yo construido piensa que todos los principios valen para ser desarrollados o que tienen igual valor de uso. Es el famoso “todo vale”. La horizontalidad se clarifica como una diferencia de intensidad y no como una escala donde la cuota de poder sentido por cada uno, ejerce un dominio sobre el otro. El yo que se identifica como holoarca comprende que todos los principios son válidos para planear una trayectoria. Cada yo los interpreta a su manera para crear un método, que es su trayecto vital.

El holoarca no piensa en posiciones de dominio sino en diferentes intensidades. Nadie es mas que otro solo por el mero hecho de tener un principio diferente. El jerarca planifica su vida bajo el principio sagrado del cual se rige, axiomáticamente, y desde allí ejerce su posición de dominio incluso con sus mas allegados. Jerarca es cualquier yo que se sienta superior a otro por cualquier axioma propio, que lo encumbre dentro de su propia imaginación o interpretación de su principio.

Tener tantos principios para usar como bienes o valores de servicio, permiten al holoarca una mejor planificación vital y un aumento de su creatividad. Esto es importante ya que debido al alargamiento de la vida, los principios que se creían que eran sagrados al comienzo de la vida del yo, cambian, pero puede que el yo no lo perciba, se anquilose y sea perjudicial para él mismo.

Por ese motivo, el yo individual como algo cambiante debe de comprender que los principios no son sagrados no eternos sino cosas, bienes tan tangibles como algo material. Al ser reales, se pueden usar según las necesidades del yo. Los principios se concatenan y dan forma a esa estructura de proyecto que es la vida de cada uno. Por ese motivo, tener numerosos principios da mucha mas consistencia al enramado estructural de lo que llamamos la red topológica. Eso es ser un holoarca.

La construcción de los conceptos y el metabolismo.

Filed under: Concepto,Filosofía — Gilberto Salas febrero 14, 2014 @ 7:26 am

Un concepto es la explicación pensada, y por tanto, interpretada de un algo por un alguien. Ese algo se conceptualiza, se construye a través del alguien. El único alguien que yo conozco y que interpreta y piensa soy yo. He aquí el primer concepto construido de la filosofía.

El segundo concepto de la filosofía es que todo cambia. A esto es a lo que los griegos lo llamaban metabolé, metabolismo. Esta palabra significa que todas las partículas, incluso las células del cuerpo humano cambian a lo largo de la vida. En la naturaleza nada es permanente. Es la idea de que el movimiento es eterno, infinito, que no se detiene ante nada. Si es así, implica que todo es un caos de variabilidades infinitas que no se pueden sujetar.

El tercer concepto de la filosofía es que el ser es una esfera inmóvil, donde no existe el movimiento, solo lo que se puede pensar y decir. Fuera de esta esfera no hay nada que se pueda pensar ni decir. Algo que es o que puede ser dicho tiene que ser dentro de esa esfera utópica, y por tanto, todo lo que pueda ser construido dentro de la esfera puede tener una interpretación. Eso es lo que yo entiendo en este tercer concepto.

La esfera es una figura que yo interpreto como yo mismo. Y si hay algo inmóvil es mi nombre, y por tanto, mi esencia como constructor de conceptos convertido en interpretador y constructor. De un plumazo, dos conceptos básicos el yo soy como constructor de conceptos y la esfera que contiene a todos ellos dentro de la esencia del nombre propio se han unido para explicar gran parte de mi filosofía.

Solo me queda el que todo cambia. Si la esfera soy yo y yo interpreto y construyo los conceptos, entonces todo lo puedo cambiar yo ya que lo único que no cambia es el nombre propio de la esencia de constructor en este caso yo mismo. Yo soy una esfera que construye conceptos y los metaboliza, los asimilo, los anabolizo, los catabolizo y los metabolizo. A este proceso básico en la biología de la vida alguien lo llamó la dialéctica como síntesis, antítesis, tesis.

Lo que quiero decir es que en la esfera de ese yo esencial, todos los conceptos se ajustan a esa ley del metabolismo celular, donde los conceptos son usados y desechados, en definitiva cambiados conforme a las necesidades circunstanciales del alguien, en mi caso yo. El metabolismo del concepto es una idea necesaria para comprender que todo lo que es pensado por un alguien no es permanente ni fijo y solamente necesario eventualmente.

El metabolismo del concepto permite la variedad de pensamiento, la creatividad del alguien, la conectividad topológica en todos los campos, como una red estructural en continua reconexión. Esa red topológica es móvil, viva, metabólica, que siendo conceptual y compuesta de conceptos, es ella misma el concepto de por sí. El alguien debe su esencia no a los conceptos en sí mismos, sino a esta red topológica estructural de reconexión metabólica de todo concepto.

Esta red topológica con la edad suele anquilosarse, como cualquier proceso celular que va acumulando toxinas. Las toxinas de la red son los conceptos que permanecen mucho tiempo sin cambiar, en su estado de construcción básico. La mayoría de los conceptos que usamos ahora ya no sirven o no están adaptados para las perspectivas actuales. Esos conceptos inmóviles, los que cada uno tenemos y no somos conscientes de su inmovilidad, son los conceptos tóxicos que anquilosan y deterioran la red topológica del alguien.

Según esto podemos cambiar nuestra manera de pensar, en caso de que la red topológica conceptual no esté lo suficientemente deteriorada como para reconectarse. Los conceptos son muy difíciles de cambiar si se utilizan como una parte real y necesaria de las acciones del yo. Si el concepto es necesario como base del yo y no se entiende como un valor de uso, una herramienta para la creatividad de ese yo, siempre quedará obsoleto por la velocidad.

Creo que una solución es el replanteamiento constante de cada concepto, ¿Por qué Dios o no? ¿Estado o no? ¿Qué es lo político? Todos estos conceptos pensados y repensados son la base de esa red topológica del yo, que solamente al replantearse se fuerza a que esa red topológica se estimule y no se anquilose.

En definitiva, yo soy un alguien que en esencia es uno con todo lo que se mueve y se circunscribe dentro de mi esfera. Un pensamiento mas de Fichte que de Ortega.

¿Tiene un sentido la vida?

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas diciembre 25, 2013 @ 10:55 am

Parece que hay que buscarle un sentido a la vida para ser feliz o para tener algún motivo para la existencia. La búsqueda va desde que no hay un sentido hasta el encuentro con la religión, la política, la ideología o el propio crecimiento personal para intentar ser mejor.

La vida como definición es un proceso de asimilación y de cambio de los recursos materiales, que existen en un medio, por parte de un individuo. La vida es un intercambio de sustancias que permiten crecer y evolucionar a un individuo. Si la vida tiene un sentido, nada más se trata de alcanzar estos objetivos para todos los individuos que poseen vida. La pregunta está mal presentada y debería de decir ¿tiene algún sentido la vida del hombre?

La pregunta implica que la naturaleza de la vida del hombre es diferente a la de los otros individuos que la poseen y su sentido también difiere. Pero la vida no varía. Sigue siendo un proceso de interacción del individuo con el medio. Ahora bien, el hombre lo que vive es una interpretación de este proceso interactivo. La vida la interpretamos y pasa a ser un problema.

K. Popper decía que la vida es una solución de problemas. Casi todos los problemas llevan consigo la solución. Todo dependería con el prisma en que se mire, diría el filósofo de la calle, que es un gran perspectivo. La perspectiva es básica para interpretar el problema.

En el desarrollo de nuestra vida solo hay problemas, pero no solo como dificultades sino como asuntos, preguntas, incertidumbres, todas ellas a resolver. Lo que nos parecía irresoluble o excesivamente dificultoso lo hemos solucionado, porque hemos llegado hasta aquí y ahora. Lo que considerábamos grandes problemas, hoy nos reímos de ellos.

Si hay que buscar un sentido a la vida, es que hay que mantener la capacidad de solucionar los problemas. Además hay que ser creativos en las soluciones, ya que lo que valía anteriormente, ahora puede que no lo sea. La búsqueda constante de nuevas ideas y el uso de nuevos conceptos para nuevas situaciones, pueden ser aplicadas a la vida como solución de problemas.

Pienso que no es fácil, pero cuando no damos con la solución, un cambio de perspectiva puede toparnos con esta. En la vida hay tiempo para todo, incluso para encontrarle un sentido.

¿Y si durásemos tanto tiempo?

Filed under: Etcétera,Filosofía — Gilberto Salas noviembre 27, 2013 @ 11:58 am

 infancia.jpg

Foto Susa Petit

Los técnicos apuntan que vamos a alcanzar los 150 años de vida. Como el conejito de Duracell que dura y dura. Eso conlleva a pensar si estamos preparados para manejar los tiempos que nos indican. ¿Comprendemos qué es vivir hasta los 100 años o 150 años en la sociedad actual?

La manera de pensar nuestro ritmo de vida está obsoleta. A grandes rasgos, nos preparamos para el mercado laboral hasta los 27 años, los que estudian, porque mucha gente comienza su travesía a menor edad. Una vez dentro del mercado laboral, la preocupación es poder trabajar lo suficiente para alcanzar una jubilación digna. La edad de jubilación que tenemos en mente es la misma que la de nuestros padres, 65 años. Y luego a disfrutar de la playa, del Inserso hasta el fin de nuestros días. Claro que la diferencia es que antes la pila solo duraba lo de una vela, pero es que ahora casi parece que está fabricada de radioisótopos.

Si vamos a vivir hasta los 150 años, yo me conformo con 120, nos da tiempo para vivir tres o cuatro vidas diferentes, tal y como está el patio. Antes, se podía desarrollar la misma profesión durante 30 o 40 años y luego te morías, pero actualmente y con la rapidez que cambian las cosas, ni una empresa dura más de 20 años y ni una profesión más de 30.  Haciendo cálculos, si nuestra etapa laboral dura 30 años y vamos a vivir hasta los 120 años, al menos viviremos tres vidas diferentes. Porque claro, la paguita de la jubilación nos la contarán los libros de historia.

Entonces, la mejor pensión de jubilación es mantenerse activo para poder continuar trabajando el máximo tiempo posible que dure la pila. Nuestra manera de entender el trabajo sería estar abierto a todas las posibilidades que nos ofrece el mercado, ya que hasta los 120 años no vamos a vivir de lo mismo. Además, papá Estado no nos va a cubrir todas nuestras necesidades y puede que hasta desaparezca.

¿Solución? Hay que ir pensando que el cambio, nuestra manera de manejar el tiempo que nos queda, nuestro ritmo de vida, va a ser totalmente diferente a lo que pensábamos. Prepararse para la novedad de una manera constante, nuevos estudios, nuevas profesiones, nuevos países, porque ya hemos visto lo que ocurre con el apalancamiento, que aumentan los riesgos de cualquier operación, sea el financiero o el del sofá de casa.

Estudio topológico no conceptual de las asas de un reloj

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas septiembre 5, 2013 @ 2:31 pm

asas

Las asas de un reloj son una topología del rectángulo, si suponemos que cada asa se va a estudiar independientemente a la caja de un reloj y fuera de su concepto y contexto. Ello implica que tiene las propiedades de un espacio topológico, conectividad, contigüidad, separabilidad, cuyas propiedades permanecen comunes por transformaciones continuas. Las asas del reloj y el rectángulo pueden pertenecer al mismo espacio topológico, lo que implica que se pueden describir a nivel formal o pueden ser descritas sus propiedades topológicas como similares como el homeomorfismo. El rectángulo y el asa de un reloj son una topología y por tanto espacios topológicos y o funciones continuas. Como espacios topológicos formalmente se describen como el par que forma un conjunto no vacío de elementos X junto con una colección T de subconjuntos de X cuando:

– cuando X y el conjunto vacío, pertenecen a T

– cuando la unión de cualquier número finito o infinito de conjuntos en T pertenecen a T

– cuando la intersección de dos conjuntos de cualesquiera de T pertenecen a T

Un ejemplo sería, sea X= {a, b, c, d, e, f} y T {X, Ø, (a), (c, d) (a, c, d) (b, c, d, e, f)}

Si sustituimos cada elemento de X por rectángulo Rc1, Rc2….etc. sería una topología o un espacio topológico

Lo mismo sería para X’= {a’, b’, c’, d’, e’, f’} y T’ {X’, Ø, (a’), (c’,d’) (a’,c’,d’) (‘b, c’,d,’e’,f’)} donde X’ sería el conjunto de asas del estudio del reloj y sus elementos serían As1, As2….etc.

Así tanto X como X’ son espacios topológicos que pueden ser homeomorfos, es decir, que puedan compartir la propiedad del homeomorfismo si son equivalentes y cumplen una serie de propiedades. Si X y X’ son espacios topológicos, y f es una función de X a X’; entonces, es un homeomorfismo si se cumple que:

f es una biyección

f es continua

– la inversa de f es continua

Sabemos que intuitivamente son equivalentes XX’ ya que cada f(a)= (a’), f(b)=(b’)…y por tanto f(X) A (X’) siendo esta función un homeomorfismo entre X y X’ con cada una de sus topología T y T’ donde (X, T) (X’, T’) son homeomorfos entre ellos.

Por tanto, el conjunto de rectángulos y el de las asas del reloj son espacios topológicos homeomorfos no conceptuales que tienen la propiedad de conservar sus propiedades topológicas, es decir, se pueden estirar, doblar, compactar como si fuera una masa de plastilina y volver a su forma original, pero sin cortarlo en dos pedazos o romper alguna de sus conexiones. Una esfera compacta no es homeomorfa de un anillo debido al agujero que tiene este.

Esta idea es interesante porque podemos partir de un diseñador que percibe la forma de un rectángulo. Este rectángulo no va a ser tallado, en el sentido de quitarle material, sino que va a ser modelado como un cuerpo plástico. Cada línea o superficie modelada nueva contiene propiedades homeomorfas como la de ser biyectiva, es decir, de volver a la forma inicial del rectángulo. En el modelamiento del rectángulo hacia el asa del reloj, se puede hacer cualquier línea, mantenerla, doblarla, estirarla, plegarla al gusto del diseñador, sin que pierda la forma o mejor dicho sin que deje de ser homeomorfa con respecto al rectángulo.

Esto significa que a partir de una forma geométrica como el rectángulo, las posibilidades homeomorfas son infinitas para ser desarrolladas a partir de aquella. Desde un rectángulo, el diseñador puede concebir multitud de formas para el asa de un reloj solamente como un estudio topológico no conceptual de su desarrollo. Con la incorporación de las nuevas tecnologías, el estudio de los espacios topológicos en arquitectura ha sido enorme. Muchos arquitectos estudian las formas a partir de los modelos paramétricos que se desarrollan a partir de programas que están implementados para ellos como el grashopper. Nosotros lo hemos intentado abordar con el estudio del regulador.

Aun así, el estudio por sketches permite al diseñador crear unas nuevas imágenes espaciales, que puedan ser desarrolladas en un nuevo contexto y significado. Aunque aquí se ha desarrollado un estudio no conceptual formal de los espacios topológicos equivalentes del asa de un reloj y un rectángulo (Fig1), la idea es presentar un estudio similar donde se encuentren el concepto como significado dentro de los espacios topológicos para el diseño de las asas de un reloj, por ejemplo.

El diseño topológico-conceptual.

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas @ 2:30 pm

blog tensor cocnepto

El origen de la palabra diseño procede de disegnare que significa roturar un campo o una ciudad. Las ciudades antiguas eran roturadas y marcadas para señalar su límite. Se limitaban. Por otra parte, la palabra concepto equivale a término. El término o terminum latino, que ahora es la definición de una palabra, eran los hitos que se colocaban en los terrenos para delimitar una propiedad. La propiedad para los griegos era la sustancia o la esencia de una cosa, que era tanto su aspecto como lo que significaba como esencia. Por tanto, el diseño y el concepto son palabras cuyo significado es unívoco y se refieren a la propiedad y esencia de una cosa.

Nos hemos acostumbrado a ver las cosas ya marcadas o diseñadas bajo su concepto o significado. Cuando vemos o percibimos por medio de nuestros sentidos, recibimos sensaciones de límites y contornos, que se forman en nuestra mente y comprendemos su sentido a través de ese campo visual delimitado por la forma de la cosa. Todo el conocimiento que existe parece un campo roturado de cosas llenas de significado con una forma, con ligeras variantes, pero dentro de unos límites casi inmóviles.

El conceptualismo incorporó al arte un sentido equívoco abstracto a las cosas que vemos.  Si un objeto contiene un significado formal, se le podía otorgar otro significado dentro del campo de las ideas, que manteniendo la forma nos sugiriese otro contenido, otro límite u otra propiedad en su esencia. Esto es lo que sucedió con la primera obra conceptual que elaboró Duchamp con su urinario que llamó Fuente. El término no coincide con el significado formal de la obra, pero le da una nueva connotación conceptual que va más allá del aspecto de la cosa. El concepto es mucho mas que un término solamente delimitado en su sentido, estableciendo líneas de fuga abstractas, conexiones, vecindades, contigüidades que se mueven más allá del espacio geométrico y ocupan un nuevo espacio topológico de significado.

El concepto no solamente ocupa un espacio geométrico, el de la representación, sino un espacio topológico que varía con su significado o con lo que interpretamos. Nuestra percepción se ha acostumbrado culturalmente a percibir y esquematizar en nuestra mente figuras geométricas, que se van acumulando y que cada cosa que vemos la entendemos bajo el significado de esa representación. Una fuente es una fuente y un urinario es un urinario. El conceptualismo trascendió del espacio geométrico al espacio de significados, y con ello al espacio topológico, con lo cual las cosas no solamente eran formas geométricas sino significados con propiedades topológicas. Ello implicaba que la cosa no fuera un límite fijo o un entorno delimitado por su aspecto formal, sino que podía ser interpretado bajo una perspectiva conceptual de contigüidad y vecindad. Esto quiere decir que el significado es lo que estructura el espacio por topología y no un esquema de forma y memoria predeterminado de un límite geométrico. Este significado es interpretativo del diseñador, sea una persona corriente o un profesional. A través de un espacio topológico, una forma que significa o tiene una definición concreta puede ser transformada en otra por un significado distinto siendo homeomorfa, es decir, que tenga la misma forma topológica pero con distinto significado. La estructura delimitada sería maleable, se moldearía a voluntad en un espacio de percepción interpretativo del diseñador, sea persona corriente o profesional.

El problema es que la mayoría de las personas y muchos profesionales comprenden la relación con la cosa desde el aspecto formal o geométrico. El significante, que es la materia del significado, ha perdido su visión a favor del aspecto de superficie. El trazo es un marco, un recorte en el espacio, pero no la comprensión de la esencia o el modo en que se forma. La visión no es una escisión de un área determinada del espacio sino que es una estructuración matemática de curvas, puntos, superficies y cuerpos de una expresión con sentido interpretativo que se forma en cada instante. Lo que se percibe se estructura en cada momento, no a partir de un recuerdo o de ese esquema del que hablábamos, se estructura topológicamente como una estructura matemática conceptualizada e interpretada por cada yo mismo. Eso es el tiempo.

Cuando un diseñador topológico observa un árbol, primeramente y por la fuerza de la costumbre, ve un recorte en la geometría del espacio. Posteriormente ese árbol lo contextualiza en su entendimiento, añadiéndole las raíces, las hojas moviéndose, la savia corriendo por sus nervaduras. A partir de aquí, el diseñador topológico realiza un ejercicio de homeomorfismo, donde el árbol ofrece una topología a través de las propiedades de contigüidad, conectividad, conveniencia, estirándose, alargándose como aquella taza que se convierte en donut, ejemplo clásico de los espacios topológicos. Ese árbol se trasforma en un hombre y sus nervaduras en venas, la savia en sangre, la madera en carne. El concepto árbol ha pasado a estar delimitado en un nuevo espacio topológico de significado en la homeoforma hombre. Y todo esto ocurre desde que el concepto aparece como una estructura matemática con sentido, el pliegue parmenídeo de pensamiento, visión, lenguaje densificados por el yo propio del tiempo, en un instante, sin esquemas o nada que se le parezca, que al principio son recortes cartográficos o mapeados matemáticos vacíos de pleno significado. Es aquel pliegue que parecía algo mágico, porque lo que surgía a los ojos de aquellos griegos se conformaba en un instante como una aparición. Lo que se comprendía por medio del ver al pensarse se plegaba en la palabra y se visionaba, se percibía como algo que se había creado en ese instante. Este proceso se repite una y otra vez en cada acto de visión y así se comprende dentro de un diseño topológico donde el centro es el yo del diseñador que lo crea.

Debajo de los espacios topológicos de significación quedan las estructuras matemáticas intuidas por el yo, como  la perpendicularidad que se desarrolla como función del tiempo, a través de otras estructuras matemáticas como el punto, la curva, la superficie, los espacios geométricos, riemannianos o los fractales que proceden de las primeras síntesis, que se van llenando de significados a través del tiempo. Ese tiempo que es la variable de la función del yo, que va determinando, significando su entorno topológico, que ya no se llama espacio ni tiempo sino el nombre propio del que desarrolla la curva, la superficie, el diseño que pertenece a cada yo propio de cada diseñador con lo que diseña. De ese modo, todos somos diseñadores de nuestro propio proyecto.

Yo=(f)t o yo funciono

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas @ 2:27 pm

Yo funciono

El yo es una función donde la interpretación del tiempo es una variable de esa función que la determina y limita. Así, el yo equivale a tiempo, pero a la vez a espacio funcionalizado. Ese espacio/tiempo funcionalizado se expresa por elipsores, conceptores, contextores y conectores, que es el yo como función. La base de la función es la relación comprendida como tiempo propio.

Esa base de la función es el conector. El conector es la relación y esta relación es recíproca y reflexiva, unidireccional y bidireccional, sistémica y estructural, rizomática y arbórea, simpática y de conveniencia, intuición o plano de pensamiento. Forma parte de la función donde el yo es tiempo, donde hay un yo que se define por sí mismo y coincide con el nombre propio y que a la vez es tiempo, ya que esta variable es su expresión. Por tanto, yo=f (t)= ->t, donde yo se sustituye por el nombre propio y se comprende como relación o conector. La relación, si es recíproca, otorga el concepto de tiempo ya que el yo comprende que es un yo que piensa en un yo que antes era y ahora es. Se convierte en reflexivo.

Primeramente la función es un punto con un conector. El hecho de ser un punto implica que puede haber una línea. El punto es la primera expresión del espacio, que se convierte en tiempo en cuanto que este punto se comprende como yo. El punto es espacio/tiempo de consciencia, que tiene una relación o un conector con el plano en cuanto lo ha limitado y en cuanto puede conectar. Es el punto de vista de Leibniz.

Espiral de densificación

El punto inicial es una creación espontánea de la actividad del yo entendida como relación. La misma relación es la actividad espontánea que da lugar a ese yo, que se hace consciente en cuanto comprende que es tiempo. La implicación del yo funciono o yo relaciono la memoria, la acción y el límite como tiempo, es la comprensión de esta función, que depende reflexivamente de la misma relación. Es la doble flecha la relación expresada como tiempo  (<- ->)t.

Del surgimiento del punto inicial como primer elipsor que se convierte en función, aparecen una cantidad de puntos como conceptos que se densifican, aumentando la función del concepto en multifunciones o funciones polivalentes que dan lugar al contexto o contextor, es la explosión metafísica del yo. Puntos, líneas, espirales, membranas, expresan estas funciones en como espacio/tiempo del yo funcionalizado dentro del infinito limitado

La función es un elipsor, un concepto o conceptor, un contexto o contextor o un conector. Todas las funciones están relacionadas entre sí por los conectores, que son vías de relación y movimiento real de la previsión. Esos conectores tienen una disposición que les permite sostener el entramado, que se va formando a través de la variable tiempo como yo propio. Los conectores sostienen y permiten cambiar las variedades y variables para una nueva disposición. La función del tiempo propio es la que origina los trazos proyectivos y de proyección del propio espacio topológico. Una previsión del espacio que puede ser tanto de significado como geométrica, intensiva o extensiva, de relación o de conexión. El espacio es una limitación como magnitud, actividad, significado y espontaneidad entendido dentro del tiempo propio debido a la previsión.

previsión

La metáfora del ser culto

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas noviembre 25, 2012 @ 10:25 am

culturablog.jpg

Hoy en día se entiende el ser culto como un modo de manifestar una serie de conocimientos en las reuniones de salón. Esos conocimientos se supone que deben de ser dominados de un modo universal, como algo imprescindible si la persona pretende ser considerada como culta, y sobre todo, impresionar a los contertulios. Es el esnobismo del ser culto como definición extendida dentro del ámbito de las relaciones sociales. El problema que esto conlleva es la ansiedad por demostrar constantemente ese bagaje cultural en las tertulias. Eso se traduce en un aprender como si de un concurso se tratara, junto con el miedo a no saber la respuesta a algún tema supuestamente erudito.

Una persona es culta cuando posee cultura y la cultura es tener un juicio crítico sobre alguna circunstancia que le atañe y no ser un erudito. La diferencia se halla entre el aprender y el saber que Deleuze la establece como una subordinación del primero al segundo. El aprender es el acopio de conocimientos universales de lo establecido para encontrar con el saber un método para solucionar problemas. En realidad estos problemas comprenden la función como conocimiento en la delimitación de los conceptos. Los conceptos son las marcas y en ellos se establecen los surcos que desmenuzan el concepto para comprenderlo, para aprehenderlo. Eso es lo que consiste cultivar y ser culto, aprender de lo particular para lograr un método circunstancial, con lo que el aprender puede suceder de diferentes maneras. Los modos del aprender no son universales sino propios individuales y el saber correspondería al uso de la metáfora y de la metonimia.

Dietrich Schwanitz en su libro La cultura todo lo que hay que saber, se aventura a trazar unos esbozos para “dominar el juego social del que forma parte la cultura”. Incluso se atreve a escenificar una conversación de lo que teóricamente sería una tertulia entre dos hombres cultos. Quizá lo mejor es el uso de la metáfora para describir su personal comprensión de la cultura, su saber, pero no el cúmulo de conocimientos propuestos por él. No me importa nada Leda y Semele, el Vormarz, las hermanas Brontë, ni voy a leer al Ulises de Joyce, ni los Buddenbrook porque ni he oído hablar de ellos o tampoco me interesan mucho. No pierdo el tiempo en preparar una tertulia donde es posible que el interlocutor sea una eminencia en Joyce. Lo mejor sería escucharlo si de verdad me interesa.

La cultura va ligada a la propiedad privada en un sentido geofilosófíco o  como dirían los estoicos, son bienes en propiedad. La propiedad privada no consiste solo en un bien material sino en saber elaborar la función como conocimiento. Es la relación que existe entre cada concepto y saber definirlos, elaborarlos, apropiarlos a través del yo propio como tiempo es una utilidad, un producto, un beneficio. El desarrollo del yo como tiempo es una función y esta función como relación es conocimiento, saber, y por lo tanto, metáfora. 

La metáfora consiste en establecer una relación entre dos conceptos, términos, frases, palabras o cosas con distinto significado, que al establecer una relación se le otorga un sentido semántico profundo de sinonimia con permanencia unívoca. La metáfora es el modo donde se intuye la inmanencia del yo o lo que es el sustrato del sujeto/objeto como realidad activa. La utilización de sinónimos/semántico-profundo en la relación metafórica, aparece el sustrato de comunicación de todo lo que existe, la realidad activa del yo. Por eso dice Fichte que todas las palabras pueden contener un mismo significado semántico ya que todas pertenecen a esa realidad inmanente.

Hay que tener en cuenta que el origen del concepto es metafórico, pero no solo de efigie como dice Derrida sino de sensaciones y afectos. Entonces, la metáfora es la función del concepto que relaciona todos los contenidos que puedan ser posibles expresados de una manera gráfica, sea escrita, hablada, descrita por una imagen, interpretadas por un yo en su experiencia única temporal. El yo es una función del tiempo que interpreta lo que existe y la realidad activa construyendo metáforas. Por eso mismo, el concepto no puede ser puramente una definición sino ya en su construcción se llena de esa experiencia interpretativa afectiva de todos los contenidos que la constituyen.

La formación del concepto es una metáfora dicen los etólogos. Eibel-Eibesfeldt que la metáfora en todas las culturas es una traducción de los contenidos en imágenes gráficas expresando una semejanza, donde las asociaciones se basan en experiencias individuales. Por ejemplo, un niño cuando bebe su primer vaso de soda dice que le sabe a pies dormidos, asociando el cosquilleo de los pies con la experiencia común. Los eipos expresan la alegría como “el sol que brilla sobre mi pecho” o conciben lo recto dentro de percepciones fisiognómicas. Los conceptos que se derivan de estas asociaciones metafóricas son universales, en el sentido de que existen unas adaptaciones filogenéticas que nos predisponen a aprender de la interacción de lo que existe con nuestras experiencias, pero el resultado es una interpretación particular. Las adaptaciones filogenéticas son muy variadas y responden de una manera diferente a una sensación en diferentes individuos.

El aprender es una experiencia individual y no universal. Se puede caer en un etnocentrismo si lo que se pretende es que el ser culto es el acopio de una serie de conocimiento normalizados por una sociedad como la nuestra. Incluso en nuestra misma Europa las diferencias culturales nos separan en la definición social del ser culto. Dudo mucho que un alemán de los convencionalmente cultos haya leído a Juan Benet (yo tampoco por supuesto) o la poesía de San Juan de la Cruz. Por eso, el aprender depende de ese relativismo cultural que identifica al hombre que se hace a sí mismo. Y ese hombre que se hace a sí mismo, que se apropia de sí, lo que construye es su propiedad privada. Del aprender de las experiencias privadas y relativas a cada uno se pasa más allá de ellas y con ellas a la metáfora.

El saber del ser culto es la metáfora. Como procedimiento intelectual dice Ortega es un medio para aprehender lo que está lejos de nuestra potencia conceptual. Con nuestras circunstancias que nos rodean, con lo más próximo a nosotros mismos y mejor dominamos, podemos alcanzar lo mas lejano y establecer un contacto mental y comprenderlo. Es un suplemento a nuestro brazo intelectivo explica metafóricamente. Para la lógica y nuestro razonamiento, Ortega compara la metáfora como el fusil o la caña de pescar. Ortega plantea la metáfora desde tres perspectivas. La de la realidad objetiva, la ideal subjetiva, y la que al le parece más convincente, la del yo con sus circunstancias. Ello implica que cada yo es que el usa sus circunstancias para aprehender por medio de la metáfora su relación con su entorno, con la vida.

La metáfora es una función propia interpretativa del yo o quizá la función. Función y metáfora son sinónimas en cuanto la operación es la misma, relación de conceptos. Dentro del ser culto, el uso de la metáfora es mayor cuando el individuo es consciente de sus circunstancias, de la idea del mundo patente y latente que explicaba Ortega, de construir sus propios caminos o de delimitar sus conceptos. De toda esta relación de contenidos surge la metáfora como una función propia del tiempo que es el yo.

La metáfora se expresa de propio en el humor, en la profesión, en la investigación, en la relación social, en el diseño o en la arquitectura, y en suma, en todos los espacios de significación. Porque el significado siempre va más allá de algo, trasciende porque se traslada conservando el sustrato del contenido. Holderlin, Derrida y Jesulín de Ubrique son cultos en el sentido que hacen de la metáfora su medio para aprehender lo mas lejano con las experiencias mas próximas. ¿O acaso la filosofía del torero en torno la relación de la vida con el toro no es su propia experiencia metaforizada? ¿Y el panadero que amasa el pan no comprende y entiende la vida sino como experiencias que se moldean y se cuecen cada momento? ¿ O los novelistas que metaforizan su vida y la escriben en capítulos sin ser grandes eruditos? Todos ellos tienen en común el ser cultos a partir de sus experiencias propias, su propiedad privada como forma de cultivarse y aprehender su entorno a través de la metáfora.

Next Page >>>