EXTático

¿Para qué sirve la filosofía?

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas julio 15, 2016 @ 12:30 pm

La polémica que se ha generado con la filosofía como materia obligatoria dentro de los programas de educación secundaria e incluso más allá, parecen irresolubles. La idea general es que debería de continuar al menos como una asignatura optativa, pero que no desaparezca del programa escolar. Ahora bien, tal y como se enseña hoy en día en el ámbito formativo debería de desaparecer, para dar paso a otro tipo de opción mas avanzada y realista. Es casi imposible transmitir a un joven entre 14 y 15 años las ideas de los filósofos cuando ellos están formando sus conceptos, sin manipularlos ideológicamente y mas sabiendo que la mayoría de los profesores que enseñan la asignatura de filosofía tiene una ideología concreta.

Recuerdo mi primer día de clase de filosofía en Alicante hace muchos años. El profesor no tardó mas de 15 minutos en explicarnos el programa del curso. La primera frase que soltó fue “señores, están todos ustedes aprobados con un cinco”. Todos nos quedamos estupefactos. La explicación que nos dio fue que a él, que había sido guardia civil, le costó mucho comprender la filosofía, ya que empezó la carrera a los 25 años. Pensaba que para unos muchachos de 14 o quince años sería prácticamente imposible comprender a Platón o a Kant. Con los años esta idea ha cobrado cada vez mas sentido para mí.

La filosofía no se puede enseñar tal y como se enseña ahora ni tampoco al nivel pedagógico que lo realiza. Debería de ser enseñada en la universidad en todas las carreras como una asignatura optativa sin exámenes ni clases magistrales convencionales, pero con la esencia de lo que es la filosofía, con lo cual cada carrera encontrará una utilidad concreta. Para ello hay que saber ¿qué es la filosofía?

La filosofía es un método que consiste en tres fases; 1) la destrucción del concepto, 2) la iluminación o visión del mismo, 3) la interpretación. La interpretación puede ser la del autor del concepto o la del uno mismo. Por este motivo, la filosofía parte de conceptos ya aprendidos que tienen que ser destruidos, comprendidos y reinterpretados para que sea útil. De otra forma, el estudio paulatino de conceptos de los filósofos no tendrá ningún tipo de utilidad para el alumno en cualquier campo pedagógico que se abarque. Este método les permitirá ser mucho mas creativos en cualquier campo que se afronte un nuevo aprendizaje de un concepto.

La destrucción consiste en romper con el concepto que se comprende como propio al afrontar otro concepto. Por ejemplo, nuestra formación occidental está basada en conceptos cristianos como el de creación, persona, entendimiento, trascendencia, etc. Entonces, para comprender el yo trascendental de Kant, hay que liberarse del concepto particular del yo cristiano como yo que equivale al de persona. Así se comprendería el yo trascendental como el de un yo universal común para todos con efecto retroactivo. Este ejemplo de destrucción se utilizaría para toda clase de conceptos y en todos los campos de la enseñanza.

La iluminación o visualización consiste en el darse cuenta del concepto. Es una abertura a la comprensión básica del concepto. En este sentido, me recuerda mucho lo que nos contó en un curso de doctorado Emilio Lledó. Decía que él estuvo en Alemania aprendiendo alemán y estudiando a Kant. Cuando terminó sus estudios en Alemania sacó una cátedra de instituto y enseñaba la Crítica de la razón pura sin entenderla durante ocho años. Un día, como si fuera una iluminación, toda ella tuvo un sentido para él. En eso consiste la iluminación comprender el sentido de un concepto, aunque sea a nivel privado.

La interpretación tiene dos vertientes. La primera consiste en interpretar el concepto según el tiempo en el que se esbozó. Por ejemplo, si hablamos de Aristóteles no podemos hablar de un yo de ningún tipo, ya que el yo se descubrió con Descartes, que fue el primero que lo pergeñó. Otro ejemplo sería el de la causa primera. En los conceptos basados en el cristianismo sólo existe una relación de causa y efecto, así hasta una causa primera que suele ser el creador. Por ese mismo motivo, incluso la ciencia está buscando ese punto inicial, cuando para los griegos el concepto de creación no existía, ya que todo era un ser pleno. Incluso el concepto de existencia es muy difícil de comprender desde una perspectiva no destructiva de conceptos actuales y llegar a la esencia de lo que la cultura griega o latina entendían por existir, y si lo había.

La segunda vertiente de la interpretación es la mas creativa, la que entiende cada uno por el concepto destruido, visualizado e interpretado. Esa nueva interpretación no es convencional, ya que cualquier tipo de concepto y su alusión a este, no deja de ser mas que una distorsión del concepto de naturaleza privada del creador del mismo.

La filosofía debería de apartarse del estudio histórico sistemático de las ideas y acercarse a un método creativo de interpretación no convencional. Esto sería de mucha mas utilidad, ya que se podría abordar cualquier tipo de concepto en cualquier disciplina universitaria. La destrucción sistemática y su reinterpretación en la formación universitaria de conceptos convencionales filosóficos, matemáticos, físicos, estéticos, experimentales, etc. , permitiría crear nuevos conceptos que serían muy útiles en todos los campos de aplicación y no esperar la inspiración del genio para cambiar de paradigma. Además de la creación de nuevos conceptos en diferentes campos universales, sería muy útil el establecimiento de esta manera de comprender la filosofía, que permitiría avanzar al hombre particular en beneficio propio, con el replanteamiento constante de cada concepto aprendido, pero nunca dentro de una realidad absoluta salvo la del yo propio.

 

La muerte no existe

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas @ 12:29 pm

La muerte no existe

Creo que todas las personas e individuos que tienen miedo a la muerte se debe a que piensan que existe una realidad fuera de ellos mismos. La única realidad que se puede pensar de una manera fuerte y absoluta es la realidad del yo propio, la de cada uno de nosotros.

La realidad aparece cuando nos damos cuenta que el yo es llamado por su nombre, la realidad del yo propio. Esta realidad es absoluta y estática, es equilibrada y por tanto no tiene tiempo. Solo te das cuenta que tienes un nombre que no cambia nunca. Es la idea de la esfera de Parménides pero referida al yo propio como una realidad absoluta sin tiempo ni cambio. Mi realidad es inmutable mientras me llame como me llamo.

Pero esta esfera, que permanece inmutable gracias a su nombre propio, cambia dentro de sí misma a través de las determinaciones internas. Todas las posibilidades de desarrollar una diferencia se comprimen dentro de esa esfera, que en realidad es un contorno (una estrella, un polígono o cualquier simetría lo podría explicar también) y se desplegarán a lo largo de un tiempo lineal. El contorno podrá cambiar como espacio topológico, un contorno maleable homeomórfico dentro de ese tiempo lineal cronometrado, pero la esencia del no tiempo permanece como yo propio.

El otro concepto del tiempo que subyace en el yo es el tiempo del eterno presente, el del Aión. La realidad absoluta que piensa, que es la del nombre propio puede navegar, surfear a través de la memoria retroactiva. Los recuerdos son parte de la elección constante de las acciones del yo, de la realidad propia y pueden ser cambiados por este mismo yo. La percepción del recuerdo puede ser tan viva como un hecho actual, además que en la retroactividad de la memoria se puede cambiar la interpretación para encontrar un nuevo camino de actuación. Ver el futuro o ver el pasado es la misma acción dentro del tiempo del presente continuo. Con el tiempo del presente continuo los valores cambian, son monedas de uso, algo que Nietzsche explicaba bastante bien.

La realidad del yo absoluto es estática como nombre propio. Por tanto no cambia nunca ni tiene un destino. Esta realidad ni trascendente ni inmutable no le encuentra sentido a la muerte, solo a la respuesta del nombre. Por tanto ¿qué sentido tiene preocuparse por la muerte si para la realidad absoluta que responde a un nombre no tiene ningún significado en sí? El sentido si se quiere se podría encontrar en las realidades débiles para vivir ese tiempo lineal o el tiempo del presente continuo, pero sabiendo que la realidad absoluta del yo propio es estática y que la muerte no existe.

La revolución del hogar-taller. El tecnoartesano

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas abril 23, 2015 @ 6:20 am

La revolución del hogar-taller. El tecnoartesano

Explica Sennet que el taller era el hogar del artesano en su libro The Craftsman. Era un espacio humano de trabajo, muy diferente a la fábrica moderna donde domina el fordismo, y que a la vez se podía encontrar un buen hogar. El hogar es la vivienda o casa donde se puede hacer vida en familia. Los talleres medievales eran una especie de talleres-hogares pero con las trabas de las relaciones autoritarias y jerárquicas que componían la Edad Media. Además, estaban dominados por el secretismo de los gremios de los que dependían los talleres-hogares. Según Sennet, el éxito de los talleres artesanales dependía de la gestión que se realizaba entre autoridad y autonomía. En la actualidad, el concepto de taller-hogar se redefine como hogar-taller en cuanto entra en escena una nueva figura, la del tecnoartesano.

El nuevo concepto de hogar-taller se opone directamente a la fabricación de escala o en serie muy ligada al fordismo y al taylorismo. Estas facetas de producción, si bien han permitido un avance en el estilo y calidad de vida actual, son opuestas al sentido de afirmación individual que existe en la sociedad de hoy en día. Además, el concepto de trabajo en serie está cambiando gracias a la sustitución del operario humano por las máquinas. Las máquinas podrán abastecer en un futuro no lejano de todo lo necesario y de lo superfluo, que es el lujo. Porque el llamado lujo actualmente se produce en serie y en la industria relojera suiza hablar de lujo es hablar de humo..

Los números del sector del lujo son muy contradictorios. Por una parte declaran un aumento de los beneficios cada año, incluso en época de crisis. Por otra, despiden una gran cantidad de trabajadores. Puede que los beneficios sean debidos a la disminución de los trabajadores, pero la verdadera lectura es que las máquinas están ocupando el trabajo que realizaban, que era en serie dentro de una cadena de montaje y no especializado. En el sector secundario, este problema se agudiza, ya que la mayoría de empresas no logran beneficios con el despido de trabajadores, solo maquillan su cuenta de resultados. Con pequeños márgenes de beneficio, solo les queda sustituir todo el personal no cualificado por máquinas. Si bien hasta hace poco, una gran cantidad de empresas han globalizado su producción fabricando en China, con la subida de salarios allí, la obligación de cumplir normas de medio ambiente y los seguros laborales, una multitud de empresas pequeñas que tenían un gran volumen de trabajo pero con muy poco margen de beneficio, han tenido que cerrar sus puertas y se observa una ralentización de la producción en China. Si el trabajo concebido de un modo colectivista casi ha desaparecido, al fordista le queda poco tiempo de vida.

Ahora bien, no quiero decir con esto que vayamos a retornar al siglo XIX, donde muchas familias tenían muchos problemas de subsistencia. Creo que vivimos en la sociedad del lujo, entendido como superfluo. Existe todo tipo de productos que hace dos siglos eran un lujo y eran impensables conseguir para la gente. Hoy en día casi, todo el mundo en la sociedad europea dispone de comida, un techo para dormir y de sanidad solamente por ser ciudadano europeo. Entonces ¿dónde está el problema del trabajo? En el estado de ánimo de la sociedad, explica Sennet en The Craftsman con la depresión que existía en los obreros de una economía colectivizada y en la economía basada en cadenas de montaje. Incluso para mí, el trabajo especializado dentro de una empresa estructurada dentro del sector secundario, pasa a ser tedioso cuando se limita a un grado de especialización muy alto. Son los nuevos bárbaros como decía Ortega. A mi juicio, la solución a ese estado de ánimo es la revolución del concepto de taller-hogar y el surgimiento del tecnoartesano.

En la Edad Media no era fácil entrar a trabajar en un taller o abrir el de uno propio. Estaban regulados por los Gremios, que monopolizaban las artes manuales. Pero hoy en día cualquier emprendedor puede montar su hogar-taller, solo que le hace falta desprenderse de su pensamiento fordista, para comprender la esencia de lo que es un hogar-taller actual, la figura del tecnoartesano y su producto.

El hogar-taller actual contiene relaciones horizontales no verticales. No debe de haber una jerarquía de autoridad vertical, sino un equipo de relaciones familiares basadas en una dirección consensuada o participada, donde la responsabilidad final es del tecnoartesano. El lugar de trabajo puede ser muy bien la propia casa o incluso un pequeño local cerca del hogar, que pareciera una extensión del mismo. La sensación de trabajo no sería la de estar en una cadena de montaje impersonal o en una gran oficina donde surgen enfrentamiento competitivos. El hogar-taller estaría limpio y cuidado como la propia casa, con los colores que gustan a la familia-equipo.

El primer problema que se presenta en el hogar taller es la adquisición la maquinaria, porque mucha gente se lo piensa, ya que el vendedor suele presentar el cuento de la lechera. Si va bien con 400 relojes al año no tienes ni para empezar, intentará convencer el vendedor y decidirnos por una máquina de 200.000 para nuestra pequeña producción. El vendedor tiene un pensamiento fordista, pero el tecnoartesano está fuera de la cadena de montaje. Es fácil conseguir la maquinaria a buen precio, el problema es que es muy difícil conocer el funcionamiento y las necesidades. Ahora bien, con los nuevos CAM de simulación se puede aprender a manejar una máquina de control numérico en dos meses, lo que en la práctica se necesitarían dos años. Con los nuevos programas como el Fusion 360, el On shape o el Solid 3D experience, se puede diseñar un producto desde el trazo original en 2D hasta su fabricación en la máquina. Si el hogar-taller se dedica a productos tecnológicos, en muchas ocasiones no sería necesaria la maquinaria para el tecnoartesano.

La figura del tecnoartesano es la que dispone la línea de trabajo artesanal que requiere su producto. Si bien en la Edad Media y en épocas posteriores se tenía mucho miedo a la máquina, ya que esta alcanzaba altas cotas de perfección y producción, el tecnoartesano se ha aliado con ella para conseguir un trabajo mas perfecto, pero a la vez fuera de la serie de la cadena de montaje. El tecnoartesano es un manufacturero que realiza las cosas con la mano y la mente. El ratón es una prótesis de interconexión entre los programas CAD/CAM y la creatividad original y autónoma del tecnoartesano. El proceso de producción del producto pasa a ser lento otra vez, no seriado, personal y a la vez mas perfecto del artesano medieval que solamente usaba sus manos para ello.

El producto hecho de esta manera en el hogar-taller, adquiere otra vez el nexum o la trasmisión de un vínculo entre el comprador y el tecnoartesano. Pasa a ser parte de la familia, como algo mágico que trasciende la venta y la convierte en algo solemne y trascendente. Ya no es solo una cosa o un producto, es una relación real vinculante entre el comprador y el hogar-taller con su equipo-familia. Ante esto, el estímulo aumenta, ya que la pérdida de un cliente no es la pérdida de una venta sino la separación afectiva y la ruptura de un vínculo que va mas allá de la cosa.

El nexum, además de trasmitir ese sello eterno, transfiere una esencia o una manera de pensar y ser del hogar-taller y del tecnoartesano, que comparte el carácter de la propiedad. Ya no se puede llamar producto, es una poética de la cosa/idea, con un valor que va mas allá de lo material, lo que alguna vez he llamado valor eidético.

La necesidad de reconocimiento

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 31, 2013 @ 6:43 pm

Hay dos tipos de reconocimiento, uno el reconocimiento de una sociedad y el otro el reconocimiento social. El primero afirma que una sociedad es reconocida por los derechos adquiridos de todos los individuos que la componen. El segundo es el reconocimiento social.

El reconocimiento social se basa en la necesidad que tiene el individuo de ser reconocido por una sociedad. La sociedad delimitada por un conjunto de diferentes de individuos, contiene unos parámetros para medir ese reconocimiento y su naturaleza. Por ejemplo, en las sociedades indígenas el reconocimiento se otorga al individuo que presta sus servicios a la comunidad como un cargo político. Este cargo se ejerce gratuitamente y la sociedad se lo reconoce por partida doble, por su manera de ser y por ese cargo público que lo reconoce socialmente. El individuo político satisface su necesidad de reconocimiento sirviendo a los demás, dentro de una sociedad bastante homogénea en cuanto la diversidad individual de sus componentes.

La sociedad occidental es mucho más compleja, ya que se compone de muchas otras sociedades o conjuntos sociales específicos, con otro tipo de intereses que no tienen las sociedades nativas. Por ese motivo, la necesidad del individuo de reconocimiento es diversa, pero es mucho mas intensa. El individuo necesita ser reconocido por la sociedad, para que con su propia autoestima le permita formar parte de esa sociedad. Dentro de esos conjuntos particulares se encuentra el niño necesita ser reconocido por sus padres por el esfuerzo que hace por sus estudios para sentirse querido. Asimismo, está la mujer que necesita ser reconocida por su físico, su inteligencia o su abnegación a la familia o el anciano por sus hechos y su experiencia. Pero lo que prevalece a todo esto es la necesidad del reconocimiento por lo que se posee, que es lo que exige el hombre.

En otras palabras, es el “tanto tienes tanto vales” desde el punto vista del entorno social, para validar los méritos del individuo como correspondencia a sus logros materiales. La necesidad de reconocimiento pasa por una necesidad del tener. No es una necesidad de servir, de comprometerse con la sociedad como en las sociedades indígenas o una necesidad de ser mejor. Es una necesidad de tener cosas materiales o dinero para ser querido, que es lo que reconoce el grupo en su conjunto.

¿Esta manera de pensar es censurable? Creo que no porque enfatiza la individualidad. Es el propio individuo, con su necesidad de ser querido, ser reconocido socialmente quien lucha por este reconocimiento. Lo que pide es el cariño y el amor de la gente que le rodea a través de materializar el amor en lo que posee.

El problema está en que cuando el individuo basa toda la necesidad de reconocimiento en la posesión material del cariño, puede que cuando lo pierda, crea que fracasa en algo mas que el reconocimiento del otro. En el objetivo de su vida recogiendo cariño material, en lugar de reunir algo tan abstracto como es la empatía, que es una manera de ser reconocido y querido por los demás.

La deuda es tiempo

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 15, 2013 @ 12:27 pm

 

Antes a la deuda se le denominaba pecado original, ahora se le debería de llamar tiempo. Nacíamos pagando el supuesto error de nuestros primeros padres y había que expiarlo. Hoy en día nuestros hijos heredan nuestros errores, pero ahora no son pecados, son deuda.

Los americanos no hacen películas filosóficas para trasmitir una idea o un concepto, pero si lo quieren lo consiguen de la manera más sencilla. La idea de que el tiempo se basa en la deuda es el argumento de la película In time.

La trama se desarrolla en un futuro no muy lejano, donde toda la gente deja de envejecer a los 25 años. En esa edad, se pone en funcionamiento un reloj individual que acumula tiempo, la nueva moneda de cambio. Las cosas no se compran con dinero sino con tiempo. Las horas trabajadas, un café, ir en autobús, todo eso se paga y se mercadea con el tiempo de cada uno. El problema es que todo el mundo vive al día y si no paga con tiempo, su reloj vital se detiene cuando alcanza los cero segundos.

La película es una metáfora de la sociedad actual. El dinero no es algo material que se pueda tocar, es deuda. La deuda que adquirimos, pagamos, comparamos y vendemos para seguir viviendo. La deuda se amortiza con tiempo.

Comerciando con tiempo la deuda no cambia. Los que lo tienen acaparado son los banqueros y sus esbirros, la policía del tiempo, que es el órgano que representa al Estado. Bandidos ahora y en aquel futuro virtual. Esa es la realidad presente, que no somos poseedores de nuestra existencia, porque es una deuda en manos del Estado o de los bancos. Aquél la llama impuestos y los bancos la nombran como dinero, que es algo que no vemos.

Como en la película, la deuda comienza a pagarse a los 25 años, cuando los jóvenes entran dentro del sistema, que es cuando se supone que se empieza a trabajar. Un salario significa pagar impuestos y en ese momento empieza el bandidaje del tiempo por parte del Estado. Si se le ocurre comprarse una casa, por aquello de que el alquiler es tirar el dinero, lo que vende será los próximos 30 años de su vida, donde el tiempo se convierte en deuda.

El final no lo cuento, pero que me gusta y si es para estar fuera del sistema mejor. Nuestro final es imposible que cambie mientras exista el Estado, tal y como ahora lo conocemos o mientras continúe el patrón actual de dinero-deuda. Al menos, lo mejor que tiene el paro juvenil es que nuestros hijos tardarán en entrar dentro del sistema y cuando lo hagan puede que pongan medidas para evitar convertir su tiempo en deuda.

Sueños del futuro

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 8, 2013 @ 1:38 pm

Mi profesora de francés me contaba hace poco que cuando daba clases a los niños, les pedía que dibujaran cómo sería el futuro para ellos. Todos dibujaban coches que volaban. Aunque parezca que hay algún diseño de coches voladores, uno de ellos español, estamos bastante lejos del futuro que nos auguraban los chavales hace algunos años.

Nosotros pensábamos que nuestro futuro sería la conquista del espacio. Nuevos mundos colonizados en Alfa Centauri o Altair. Nuestros dibujos eran cohetes a la luna, a Marte o quién sabe a dónde. Cada uno ve el futuro de una manera muy diferente hace 30 o 40 años a como lo vemos ahora.

El futuro que pienso es un futuro intuido pero también un futuro soñado. Para que estos sueños ocurran, la naturaleza del hombre tendrá que avanzar hacia una autonomía individual ética y racional, que le permita prescindir de la tutela del Estado. Los propios individuos serán los que se organicen ellos mismos. Las sociedades dirigidas con un objetivo común, serán mucho más prácticas y alcanzarán sus propósitos rápidamente, además de una manera global. En cierta forma, esto ya está ocurriendo con organizaciones como chang.org., que consiguen involucrar a un gran número de individuos con problemas que nos afectan de una manera u otra a todos nosotros.

¿Hasta dónde puede llegar una organización como Igualdad animal en la defensa de los animales? Puede que lleguen a humanizarlos hasta tal medida que consideremos que con sus nuevos posibles derechos, deberían de tener una educación similar a la nuestra. Si las nuevas teorías lamarckianas, como la  teoría de la simbiogénesis, fueran ciertas ¿sería un sueño hablar con nuestra mascota y que nos respondiera? Yo muchas veces casi lo creo cuando miro a Alfie, mi perro.

Otro de mis sueños es que los niños fueran gestados en el laboratorio y a la carta. ¿Fuerte no? Hay muchas razones para soñarlo. La primera que se me ocurre es que debe de ser muy duro para una mujer que trabaja, llevar a cuestas la gestación de un niño durante nueve meses y trabajar. Se podría hacer en casa con una tecnología avanzada, sin ningún tipo de problema. Creo que con esta manera de pensar nos acercaríamos un poco mas a establecer una igualdad en un futuro laboral cada vez mas competitivo. Sinceramente no veo ningún tipo de problema ético.

Todo lo que podamos soñar ya está inventado o pensado para ser inventado. Quizá lo que más me gustaría que se hiciera realidad es el sueño de la telepatía. Me refiero a la telepatía no intuitiva, ya que uno por perro viejo casi es telépata. A muchos los veo venir casi sin verlos. Es la telepatía que contaba la ciencia ficción con la que sueño. Chips injertados que permitieran comunicarse el uno con el otro, recibir e-mails, archivos, whatsapps, sin necesidad de llevar nada encima. Y además que no se pudieran hackear. Creo que esto último sería la verdadera ciencia ficción.

¿Por qué este sueño? Porque debo de ser el último hombre vivo, como la película de Charlston Heston, que no usa ni tiene ni lleva teléfono móvil. No es que sea de alguna secta antitecnológica, sencillamente porque me molesta llevarlo. Claro que un injerto así, como el de nuestros amigos semihumanos, no me molestaría llevarlo y encima cada vez nos pareceríamos un poco más. Seguro que con el chip sí que me responde Alfie.

Este cuento no se ha acabado

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 5, 2013 @ 2:44 pm

Cuando éramos pequeños y nos contaban un cuento, solían ser historias reales o fantásticas sobre un determinado personaje, lugar y tiempo. Éste ponía en práctica una acción, cuya finalidad era una moraleja. Era una historia con un final feliz o no pero con un final. La historia siempre se daba por terminada.

Los habremos creído o no, entendimos la moraleja o no, pero lo que si teníamos claro es que todas las historias terminaban y queremos que terminen. Pero la realidad no es así. El cuento nunca termina. Esa es la realidad de la vida. 

Lo que nadie nos cuenta cuando somos pequeños es la continuación de la historia, que Blancanieves se divorció porque el Príncipe era un perdido, además de que le gustaba la botella y los naipes. Ella era bastante ligera, ya que eso del beso haciéndose la muerta le moló mucho. Claro que esta historia es como las series de Taylor, que tienen terceras, cuartas y quintas partes, porque con el tiempo Blancanieves se puso a trabajar ganando mucha pasta y el Príncipe entró a formar parte del Movimiento Slow.

El problema es que en todas las historias que nos cuentan, siempre buscamos un final. Que el malo se ha muerto, pues se murió a no ser que venga de la serie Sobrenatural, que allí nunca mueren. Con las historias con los buenos siempre digo que tenemos mucha suerte de que los malos se regodeen con el final y le den tiempo al bueno para cambiar las tornas. El bueno no es tonto, le da el finiquito rápido y termina la historia.

 El caso es que nos hemos acostumbrado a que todas las cosas tengan un final sea cual sea y eso no es así. Leyendo una noticia de prensa, siempre hay un final, pero si se actualizara, veríamos cómo les ha cambiado la vida a Bea o Desita de Verano azul o a Milikito que ahora es el presidente de La Sexta. ¿Quién me lo iba a decir que ese sería el final de una historia? o no.

Menos mal que Santiago Segura se ha dado cuenta de que las historias no terminan nunca. Ha empezado el rodaje de Torrente 5. Y digo yo, ¿por qué no Fast y Furious y Torrente o Torrente 11 y Star Trek? Dejo al lector que piense su propia secuela, un campo inagotable de ideas y cuentos borgianos.

Por eso digo yo, este cuento no se ha acabado.

¿Y si durásemos tanto tiempo?

Filed under: Etcétera,Filosofía — Gilberto Salas noviembre 27, 2013 @ 11:58 am

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Foto Susa Petit

Los técnicos apuntan que vamos a alcanzar los 150 años de vida. Como el conejito de Duracell que dura y dura. Eso conlleva a pensar si estamos preparados para manejar los tiempos que nos indican. ¿Comprendemos qué es vivir hasta los 100 años o 150 años en la sociedad actual?

La manera de pensar nuestro ritmo de vida está obsoleta. A grandes rasgos, nos preparamos para el mercado laboral hasta los 27 años, los que estudian, porque mucha gente comienza su travesía a menor edad. Una vez dentro del mercado laboral, la preocupación es poder trabajar lo suficiente para alcanzar una jubilación digna. La edad de jubilación que tenemos en mente es la misma que la de nuestros padres, 65 años. Y luego a disfrutar de la playa, del Inserso hasta el fin de nuestros días. Claro que la diferencia es que antes la pila solo duraba lo de una vela, pero es que ahora casi parece que está fabricada de radioisótopos.

Si vamos a vivir hasta los 150 años, yo me conformo con 120, nos da tiempo para vivir tres o cuatro vidas diferentes, tal y como está el patio. Antes, se podía desarrollar la misma profesión durante 30 o 40 años y luego te morías, pero actualmente y con la rapidez que cambian las cosas, ni una empresa dura más de 20 años y ni una profesión más de 30.  Haciendo cálculos, si nuestra etapa laboral dura 30 años y vamos a vivir hasta los 120 años, al menos viviremos tres vidas diferentes. Porque claro, la paguita de la jubilación nos la contarán los libros de historia.

Entonces, la mejor pensión de jubilación es mantenerse activo para poder continuar trabajando el máximo tiempo posible que dure la pila. Nuestra manera de entender el trabajo sería estar abierto a todas las posibilidades que nos ofrece el mercado, ya que hasta los 120 años no vamos a vivir de lo mismo. Además, papá Estado no nos va a cubrir todas nuestras necesidades y puede que hasta desaparezca.

¿Solución? Hay que ir pensando que el cambio, nuestra manera de manejar el tiempo que nos queda, nuestro ritmo de vida, va a ser totalmente diferente a lo que pensábamos. Prepararse para la novedad de una manera constante, nuevos estudios, nuevas profesiones, nuevos países, porque ya hemos visto lo que ocurre con el apalancamiento, que aumentan los riesgos de cualquier operación, sea el financiero o el del sofá de casa.

Idealizando a los suizos

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas octubre 11, 2012 @ 10:49 am

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En España se tiende a idealizar todo lo que suena a extranjero y en el mundo de la relojería a los suizos. Qué duda cabe que gracias a ellos el mundo de la relojería ha avanzado mucho. Nuevos materiales en cajas, platinas, nuevas técnicas de fabricación aplicadas a los diferentes elementos y una continua investigación en un campo en el que parece que todo está descubierto. Pero todavía nos sorprenden con nuevos balances magnéticos, resortes de fibra de vidrio o la posibilidad de fluidos autocargantes. El problema es que no todo es tan bonito como parece.

Lo primero que sorprende con la industria relojera suiza es la propaganda. Si bien parece que ha conseguido que las grandes empresas sean reconocidas por el público aficionado como “manufacturas”, la realidad es muy distinta. La idea de manufactura pretende expresar, que todos los elementos de un reloj son construidos en la misma casa. Seguramente, cualquier persona versada en logística comprenderá que es inviable construir todas las piezas de un reloj en una misma fábrica a estas alturas del desarrollismo industrial. Con tantas piezas y tantas operaciones la posibilidad de la manufactura es impensable. Pero lo mas sorprendente es las empresas que fabrican esas piezas fuera de la “manufactura”. Son los clásicos ateliers, talleres en pueblos perdidos en las montañas de Suiza, donde introducen una máquina de CNC de cinco ejes, en una casita adosada de una calle del pueblo y que aquí en España yo dudaría en que pasaran una inspección de industria o de trabajo. En esos ateliers se pueden ver cajas, biseles, platinas de las marcas suizas mas prestigiosas, en un entorno idílico fuera del taller, pero casi medieval salvo por la máquina, dentro del mismo. Vamos, que allí no te abrían la puerta si no dabas la contraseña.

Es extraño que en aras del marketing, oculten los comienzos de la revolución industrial, que fue con la división del trabajo. Adam Smith en La riqueza de las naciones plantea su tesis a partir de observar cómo operaban los ateliers suizos, donde para hacer un reloj cada operario, cada taller, se especializaba en la fabricación de algún elemento, para que fuera mas rápida. En realidad, los suizos son los inventores de la idea de manufactura, pero también de la idea del outsourcing. Y aquí viene lo bueno, porque si se va a fabricar fuera de mi casa, piensan ellos, que mas da 30 kilómetros que 11.000, que cuando regrese la partida, ya nos encargaremos de quitarle los rasgos oblicuos.

Hoy en día, es raro que alguna empresa suiza no fabrique alguno de sus componentes en Asia Oriental o lo que es lo mismo en la China Mandarina. Si sales de Ginebra con destino a Hong Kong, es fácil ver allí ejecutivos de empresas muy conocidas suizas con sus ingenieros y no con sus directores de marketing. Incluso esos mismos ejecutivos, que toman café entre ellos, intentan esconderse en el mismo avión donde no hay escapatoria, para no encontrarse. ¿Es posible que una empresa que tenga 175 operarios pueda producir mas de un millón de movimientos al año? Eso mismo es extensible a toda la industria suiza a menos de que estén trabajando los siete millones de suizos. De momento, no tengo constancia de que los niños suizos de 2 años estén sustituyendo sus peonzas musicales por máquinas de CNC con música.

Lo mas gracioso del caso es que todos nosotros nos hemos creído el cuento chino de que los suizos no fabrican en  China. Pero la realidad es que incluso las juntas tóricas hablan mandarín. Si algún españolete se cree que su reloj suizo es enteramente un swiss made, está mas engañado que un chino, que encima es el que fabrica los relojes, ya que para los suizos los españoles somos sus chinos.

Lo peor de todo ya no es eso, es que encima nos cargan con estereotipos de informales, irresponsables, poco trabajadores y con falta de palabra. Si alguna empresa española quiere tener contacto con empresas suizas, que se prepare. Primero, no existe la confianza para ellos pero sí que tú la tienes que tener con ellos. Por eso, págame por adelantado te dicen, pero si les tienes que hacer un trabajo como fuente externa, te dicen ahora te pago el 30% y ya veré cuando os pago lo que falta. Segundo, una vez que han recibido el cheque, si tu pedido es pequeño, allí te lo dejan en espera unos cuatro o cinco meses, una operación que no tarda mas de un día o una semana en realizarse. Y eso es lo que hay y si no puerta. Tercero, cuando recibes el pedido, después de esperar tanto tiempo, creyendo que te van a dar la mejor calidad posible, pues no es para tanto. Al final, echas de menos aquel chinito tan simpático y amable, que te hacía los encargos en menos tiempo, mas barato y seguramente ahora hasta mejor.

Creo que lo único que salva la industria suiza es la tendencia a la innovación y al diseño. Los chinos no entienden que lo mas importante es el diseño y en este tema los suizos son únicos. Los diseñadores chinos están muy mal pagados, aunque sé que son muy creativos, pero no se pueden expresar. Como no existen marcas chinas importantes, lo que les interesa es la gran producción. Por ese motivo, el diseño no entra dentro de sus planes, pero yo me pregunto ¿podría tener éxito una empresa de diseño de relojes en China cuando el mercado esté tan saturado de relojes muy baratos o muy caros? Habría que probarlo.

De todas formas siempre diré que lo mejor de los suizos son los españoles que se fueron allí muy jóvenes y nos abren sus puertas con mucho cariño. Gracias a ellos hemos podido comprender un poco mas la tan hermética industria relojera suiza. Para estos españoles suizos, que no dejaron nunca de pensar en sus raíces mi mas sincera admiración y respeto.

Y los chinos ¿qué piensan de nosotros?

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas marzo 26, 2012 @ 7:47 am

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Es generalizado leer en todos los foros de relojes de España, en las secciones de economía de los medios de comunicación, desvalorar el producto de fabricación china, tachándolo de muy mala calidad. Relojes, ropa, coches, computadoras, teléfonos, etc., todo lo que suene a made in china suena como un todo a 100. El fenómeno no es nuevo ya que en los años 60 con el comienzo del “milagro japonés” todos nos reíamos de las viejas casetes made in japan. Preferíamos el producto nacional aunque mucho más caro, pero ya desaparecido en todos los ámbitos de las líneas de electrónica. Ahora, nuestra sorna cae sobre cualquier valoración del producto chino, como si conociéramos aquella cultura, por haber ido a cenar un par de veces rollitos de primavera.

Los chinos piensan lo mismo que nosotros de ellos pero con aderezo. Pare ellos el producto español es de muy mala calidad, incluso peor de lo que ellos fabrican a destajo. Si alguien quiere vender relojes en China ni se le ocurra decir que los fabrica en España como si fuera un valor añadido. Es como si alguien de Uganda nos quisiera vender guitarras españolas y nos convenciera de que son de muy alta calidad, porque las han fabricado toda la vida. Y solo son relojes, porque si vamos un poco más allá piensan que somos incapaces de fabricar nada bueno.

Otro aspecto de nuestra cultura que tampoco es muy valorado allá es la cultura de los toros. El mero hecho de matar un toro en un plaza, nos hacen ante sus ojos como una gente muy violenta, que es capaz de ver sufrir a un animal sin inmutarse. Les puedes explicar todos los argumentos que queramos sobre la fiesta, pero somos crueles y violentos por el mero hecho de permitirlo.

Nosotros creemos que nuestra comida es muy buena y que los chinos de les debe de encantar la paella. La odian. Les sabe a rayos como a nosotros su verdadera comida, la del arroz como si fuera engrudo o los pedazos de cartílago que parece en que se basa toda su dieta.

Cuando un chino viene a España, lo ve todo viejo, anticuado y sucio. Estos chinos vienen de ciudades muy modernas, que han cambiado mucho en diez años. Están acostumbrados a ciudades modernas y luminosas. Aquí en España las ciudades han cambiado muy poco su aspecto, ya que el mantenimiento de los cascos históricos tanto de Madrid como de Barcelona, dejan mucho que desear y eso es lo que juzga el chino cuando viene aquí. Además, aquello de que España huele a ajo es verdad y sobre todo Madrid, que hay un bar en cada esquina.

Para los chinos les da igual si eres catalán, valenciano o de Madrid, todos los estereotipos siguen vigentes con el valor añadido de que encima nuestro producto es de mala calidad. La conclusión es que el producto español no tiene trascendencia fuera de nuestras fronteras por más que insistan políticos y empresarios. Puede que para vender en el extranjero haya que variar la estrategia comercial, porque la marca España, hoy por hoy, no vale un colín.

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