EXTático

La productividad entendida como tiempo es alienación.

Filed under: Concepto,Filosofía — Gilberto Salas septiembre 23, 2017 @ 7:30 pm

La productividad entendida como tiempo es alienación.

Tal afirmación necesita que los tres conceptos sean explicados adecuadamente. En principio, la productividad es la relación entre el capital físico y el rendimiento laboral. Es lo mismo que decir que la productividad es la relación entre las cosas producidas y el tiempo que se emplea para ello. Implica que a menor tiempo empleado para conseguir el mismo resultado entonces aumenta la productividad.

La alineación es un alejamiento que puede ser individual o social. El concepto de alienación del ser social es el que utiliza el marxismo para su explicación de su teoría del trabajo alienado. La alineación individual es la que se relaciona directamente con el concepto del tiempo.

Como se define la productividad el concepto del tiempo es de medición, de control del mismo. Severino posiblemente ha sido el filósofo que ha vinculado estos tres conceptos, de un modo ontológico, vinculados al ser eterno a un ser todo. Para Severino la producción de una cosa actualmente se piensa como algo que procede de la nada y que al destruirla vuelve a la nada. El trayecto que recorre la cosa desde que sale de la nada y vuelve a la nada es el tiempo, del no ser al ser y vuelta al no ser. Esto es lo que Severino reconoce como alienación.

Este concepto donde el tiempo es el origen de la alienación esencial es metafísico y no existencial ni sociológico ni teológico. Severino piensa en la idea original más allá de Parménides donde ninguna cosa puede provenir de la nada y ser algo. Por ese motivo pensar en que se puede crear cosas de la nada, si ya lo son, no tiene sentido. Es como pensar en nadas que solo pueden ser concebidas más allá del pensamiento humano. Severino explica que mucha de esta alienación se le debe a la técnica por ser pensada como la capacidad de producir cosas en un tiempo medido. La consecuencia metafísica sería algo así como querer medir la nada como la locura del ser occidental.

El pensamiento de Severino, si bien nos acerca al nexo de los tres conceptos implicados, productividad, técnica, alienación, implica a la técnica occidental de producir cosas como tiempo medido la causa de alienación. Según él deberíamos de acercarnos a un conocimiento trascendental del individuo como autoconsciencia y expresión de un Super-Dios que aparece como el yo de consciencia de esa autoconsciencia. Una solución metafísica concebida para una naturaleza del hombre eterna y necesaria que trasciende la conciencia de ese gran Dios trascendental. Para Severino la producción de cosas en la ciencia moderna es de carácter cuantitativo, mientras si hablamos desde el punto de vista aristotélico o filosófico sería artesanal, que es un discurso metafísico. La idea interesante que se puede extraer es que el individuo pensado como tiempo está alienado, y la consecuencia es que el yo puede comprender esta alienación si percibe el vínculo del tiempo medido con la productividad.

El individuo comprendido como tiempo es el yo que se percibe él mismo como tiempo. Eso sucede cuando distingue un origen pasado de su nombre. El recuerdo de su nombre propio o cuando es nombrado por primera y percibido a lo largo de su existencia, es el primer paso para percibir un tiempo fuera del tiempo medido. Si el tiempo medido es alienación, comprender el tiempo propio es el procedimiento contra la desalienación. Es el conflicto entre la concepción del tiempo medido contra la idea del tiempo propio como una lucha de contrarios.

Uno de los grandes problemas que tiene que luchar el individuo como yo/cuerpo es el otro introducido en él mismo. Lacan decía que el yo es el otro y Freud hablaba de la introyección del otro en la formación de la conciencia en forma de superyó. Las reglas, las ideas ejemplares, los axiomas de comportamiento, todas esas formas de alienación introducidas sin filtro son alienantes para el individuo. El individuo no es tal sino que forma parte de la colectividad de la regla del otro y queda subsumido a una conciencia supersocial como ese Super dios del que habla Severino. La regla social se formaliza en la interrelación de los individuos en un principio de no agresión, que no es más que la consecuencia de la regla de oro de no hacer a los demás lo que no quieras que te hagan a ti mismo.

Estar alienado es ser un zombi, pero ser un zombi es el individuo que no tiene conciencia de sí mismo. Por eso, todos nacemos zombis. Hasta los dos o tres años no tenemos recuerdos de nosotros mismos. Durante toda la vida perdurarán los estados de zombis de no-consciencia, que son los estados fisiológicos y vegetativos además de los actos rutinarios que se desarrollan durante el día. Así la desalienación comienza cuando el individuo es consciente del nombre propio. Desde ese momento empieza una lucha para comprender el tiempo medido o su contrario, el tiempo propio. El individuo mantiene la alienación mientras sea el otro, desde la manera de respirar, de comer o de memorizar y pensar e incluso la incrementa si subsume su pensamiento en el ser colectivo que lo dispersa.

La productividad está implicada en el proceso de producción de las cosas a través de la técnica. La técnica actual busca reducir el tiempo de fabricación vacía de la cosa implicando una idea de medición. Pero la producción dice Heidegger a través de la técnica puede ser llevada a cabo como una mera fabricación o de una forma llena de significado artístico, que es una técnica concebida como añadir algo a la cosa, la belleza. Esta idea de producción trata de vincular la estructura de emplazamiento, o sea la idea esencial, con el producto a producir con su respectiva forma. Heidegger lo llama el traer delante, el aparece de lo oculto. Una idea esencial es comprender la idea del tiempo no alienado. A este concepto Heidegger lo llama serenidad, donde la técnica equivale a un producir artístico fuera del producir huero y vacío de la medida.

La serenidad, en nuestro caso equivaldría a un proceso de desalineación, basado en la creatividad y producción artística, para ir rompiendo barreras, normas, categorías que impiden al yo comprenderse como individuo que piensa y no como otro o como ser de una colectividad amorfa y diluida sin significado. La importancia de dar forma al significado, ya sea como espacio topológico o como estructura de emplazamiento como vínculo de la cosa bella producida es el futuro del individuo entendido como tecnoartesano. Este tecnoartesano es el que junto con la creatividad o serenidad llevará a cabo la tarea de desalienación durante el proyecto que es su vida.

El proceso de desalienación es la separación de la alienación, una tarea al fin y al cabo. El individuo que pretende no estar enajenado tiene que separarse o parar-se y detenerse y alejarse de algo. Ese es el significado de la palabra separación, alejarse de lo que dispone como realidad propia y circunstancial. Así le puede dar un nuevo contenido a esa realidad con ayuda también de otras dos herramientas, la memoria y la inteligencia.

Esta separación es una realidad extática. En la separación está el origen del concepto de extático. El concepto de extático significa que altera un estado de equilibrio o sale de un estado a otro. La alienación no deja de ser un estado de equilibrio, ya que en sí misma es una rutina automática, donde los estados de conciencia zombis, siguen una línea de la que no se puede salir. A menos que exista un “fuera de” un momento en que dé lugar a una separación. La separación es extática y lo extático es separación.

La alienación se define como un extrañamiento por el otro en los estados zombis o en el zombi neonato. Así desde el inicio de la vida dije que todos somos zombis y paulatinamente nos alienamos porque la identidad del sí mismo es la del otro. La tarea es salirse fuera de ese estado de alienación a través del concepto de extático, percibir el tiempo como propio, para poder separarse de ese disponer alienado.

La tarea de desalienación es dura ya que es inacabada y no termina hasta la muerte, cada vez que un individuo es consciente de sí mismo y se separa de la alienación, consigue alejarse y disponer de una nueva capacidad de creación. La desalienación aumenta la creatividad del individuo y el individuo que es creativo es el tecnoartesano.

¿Nos estamos volviendo tontos por culpa de Internet?

Filed under: Concepto — Gilberto Salas julio 15, 2016 @ 12:33 pm

¿Nos estamos volviendo tontos por culpa de Internet?

 

Eso es lo que dice  Nicholas Carr, que el exceso de información por el uso intensivo de Internet daña nuestra capacidad de concentración y de memorizar, lo que se traduce en una pérdida de inteligencia. Vamos, quiere decir, que la tablet nos está convirtiendo en tontos

Carr se basa en que el cerebro es plástico y que por cada nueva información que recibe, se construyen nuevas  conexiones neuronales o se refuerzan las ya existentes. La nueva información que llega a través de nuestros sentidos se almacena en nuestra memoria a corto plazo, que es donde se producen las nuevas conexiones neuronales o incluso donde las antiguas, la memoria a largo plazo se refresca de nuevo. A esa memoria a corto plazo o memoria de trabajo la llama carga cognitiva. Cuando existe una sobrecarga cognitiva, que es cuando hay un exceso de información, se produce una dispersión y distracción para el almacenamiento, que se trasforma en una falta de nuevas conexiones, y por tanto, en pérdida de la inteligencia.

Esta idea no es nueva, ya que desde que existe la escritura, los intelectuales temen que este tipo de adelantos nos hagan perder cualidades como en este caso la inteligencia. No cabe duda de que la memoria está vinculada a la inteligencia, a pesar de que en la nueva pedagogía se minusvalore la importancia de la acumulación de datos e información, que no es otra que la memoria a corto y largo plazo. El problema es que, si ya hay un gran rechazo a la memorización en las bases de la enseñanza infantil, con la llegada de Internet y el uso sin planificación de las herramientas que existen, puede que algo de razón contenga el pensamiento de Carr. Ahora bien, si conocemos el problema y reconocemos que existe, hay que encontrar la solución y no obviarlo o criticarlo sin poner los efectivos para utilizar Internet en nuestro provecho. Además, esto ocurre a todos los niveles, por lo que no solo nos debería de preocupar la educación en niños y jóvenes, sino cómo podríamos encontrar algunas fórmulas para que la carga cognitiva sea la adecuada a partir de un análisis de las causas mas realista.

En primer lugar, la carga cognitiva siempre ha existido. No es un problema nuevo. Es muy difícil de asimilar todos los libros que hemos leído, salvo un tanto por ciento muy reducido, por lo que nos hemos adaptado a una lectura y una memorización, que en muchas ocasiones ha sido excesiva. Mucha de la información que hemos tenido que asimilar no ha servido para nada o solamente para modificar esas conexiones neuronales, diría Carr. Pero sí de cada lectura no se ha sabido extraer alguna consecuencia, da igual que se haya leído muchísimo o no, ya que la erudición dista mucho de la sabiduría.

En segundo lugar, la profundización generalizada no ha existido salvo en ciertos campos de la filosofía o de la investigación en general. O va a ser que ahora todos somos y hemos sido Kant y tenemos la capacidad de analizar todos los libros que hemos leído y leemos. Pues va a ser que no. En España la única profundización que ha existido es la de la opinión, para nada meditada, y sobre todo, mantenida como si fuera una verdad absoluta.

En tercer lugar el concepto de libro ha cambiado y no por el formato digital sino porque el contenido es un libro universal. No es que haya libros sino que existe El Libro. Lo que no ha cambiado es que la palabra escrita sea considerada una verdad absoluta un dogma aprendido, que en la realidad es una verdad relativa con un valor de utilidad para usar y tirar por el individuo.

En cuarto lugar el conocimiento que se imprime en un papel se queda obsoleto casi en la misma fecha de publicación. Además queda grabado a fuego en nuestro cerebro si este se está formando, por esa memoria a corto y largo plazo. Así, la escritura que mucha gente instruida aprendió antes de los cambios de las reglas de ortografía no les ha servido la lectura de gran cantidad de libros, ya que siguen manteniendo las reglas antiguas. Igual ocurre a los que les enseñaron la Historia de España como una Historia de Castilla no asimilan los nuevos cambios o las nuevas interpretaciones de una historia de España mucho mas plural. Extrapolado a todas las materias, no sé si tiene mucho sentido mantener una memoria cortoplacista en beneficio de la lectura de superficie.

Una de los puntos mas interesantes de la lectura de superficie es poder observar el ansia de conocimiento que tiene el ser humano. La búsqueda de información es constante. Puede que un individuo esté todo el día conectado en Internet navegando en superficie, pero si encuentra algo que vale la pena para él, se detendrá lo suficiente para evaluar la idea. Puede conseguir información y efectuar un análisis de un modo mas rápido que si tienen que leerse un tocho de 400 páginas, que además podía ser resumido en cuatro hojas, ya que todas esa información no podrá ser asimilada precisamente por su carga cognitiva. A menos que sea americano que parece que se saben todas las citas y párrafos de la Biblia y los Evangelios.

La lectura de superficie permite un conocimiento de utilidad y no de dogma absoluto. Los individuos que han memorizado tantos datos no les sirven para mucho. Las leyes han cambiado así como los nuevos datos sobre la genética, el enfoque de las enfermedades, los países, los programas tecnológicos, la mecánica cuántica, el lenguaje, etc. Entonces ¿qué sentido tiene en la actualidad estudiar y memorizar tantos datos para una memoria a corto y largo plazo? ¿Para ser mas inteligentes porque sé es mas dogmático y erudito?

Yo creo que la memoria es la base de la inteligencia, pero no porque sea una memoria que se reconfigure gracias a una memorización profunda. La memoria es pre-inteligencia con un mecanismo de retroalimentación, que permite relacionar diferentes hechos, temas y contextos. No es un simple almacenamiento de datos, es una relación electiva de hiperenlaces, que permite que la inteligencia pueda crear en base a este tipo de memoria. A esto se le llama clara y sencillamente comprensión como actividad interpretativa. La memoria no sirve para mucho si es una simple acumulación de datos. Así es la comprensión interpretativa la que realiza un reordenamiento neuronal.

En resumen, la lectura de superficie permite olvidar lo excesivo. Es la nueva herramienta del ultrahombre, aquel que decía Nietzsche que iba mas allá del hombre por su capacidad de olvido. Un olvido modulado, activo, que mantiene lo que le interesa y borra lo inservible. Solo con detenerse un instante y comprender e interpretar una idea, es suficiente para ser creativos. Una frase o una idea que podamos comprender y meditar puede ser mas útil que leer 100 libros, que solo sirven para añadir en la lista personal de leídos.

 

¿Para qué sirve la filosofía?

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas @ 12:30 pm

La polémica que se ha generado con la filosofía como materia obligatoria dentro de los programas de educación secundaria e incluso más allá, parecen irresolubles. La idea general es que debería de continuar al menos como una asignatura optativa, pero que no desaparezca del programa escolar. Ahora bien, tal y como se enseña hoy en día en el ámbito formativo debería de desaparecer, para dar paso a otro tipo de opción mas avanzada y realista. Es casi imposible transmitir a un joven entre 14 y 15 años las ideas de los filósofos cuando ellos están formando sus conceptos, sin manipularlos ideológicamente y mas sabiendo que la mayoría de los profesores que enseñan la asignatura de filosofía tiene una ideología concreta.

Recuerdo mi primer día de clase de filosofía en Alicante hace muchos años. El profesor no tardó mas de 15 minutos en explicarnos el programa del curso. La primera frase que soltó fue “señores, están todos ustedes aprobados con un cinco”. Todos nos quedamos estupefactos. La explicación que nos dio fue que a él, que había sido guardia civil, le costó mucho comprender la filosofía, ya que empezó la carrera a los 25 años. Pensaba que para unos muchachos de 14 o quince años sería prácticamente imposible comprender a Platón o a Kant. Con los años esta idea ha cobrado cada vez mas sentido para mí.

La filosofía no se puede enseñar tal y como se enseña ahora ni tampoco al nivel pedagógico que lo realiza. Debería de ser enseñada en la universidad en todas las carreras como una asignatura optativa sin exámenes ni clases magistrales convencionales, pero con la esencia de lo que es la filosofía, con lo cual cada carrera encontrará una utilidad concreta. Para ello hay que saber ¿qué es la filosofía?

La filosofía es un método que consiste en tres fases; 1) la destrucción del concepto, 2) la iluminación o visión del mismo, 3) la interpretación. La interpretación puede ser la del autor del concepto o la del uno mismo. Por este motivo, la filosofía parte de conceptos ya aprendidos que tienen que ser destruidos, comprendidos y reinterpretados para que sea útil. De otra forma, el estudio paulatino de conceptos de los filósofos no tendrá ningún tipo de utilidad para el alumno en cualquier campo pedagógico que se abarque. Este método les permitirá ser mucho mas creativos en cualquier campo que se afronte un nuevo aprendizaje de un concepto.

La destrucción consiste en romper con el concepto que se comprende como propio al afrontar otro concepto. Por ejemplo, nuestra formación occidental está basada en conceptos cristianos como el de creación, persona, entendimiento, trascendencia, etc. Entonces, para comprender el yo trascendental de Kant, hay que liberarse del concepto particular del yo cristiano como yo que equivale al de persona. Así se comprendería el yo trascendental como el de un yo universal común para todos con efecto retroactivo. Este ejemplo de destrucción se utilizaría para toda clase de conceptos y en todos los campos de la enseñanza.

La iluminación o visualización consiste en el darse cuenta del concepto. Es una abertura a la comprensión básica del concepto. En este sentido, me recuerda mucho lo que nos contó en un curso de doctorado Emilio Lledó. Decía que él estuvo en Alemania aprendiendo alemán y estudiando a Kant. Cuando terminó sus estudios en Alemania sacó una cátedra de instituto y enseñaba la Crítica de la razón pura sin entenderla durante ocho años. Un día, como si fuera una iluminación, toda ella tuvo un sentido para él. En eso consiste la iluminación comprender el sentido de un concepto, aunque sea a nivel privado.

La interpretación tiene dos vertientes. La primera consiste en interpretar el concepto según el tiempo en el que se esbozó. Por ejemplo, si hablamos de Aristóteles no podemos hablar de un yo de ningún tipo, ya que el yo se descubrió con Descartes, que fue el primero que lo pergeñó. Otro ejemplo sería el de la causa primera. En los conceptos basados en el cristianismo sólo existe una relación de causa y efecto, así hasta una causa primera que suele ser el creador. Por ese mismo motivo, incluso la ciencia está buscando ese punto inicial, cuando para los griegos el concepto de creación no existía, ya que todo era un ser pleno. Incluso el concepto de existencia es muy difícil de comprender desde una perspectiva no destructiva de conceptos actuales y llegar a la esencia de lo que la cultura griega o latina entendían por existir, y si lo había.

La segunda vertiente de la interpretación es la mas creativa, la que entiende cada uno por el concepto destruido, visualizado e interpretado. Esa nueva interpretación no es convencional, ya que cualquier tipo de concepto y su alusión a este, no deja de ser mas que una distorsión del concepto de naturaleza privada del creador del mismo.

La filosofía debería de apartarse del estudio histórico sistemático de las ideas y acercarse a un método creativo de interpretación no convencional. Esto sería de mucha mas utilidad, ya que se podría abordar cualquier tipo de concepto en cualquier disciplina universitaria. La destrucción sistemática y su reinterpretación en la formación universitaria de conceptos convencionales filosóficos, matemáticos, físicos, estéticos, experimentales, etc. , permitiría crear nuevos conceptos que serían muy útiles en todos los campos de aplicación y no esperar la inspiración del genio para cambiar de paradigma. Además de la creación de nuevos conceptos en diferentes campos universales, sería muy útil el establecimiento de esta manera de comprender la filosofía, que permitiría avanzar al hombre particular en beneficio propio, con el replanteamiento constante de cada concepto aprendido, pero nunca dentro de una realidad absoluta salvo la del yo propio.

 

La muerte no existe

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas @ 12:29 pm

La muerte no existe

Creo que todas las personas e individuos que tienen miedo a la muerte se debe a que piensan que existe una realidad fuera de ellos mismos. La única realidad que se puede pensar de una manera fuerte y absoluta es la realidad del yo propio, la de cada uno de nosotros.

La realidad aparece cuando nos damos cuenta que el yo es llamado por su nombre, la realidad del yo propio. Esta realidad es absoluta y estática, es equilibrada y por tanto no tiene tiempo. Solo te das cuenta que tienes un nombre que no cambia nunca. Es la idea de la esfera de Parménides pero referida al yo propio como una realidad absoluta sin tiempo ni cambio. Mi realidad es inmutable mientras me llame como me llamo.

Pero esta esfera, que permanece inmutable gracias a su nombre propio, cambia dentro de sí misma a través de las determinaciones internas. Todas las posibilidades de desarrollar una diferencia se comprimen dentro de esa esfera, que en realidad es un contorno (una estrella, un polígono o cualquier simetría lo podría explicar también) y se desplegarán a lo largo de un tiempo lineal. El contorno podrá cambiar como espacio topológico, un contorno maleable homeomórfico dentro de ese tiempo lineal cronometrado, pero la esencia del no tiempo permanece como yo propio.

El otro concepto del tiempo que subyace en el yo es el tiempo del eterno presente, el del Aión. La realidad absoluta que piensa, que es la del nombre propio puede navegar, surfear a través de la memoria retroactiva. Los recuerdos son parte de la elección constante de las acciones del yo, de la realidad propia y pueden ser cambiados por este mismo yo. La percepción del recuerdo puede ser tan viva como un hecho actual, además que en la retroactividad de la memoria se puede cambiar la interpretación para encontrar un nuevo camino de actuación. Ver el futuro o ver el pasado es la misma acción dentro del tiempo del presente continuo. Con el tiempo del presente continuo los valores cambian, son monedas de uso, algo que Nietzsche explicaba bastante bien.

La realidad del yo absoluto es estática como nombre propio. Por tanto no cambia nunca ni tiene un destino. Esta realidad ni trascendente ni inmutable no le encuentra sentido a la muerte, solo a la respuesta del nombre. Por tanto ¿qué sentido tiene preocuparse por la muerte si para la realidad absoluta que responde a un nombre no tiene ningún significado en sí? El sentido si se quiere se podría encontrar en las realidades débiles para vivir ese tiempo lineal o el tiempo del presente continuo, pero sabiendo que la realidad absoluta del yo propio es estática y que la muerte no existe.

La revolución del hogar-taller. El tecnoartesano

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas abril 23, 2015 @ 6:20 am

La revolución del hogar-taller. El tecnoartesano

Explica Sennet que el taller era el hogar del artesano en su libro The Craftsman. Era un espacio humano de trabajo, muy diferente a la fábrica moderna donde domina el fordismo, y que a la vez se podía encontrar un buen hogar. El hogar es la vivienda o casa donde se puede hacer vida en familia. Los talleres medievales eran una especie de talleres-hogares pero con las trabas de las relaciones autoritarias y jerárquicas que componían la Edad Media. Además, estaban dominados por el secretismo de los gremios de los que dependían los talleres-hogares. Según Sennet, el éxito de los talleres artesanales dependía de la gestión que se realizaba entre autoridad y autonomía. En la actualidad, el concepto de taller-hogar se redefine como hogar-taller en cuanto entra en escena una nueva figura, la del tecnoartesano.

El nuevo concepto de hogar-taller se opone directamente a la fabricación de escala o en serie muy ligada al fordismo y al taylorismo. Estas facetas de producción, si bien han permitido un avance en el estilo y calidad de vida actual, son opuestas al sentido de afirmación individual que existe en la sociedad de hoy en día. Además, el concepto de trabajo en serie está cambiando gracias a la sustitución del operario humano por las máquinas. Las máquinas podrán abastecer en un futuro no lejano de todo lo necesario y de lo superfluo, que es el lujo. Porque el llamado lujo actualmente se produce en serie y en la industria relojera suiza hablar de lujo es hablar de humo..

Los números del sector del lujo son muy contradictorios. Por una parte declaran un aumento de los beneficios cada año, incluso en época de crisis. Por otra, despiden una gran cantidad de trabajadores. Puede que los beneficios sean debidos a la disminución de los trabajadores, pero la verdadera lectura es que las máquinas están ocupando el trabajo que realizaban, que era en serie dentro de una cadena de montaje y no especializado. En el sector secundario, este problema se agudiza, ya que la mayoría de empresas no logran beneficios con el despido de trabajadores, solo maquillan su cuenta de resultados. Con pequeños márgenes de beneficio, solo les queda sustituir todo el personal no cualificado por máquinas. Si bien hasta hace poco, una gran cantidad de empresas han globalizado su producción fabricando en China, con la subida de salarios allí, la obligación de cumplir normas de medio ambiente y los seguros laborales, una multitud de empresas pequeñas que tenían un gran volumen de trabajo pero con muy poco margen de beneficio, han tenido que cerrar sus puertas y se observa una ralentización de la producción en China. Si el trabajo concebido de un modo colectivista casi ha desaparecido, al fordista le queda poco tiempo de vida.

Ahora bien, no quiero decir con esto que vayamos a retornar al siglo XIX, donde muchas familias tenían muchos problemas de subsistencia. Creo que vivimos en la sociedad del lujo, entendido como superfluo. Existe todo tipo de productos que hace dos siglos eran un lujo y eran impensables conseguir para la gente. Hoy en día casi, todo el mundo en la sociedad europea dispone de comida, un techo para dormir y de sanidad solamente por ser ciudadano europeo. Entonces ¿dónde está el problema del trabajo? En el estado de ánimo de la sociedad, explica Sennet en The Craftsman con la depresión que existía en los obreros de una economía colectivizada y en la economía basada en cadenas de montaje. Incluso para mí, el trabajo especializado dentro de una empresa estructurada dentro del sector secundario, pasa a ser tedioso cuando se limita a un grado de especialización muy alto. Son los nuevos bárbaros como decía Ortega. A mi juicio, la solución a ese estado de ánimo es la revolución del concepto de taller-hogar y el surgimiento del tecnoartesano.

En la Edad Media no era fácil entrar a trabajar en un taller o abrir el de uno propio. Estaban regulados por los Gremios, que monopolizaban las artes manuales. Pero hoy en día cualquier emprendedor puede montar su hogar-taller, solo que le hace falta desprenderse de su pensamiento fordista, para comprender la esencia de lo que es un hogar-taller actual, la figura del tecnoartesano y su producto.

El hogar-taller actual contiene relaciones horizontales no verticales. No debe de haber una jerarquía de autoridad vertical, sino un equipo de relaciones familiares basadas en una dirección consensuada o participada, donde la responsabilidad final es del tecnoartesano. El lugar de trabajo puede ser muy bien la propia casa o incluso un pequeño local cerca del hogar, que pareciera una extensión del mismo. La sensación de trabajo no sería la de estar en una cadena de montaje impersonal o en una gran oficina donde surgen enfrentamiento competitivos. El hogar-taller estaría limpio y cuidado como la propia casa, con los colores que gustan a la familia-equipo.

El primer problema que se presenta en el hogar taller es la adquisición la maquinaria, porque mucha gente se lo piensa, ya que el vendedor suele presentar el cuento de la lechera. Si va bien con 400 relojes al año no tienes ni para empezar, intentará convencer el vendedor y decidirnos por una máquina de 200.000 para nuestra pequeña producción. El vendedor tiene un pensamiento fordista, pero el tecnoartesano está fuera de la cadena de montaje. Es fácil conseguir la maquinaria a buen precio, el problema es que es muy difícil conocer el funcionamiento y las necesidades. Ahora bien, con los nuevos CAM de simulación se puede aprender a manejar una máquina de control numérico en dos meses, lo que en la práctica se necesitarían dos años. Con los nuevos programas como el Fusion 360, el On shape o el Solid 3D experience, se puede diseñar un producto desde el trazo original en 2D hasta su fabricación en la máquina. Si el hogar-taller se dedica a productos tecnológicos, en muchas ocasiones no sería necesaria la maquinaria para el tecnoartesano.

La figura del tecnoartesano es la que dispone la línea de trabajo artesanal que requiere su producto. Si bien en la Edad Media y en épocas posteriores se tenía mucho miedo a la máquina, ya que esta alcanzaba altas cotas de perfección y producción, el tecnoartesano se ha aliado con ella para conseguir un trabajo mas perfecto, pero a la vez fuera de la serie de la cadena de montaje. El tecnoartesano es un manufacturero que realiza las cosas con la mano y la mente. El ratón es una prótesis de interconexión entre los programas CAD/CAM y la creatividad original y autónoma del tecnoartesano. El proceso de producción del producto pasa a ser lento otra vez, no seriado, personal y a la vez mas perfecto del artesano medieval que solamente usaba sus manos para ello.

El producto hecho de esta manera en el hogar-taller, adquiere otra vez el nexum o la trasmisión de un vínculo entre el comprador y el tecnoartesano. Pasa a ser parte de la familia, como algo mágico que trasciende la venta y la convierte en algo solemne y trascendente. Ya no es solo una cosa o un producto, es una relación real vinculante entre el comprador y el hogar-taller con su equipo-familia. Ante esto, el estímulo aumenta, ya que la pérdida de un cliente no es la pérdida de una venta sino la separación afectiva y la ruptura de un vínculo que va mas allá de la cosa.

El nexum, además de trasmitir ese sello eterno, transfiere una esencia o una manera de pensar y ser del hogar-taller y del tecnoartesano, que comparte el carácter de la propiedad. Ya no se puede llamar producto, es una poética de la cosa/idea, con un valor que va mas allá de lo material, lo que alguna vez he llamado valor eidético.

La realidad del yo

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas mayo 5, 2014 @ 10:32 am

Bajo la idea de un principio con una base estructural, yo elijo al yo como realidad. I realise myself, yo me doy cuenta de mí mismo, y con esta afirmación comprendo que el yo es una realidad en todo lo que le concierne dentro de su contexto. La circunstancia pasa a ser realidad, ya no es un atributo o un accidente o una actualización. Son realidades que pertenecen al yo. Ideas, corrientes dinámicas, líneas, intensiones, extensibles, intuiciones, son realidades que forman parte del yo. Pegaso es una realidad, si bien es desplegable por el lenguaje no es extensible.

Con este principio de realidad, para mi forma de pensar, se acabó el problema del ser, de la esencia, de la existencia, de la sustancia. Ahora el problema es de la realidad del yo y cómo se determina. Y para ello, antes del yo hay una capacidad de determinación del trazo. Después de la indeterminación infinita lo primero determinado es el punto y la línea. El punto es el primer trazo y la línea la continuidad del punto. Ellos mismos son lo primero determinado de la indeterminación. La capacidad de determinar el trazo es lo primero que debe de tener el yo para ser realidad. Y esta proviene de lo extático.

Una vez que el trazo se puede determinar, el segundo concepto para la realidad del yo es la memoria. Memoria del trazo. La memoria en sí misma se constituye de dos subconceptos, repetición y hábito. Una línea es la repetición del punto. Si esa repetición del trazo se convierte en habitual se le llama hábito. Pero es en la memoria donde el trazo se determina. El trazo no solo es una línea, es una corriente, una densidad, una topología que se va haciendo tiempo por la memoria. Memoria repetida y tiempo se densifican, para adquirir realidad.

No tienen ningún sentido los trazos ni el tiempo ni todos los conceptos que se explican hasta ahora para el yo. Por tanto no tienen realidad a priori. Solo se adquiere la realidad cuando el yo se interpreta a sí mismo y se da cuenta de que es un yo que es real. I realise myself. El darse cuenta el yo del propio yo es la única realidad que puede ser llamada así. La relación de la memoria del trazo por repetición y hábito aboca a esa realidad de ese espacio topológico autoconsciente y autocreado del yo realizo.

La realidad del yo no es la realidad de una cosa que piensa y existe. Esto supondría una dicotomía entre una realidad/ser que piensa y otra realidad/ser de cosas que contiene el ser que piensa. Mente y cuerpo como realidades existentes, pero no es así. La única realidad es la del yo que se da cuenta de sí mismo, que sabe que es la única realidad que puede ser interpretada por sí misma. Es la realidad que puede ser conocida e interpretada, la que puede ser verdadera para el mismo yo.

Esto no significa que solo se encuentre una realidad para el yo que se da cuenta. Esta es la realidad fuerte, pero este yo comprende que los otros yo, por identificación, al darse cuenta de sí mismo también surgen como mi yo mismo como realidades únicas e interpretadoras. Mi verdad no es la verdad del otro pero sí que la puedo interpretar. Por identificación, el otro yo es una realidad que determina y se determina a sí misma por medio de la memoria del trazo. Pero en su contexto no en el mío ni en un medio común y universal. Por tanto no existen universales de realidad sino una convención de interpretación analógica participativa de una realidad propia.

La realidad fuerte coincide con el tiempo del yo. Es un tiempo extático. Las realidades menos intensas tienen su propio tiempo extático. La relación de estos tiempos extáticos son los que entienden un tiempo analógico. La analogía sustituye todos los conceptos de ser, sustancia, esencia con respecto a los otros yo. Es una analogía de semejanzas que surge del yo propio, para realizar a los otros yo como semejante. La realidad débil es analógica y realizada/realizadora por el yo propio. Y todas las realidades se conocen por analogía de la primera realidad del I realise o el me doy cuenta de la realidad/realizada, incluso los conceptos básicos para alcanzar esa realidad.

 Por tanto, para que se dé la realidad del yo hacen falta varios conceptos que se hacen reales después de que el mismo yo los realice. Serían, determinación, memoria (repetición y hábito), tiempo, relación, interpretación y finalmente la realidad. A partir de esta estructura, toda la analogía con las realidades débiles se basa en esta dinámica. 

¿Y después del yo? El holoarca.

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas marzo 23, 2014 @ 8:11 pm

La mayoría de los yo construidos son jerarcas. Quiere decir que un alguien que se piensa como un yo, después de ser consciente de sí mismo, la mayoría de las veces se atiene a un principio que para él es sagrado y salvo situaciones límites no lo va a cambiar. El después que implica un punto de partida para iniciar un trayecto, parte de un principio que se convierte en lo que predetermina a un yo.

Si ese yo individual cree en Dios, se verá diferente a los demás, pero no en un plano horizontal sino vertical. Si su principio es político, siempre percibirá al que piensa de otra manera por la jerarquía del bien común o por la del ser mas apto. Pero siempre con posiciones de dominio, de poder, de jerarquía.

El jerarca es el yo que siempre cree que tiene la razón por principio. Solo por tenerlo se siente con poder. Si además se añade algo de saber, la sensación de verticalidad hacia el otro se acentúa. Por el poder que me otorga tener un principio sagrado yo soy superior a ti, seria su lema.

Nuestro entorno está lleno de jerarcas. Y los principios sagrados en que se basan pueden ser tan simples como el saber arrancar una muela porque se tiene un título, que en lugar de ser un servicio es un favor del que se digna a otorgar. Como el tendero de la esquina que te vende una fruta, ejerce su posición de dominio, no por servicio sino porque él tiene el poder de dar algo que tú no tienes. La posición que se establece es la del agente dominador del jerarca con la del paciente sobre el que se ejecuta el poder de la jerarquía. El jerarca no respeta al individuo, porque desde la verticalidad no se puede entender a los demás yos con sus propios principios. A todos nos han dicho alguna vez “éste que se cree”. Se cree, es un jerarca.

Lo contrario del jerarca es el anarca. Si el jerarca cree en su principio sagrado que es ser el dios tendero o el dios funcionario, el anarca no tiene ningún principio. Filosóficamente significa que no tener un principio es que no hay un después. A mi juicio, considerar a alguien un anarca es interpretarlo como un suicida, ya que al no tener ningún principio por el que regirse, no tiene ningún punto de partida para perfilar su trayecto. La solución a la jerarquía es la figura del holoarca.

El holoarca es el individuo que como un yo construido piensa que todos los principios valen para ser desarrollados o que tienen igual valor de uso. Es el famoso “todo vale”. La horizontalidad se clarifica como una diferencia de intensidad y no como una escala donde la cuota de poder sentido por cada uno, ejerce un dominio sobre el otro. El yo que se identifica como holoarca comprende que todos los principios son válidos para planear una trayectoria. Cada yo los interpreta a su manera para crear un método, que es su trayecto vital.

El holoarca no piensa en posiciones de dominio sino en diferentes intensidades. Nadie es mas que otro solo por el mero hecho de tener un principio diferente. El jerarca planifica su vida bajo el principio sagrado del cual se rige, axiomáticamente, y desde allí ejerce su posición de dominio incluso con sus mas allegados. Jerarca es cualquier yo que se sienta superior a otro por cualquier axioma propio, que lo encumbre dentro de su propia imaginación o interpretación de su principio.

Tener tantos principios para usar como bienes o valores de servicio, permiten al holoarca una mejor planificación vital y un aumento de su creatividad. Esto es importante ya que debido al alargamiento de la vida, los principios que se creían que eran sagrados al comienzo de la vida del yo, cambian, pero puede que el yo no lo perciba, se anquilose y sea perjudicial para él mismo.

Por ese motivo, el yo individual como algo cambiante debe de comprender que los principios no son sagrados no eternos sino cosas, bienes tan tangibles como algo material. Al ser reales, se pueden usar según las necesidades del yo. Los principios se concatenan y dan forma a esa estructura de proyecto que es la vida de cada uno. Por ese motivo, tener numerosos principios da mucha mas consistencia al enramado estructural de lo que llamamos la red topológica. Eso es ser un holoarca.

La construcción de los conceptos y el metabolismo.

Filed under: Concepto,Filosofía — Gilberto Salas febrero 14, 2014 @ 7:26 am

Un concepto es la explicación pensada, y por tanto, interpretada de un algo por un alguien. Ese algo se conceptualiza, se construye a través del alguien. El único alguien que yo conozco y que interpreta y piensa soy yo. He aquí el primer concepto construido de la filosofía.

El segundo concepto de la filosofía es que todo cambia. A esto es a lo que los griegos lo llamaban metabolé, metabolismo. Esta palabra significa que todas las partículas, incluso las células del cuerpo humano cambian a lo largo de la vida. En la naturaleza nada es permanente. Es la idea de que el movimiento es eterno, infinito, que no se detiene ante nada. Si es así, implica que todo es un caos de variabilidades infinitas que no se pueden sujetar.

El tercer concepto de la filosofía es que el ser es una esfera inmóvil, donde no existe el movimiento, solo lo que se puede pensar y decir. Fuera de esta esfera no hay nada que se pueda pensar ni decir. Algo que es o que puede ser dicho tiene que ser dentro de esa esfera utópica, y por tanto, todo lo que pueda ser construido dentro de la esfera puede tener una interpretación. Eso es lo que yo entiendo en este tercer concepto.

La esfera es una figura que yo interpreto como yo mismo. Y si hay algo inmóvil es mi nombre, y por tanto, mi esencia como constructor de conceptos convertido en interpretador y constructor. De un plumazo, dos conceptos básicos el yo soy como constructor de conceptos y la esfera que contiene a todos ellos dentro de la esencia del nombre propio se han unido para explicar gran parte de mi filosofía.

Solo me queda el que todo cambia. Si la esfera soy yo y yo interpreto y construyo los conceptos, entonces todo lo puedo cambiar yo ya que lo único que no cambia es el nombre propio de la esencia de constructor en este caso yo mismo. Yo soy una esfera que construye conceptos y los metaboliza, los asimilo, los anabolizo, los catabolizo y los metabolizo. A este proceso básico en la biología de la vida alguien lo llamó la dialéctica como síntesis, antítesis, tesis.

Lo que quiero decir es que en la esfera de ese yo esencial, todos los conceptos se ajustan a esa ley del metabolismo celular, donde los conceptos son usados y desechados, en definitiva cambiados conforme a las necesidades circunstanciales del alguien, en mi caso yo. El metabolismo del concepto es una idea necesaria para comprender que todo lo que es pensado por un alguien no es permanente ni fijo y solamente necesario eventualmente.

El metabolismo del concepto permite la variedad de pensamiento, la creatividad del alguien, la conectividad topológica en todos los campos, como una red estructural en continua reconexión. Esa red topológica es móvil, viva, metabólica, que siendo conceptual y compuesta de conceptos, es ella misma el concepto de por sí. El alguien debe su esencia no a los conceptos en sí mismos, sino a esta red topológica estructural de reconexión metabólica de todo concepto.

Esta red topológica con la edad suele anquilosarse, como cualquier proceso celular que va acumulando toxinas. Las toxinas de la red son los conceptos que permanecen mucho tiempo sin cambiar, en su estado de construcción básico. La mayoría de los conceptos que usamos ahora ya no sirven o no están adaptados para las perspectivas actuales. Esos conceptos inmóviles, los que cada uno tenemos y no somos conscientes de su inmovilidad, son los conceptos tóxicos que anquilosan y deterioran la red topológica del alguien.

Según esto podemos cambiar nuestra manera de pensar, en caso de que la red topológica conceptual no esté lo suficientemente deteriorada como para reconectarse. Los conceptos son muy difíciles de cambiar si se utilizan como una parte real y necesaria de las acciones del yo. Si el concepto es necesario como base del yo y no se entiende como un valor de uso, una herramienta para la creatividad de ese yo, siempre quedará obsoleto por la velocidad.

Creo que una solución es el replanteamiento constante de cada concepto, ¿Por qué Dios o no? ¿Estado o no? ¿Qué es lo político? Todos estos conceptos pensados y repensados son la base de esa red topológica del yo, que solamente al replantearse se fuerza a que esa red topológica se estimule y no se anquilose.

En definitiva, yo soy un alguien que en esencia es uno con todo lo que se mueve y se circunscribe dentro de mi esfera. Un pensamiento mas de Fichte que de Ortega.

La necesidad de reconocimiento

Filed under: Etcétera — Gilberto Salas diciembre 31, 2013 @ 6:43 pm

Hay dos tipos de reconocimiento, uno el reconocimiento de una sociedad y el otro el reconocimiento social. El primero afirma que una sociedad es reconocida por los derechos adquiridos de todos los individuos que la componen. El segundo es el reconocimiento social.

El reconocimiento social se basa en la necesidad que tiene el individuo de ser reconocido por una sociedad. La sociedad delimitada por un conjunto de diferentes de individuos, contiene unos parámetros para medir ese reconocimiento y su naturaleza. Por ejemplo, en las sociedades indígenas el reconocimiento se otorga al individuo que presta sus servicios a la comunidad como un cargo político. Este cargo se ejerce gratuitamente y la sociedad se lo reconoce por partida doble, por su manera de ser y por ese cargo público que lo reconoce socialmente. El individuo político satisface su necesidad de reconocimiento sirviendo a los demás, dentro de una sociedad bastante homogénea en cuanto la diversidad individual de sus componentes.

La sociedad occidental es mucho más compleja, ya que se compone de muchas otras sociedades o conjuntos sociales específicos, con otro tipo de intereses que no tienen las sociedades nativas. Por ese motivo, la necesidad del individuo de reconocimiento es diversa, pero es mucho mas intensa. El individuo necesita ser reconocido por la sociedad, para que con su propia autoestima le permita formar parte de esa sociedad. Dentro de esos conjuntos particulares se encuentra el niño necesita ser reconocido por sus padres por el esfuerzo que hace por sus estudios para sentirse querido. Asimismo, está la mujer que necesita ser reconocida por su físico, su inteligencia o su abnegación a la familia o el anciano por sus hechos y su experiencia. Pero lo que prevalece a todo esto es la necesidad del reconocimiento por lo que se posee, que es lo que exige el hombre.

En otras palabras, es el “tanto tienes tanto vales” desde el punto vista del entorno social, para validar los méritos del individuo como correspondencia a sus logros materiales. La necesidad de reconocimiento pasa por una necesidad del tener. No es una necesidad de servir, de comprometerse con la sociedad como en las sociedades indígenas o una necesidad de ser mejor. Es una necesidad de tener cosas materiales o dinero para ser querido, que es lo que reconoce el grupo en su conjunto.

¿Esta manera de pensar es censurable? Creo que no porque enfatiza la individualidad. Es el propio individuo, con su necesidad de ser querido, ser reconocido socialmente quien lucha por este reconocimiento. Lo que pide es el cariño y el amor de la gente que le rodea a través de materializar el amor en lo que posee.

El problema está en que cuando el individuo basa toda la necesidad de reconocimiento en la posesión material del cariño, puede que cuando lo pierda, crea que fracasa en algo mas que el reconocimiento del otro. En el objetivo de su vida recogiendo cariño material, en lugar de reunir algo tan abstracto como es la empatía, que es una manera de ser reconocido y querido por los demás.

¿Tiene un sentido la vida?

Filed under: Filosofía — Gilberto Salas diciembre 25, 2013 @ 10:55 am

Parece que hay que buscarle un sentido a la vida para ser feliz o para tener algún motivo para la existencia. La búsqueda va desde que no hay un sentido hasta el encuentro con la religión, la política, la ideología o el propio crecimiento personal para intentar ser mejor.

La vida como definición es un proceso de asimilación y de cambio de los recursos materiales, que existen en un medio, por parte de un individuo. La vida es un intercambio de sustancias que permiten crecer y evolucionar a un individuo. Si la vida tiene un sentido, nada más se trata de alcanzar estos objetivos para todos los individuos que poseen vida. La pregunta está mal presentada y debería de decir ¿tiene algún sentido la vida del hombre?

La pregunta implica que la naturaleza de la vida del hombre es diferente a la de los otros individuos que la poseen y su sentido también difiere. Pero la vida no varía. Sigue siendo un proceso de interacción del individuo con el medio. Ahora bien, el hombre lo que vive es una interpretación de este proceso interactivo. La vida la interpretamos y pasa a ser un problema.

K. Popper decía que la vida es una solución de problemas. Casi todos los problemas llevan consigo la solución. Todo dependería con el prisma en que se mire, diría el filósofo de la calle, que es un gran perspectivo. La perspectiva es básica para interpretar el problema.

En el desarrollo de nuestra vida solo hay problemas, pero no solo como dificultades sino como asuntos, preguntas, incertidumbres, todas ellas a resolver. Lo que nos parecía irresoluble o excesivamente dificultoso lo hemos solucionado, porque hemos llegado hasta aquí y ahora. Lo que considerábamos grandes problemas, hoy nos reímos de ellos.

Si hay que buscar un sentido a la vida, es que hay que mantener la capacidad de solucionar los problemas. Además hay que ser creativos en las soluciones, ya que lo que valía anteriormente, ahora puede que no lo sea. La búsqueda constante de nuevas ideas y el uso de nuevos conceptos para nuevas situaciones, pueden ser aplicadas a la vida como solución de problemas.

Pienso que no es fácil, pero cuando no damos con la solución, un cambio de perspectiva puede toparnos con esta. En la vida hay tiempo para todo, incluso para encontrarle un sentido.

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